domingo, 12 de octubre de 2014

PÁGAME A MI


Es imposible colgar una estantería en la pared entre dos personas sin tocarse. Y si una de las personas es hombre y la otra mujer, es casi imposible que quede derecha.

Si los dos tienen una cierta intimidad, los toques accidentales al ir sujetando la tabla uno, mientras el otro aprieta los tornillos, son simpáticos y cálidos, pero si nunca ha habido intimidad y la cercanía del momento está propiciando los primeros roces, es prácticamente inevitable calentarse a cada contacto.

Fue esto lo que pasó, pero no puedo echarle la culpa al bricolaje. Yo le dije que viniese a ayudarme a colgar las estanterías precisamente para eso, para ver si se animaba y se le olvidaba la tontería y me metía mano de una vez. Varios factores le impedían dar el paso definitivo, porque yo sabía de sobra que le gustaba mucho y que me miraba con ganas, pero tal vez la diferencia de edad, o el miedo a que yo me hiciese la ofendida y se estropease la amistad, lo frenaban.

Así que ese día lo llamé y le pregunté si podía venir a ayudarme a colgar unas estanterías, él dijo que sí y yo me preparé. Me puse muy guapa, olorosa, perfumada y mientras él me decía sujeta aquí, sube de la derecha, aguanta... yo lo iba haciendo todo sin rechistar, muy obediente. Poniéndome bien en medio para que él no tuviera como evitar chocarse conmigo.

Al principio, él se separaba rápido pero después, viendo que yo no me espantaba se fue quedando más cerquita. Sabíamos que estábamos excitados y nos divertíamos uniendo lo útil a lo agradable. Eran tres estanterías y estábamos en la primera cuando él empezó a preguntar que haría el fin de semana, si iba a salir. Le dije que sí, pues  él tenía constancia de que yo salía con Diego desde hacía meses. No era ninguna relación firme, el típico apaño de mujer separada, pero él lo sabía. Nos había visto juntos alguna vez y yo intuía que lo preguntaba sólo para confirmar.

Le dije que sí, que saldría el viernes y él entonces dijo que hacía tiempo que no salía con nadie. Me puse en alerta. Cuando un hombre dice que hace tiempo que no sale con nadie es que quiere salir contigo. Así que le dije:
- Debes buscar alguien para dar una vueltecilla hombre. Quedarse en casa tanto tiempo no es bueno.

Él me miró un poco triste porque yo me había hecho la tonta muy bien y sin perder demasiado el aplomo dijo:
- Es verdad. Lo mejor será que pague una chica y por lo menos me quito las ganas.

Ya era mío. 

Manifestar esa intención era un apelo claro a mi solidaridad, y casi le dije, no seas tonto, para que vas a pagar si yo estoy aquí loquita por dejarte hacer gratis todo lo que quieras. Lo iba a decir y casi lo dije, pero cuando abrí la boca, se ve que se había despertado mi lado práctico y lo que salió fue muy diferente:
- ¿Cuánto cobra una chica de esas?
- Ciento cincuenta - respondió él mirando para un tornillo muy concentrado- más o menos debe ser eso.

Y entonces lo dije. Sin temblar la voz ni nada, con mucha calma y mirándolo a él, que estaba como a medio metro de mí, absorto en el diseño del puñetero tornillo.
- Págame a mí.

Él tardó casi dos segundos en contestar, y cuando lo hizo le salió una voz muy rara.
 - ¿Estás segura?

Y ya no miraba el tornillo, me miraba a mí y ya no parecía un chico tímido, parecía un hombre mirando a una mujer. También me salió una voz muy rara cuando respondí:
- Sí, págame a mí. Lo que ella sabe hacer seguramente yo también sé hacerlo.Y para pagarle a una desconocida, mejor a mí. ¿No crees?

Lo dije mientras apreciaba lo derechas que estaban quedando las estanterías, pero él me estaba mirando y se acercó un poquito. Sin tocarme y estando tan cerca, me estaban dando ganas de temblar pero ya había llegado hasta allí y no iba a volver atrás. Se inclinó un poco y me dijo muy bajito:
 - Mírame. - esperó a que yo levantase la cabeza para encararlo.
- ¿Estás segura?
- Sí

Fue un sí chiquito pero firme, que trajo risa a sus ojos. Nos quedamos un instante mirándonos y respirándonos, pero sin tocarnos.
- Vamos entonces. Vamos al motel.

Y entonces abrí la boca para sonreír o decir que sí, o decir vamos y lo que salió fue otra cosa:
- Quiero el dinero en billetes usados de cinco.

Él no entendía.
- ¿Billetes de cinco? ¿Quieres que te de el dinero en billetes usados de cinco? 
- Eso 

Ni discutió, ni preguntó porqué. Cerró la caja de herramientas, me miró fijo y dijo:
- Voy por el dinero, prepárate.

Salió de casa y yo me quedé allí pensando en el giro inesperado que habían tomado las cosas. No sólo había conseguido romper aquel clima de eterna tensión sexual que había entre los dos, para concretar algo sino que además iba a cobrar. Nunca en mi vida había rentabilizado un polvo. Me empecé a reír y mal conseguía parar, pensando en la cara que él había puesto con lo de los billetes usados.

Cuando me llamó y me dijo que tenía el dinero y que estaba en la esquina esperándome con el coche, ya había pasado más de una hora. Le noté la voz seria pero no dije nada. Salí de casa y caminé hacia su coche. Él me miraba desde el asiento, y cuando faltaban unos cinco metros salió del auto y dijo:
- Toma las llaves. Conduces tú
No protesté, tomé las llaves de su mano y entramos los dos en el coche, arranqué y entonces pregunté:
- ¿ Te pasa algo?
- No - dijo él - pero ya que voy a pagar vas a conducir tú y yo voy a ir mirando. Y también quiero que me expliques que es esta tontería de los billetes usados de cinco. Llevo una hora con la polla dura haciendo fila en el banco cagándome en tus muertos.

No pude resistir y me volvió a entrar la risa. Pero él no se reía. Me miraba muy serio y estiró la mano para tocarme el pelo o matarme o algo. Pero yo estaba lanzada y valiente y le dije:
- De eso nada, no me tocas hasta que yo haya guardado el dinero en mi bolso
- ¿Y después?
- Después haces lo que quieras
- ¿Lo que quiera?
- Lo que quieras. Ese es el trato.

Se tardan unos veinte minutos en llegar al motel y por el camino le fui explicando que lo de las notas de cinco no había sido para joderlo. Siempre había visto en las películas americanas de secuestros y asaltos que los bandidos querían notas usadas y siempre quise decir esa frase, la coyuntura favorable del día había hecho que mi fantasía se desbordara y lo recordara. Le expliqué que así, había matado dos pájaros de un tiro... cobrar por coger y cobrar en dinero de secuestro.

Él me miraba y me escuchaba sin decir nada. Mientras conducía y hablaba mirando la carretera, sentía sus ojos observándome, no sé si miraba mi rostro o mi cuerpo, si se estaba imaginando lo que iba a pasar en pocos minutos o estaba prestando atención a lo que yo decía. Cuando yo lo miraba, rápidamente, él me decía :
- Conduce atenta a la carretera.

Y así llegamos al motel. Entramos en el cuarto. Yo sabía muy bien que me quedaban pocos segundos de continuar en el comando, así que quise disfrutarlos bien. Con toda la calma me senté en el borde de la cama y extendí la mano sin decir nada. Me dio los billetes y empecé a contarlos. Él permaneció en pie mientras yo contaba el dinero despacio:
-Cinco...diez...quince...
Cuando terminé me levanté para guardarlos en mi bolso que estaba en una mesita a la entrada del cuarto y él dijo:
 - ¿No quieres contarlos otra vez?

Lo miré sorprendida y con ganas de reírme, pero no me reí, porque no esperaba que él preguntase eso. Yo no pierdo el aplomo fácil:
- Si me lo permites, sí que me gustaría contarlo de nuevo. Me ha encantado la sensación.
- Claro. Cuéntalo de nuevo, en voz alta y despacito, como acabas de hacerlo pero mirándome a mí.

Lo hice. 

Cada número que yo pronunciaba era un latigazo de calor que se expandía por el cuarto. Sentía que me hormigueaba el cuerpo y recuerdo que me preguntaba si él estaría peor o igual, deseando que sus sensaciones doliesen más que las mías.

Cuando terminé de contar por segunda vez me temblaban un poco las piernas al levantarme para guardar el dinero. Lo guardé y me quedé de espaldas a él. Esperando. Él estaba en pie en el mismo lugar. Ni se había acercado a la cama ni se había acercado a mi. Cuando escuché mi nombre me volví y lo miré.
- Ven
Fui
Cuando estaba bien cerquita me dijo:
- Sube en esa cama
Subí.

Él se quitó los zapatos y la camisa y subió también. Los dos de rodillas en la cama, mirándonos y él preguntó:
- ¿Tienes algo que decir?

Yo siempre tengo algo que decir. Estoy llena de palabras y algunas veces ni yo sé lo que va a salir por mi boca cuando la abro:
- Sí, quiero decirte algo. La pasta ya es mía y tú ahora puedes hacer lo que quieras tal como te dije. Sólo déjame aclararte algo, si me gusta lo que me vas a hacer me quedo con el dinero, pero si no me gusta...te lo devuelvo.

Creo que fueron las palabras acertadas, porque lo hicieron, por fin,  soltar una carcajada.
-¿ Sabes que eres una cabrona?
-Sí
Y entonces nos reímos los dos. Nuestro primer beso fue así, entre carcajadas. Realmente él hizo todo lo que quiso, pero nada que yo no quisiera hacer también. Fueron unas horas maravillosas, las primeras de muchas horas de sexo y risas. Por supuesto me quedé con el dinero, pero fue la primera y única vez que le cobré. Todas las otras veces hasta hoy, son gratis. Me deja muy feliz cuando algunas veces abrazados después de querernos me dice que aquel fue el dinero mejor gastado de su vida. 

Yo pienso lo mismo.

Isabel Salas

Del libro   EL CANARIO Y LA MÁQUINA DE COSER



16 comentarios:

  1. Muy agil tu pluma y muy juvenil tu relato.

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    1. Muchas gracias Dolores. Bienvenida siempre. Un beso.

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  2. Jajja, qué bueno..!!! Muy buen relato Isabel, muy imaginativo..

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    1. La imaginación es todo, ya lo sabes. Hace falta mucha imaginación para aguantar tanta realidad.

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  3. Es un relato ameno, con suspenso, comicidad, bien escrito, deliciosamente bien escrito e imaginativo

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    1. Muchas gracias Oscar. Me alegro que te haya gustado.Un abrazo

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    1. Muchas gracias, que no siempre escribo cosas tristes...

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  5. Buenísimo, Isabel. Para rodar un corto!

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    1. Eso lo leía yo en casa de mi abuela a escondidas y hasta maripositas me nacían en la barriga.

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  7. Excelente! Me encanta tu estilo de escribir! Muy natural,muy humano.☺

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    1. Soy natural y humana...jajajaa así que es lo nomal...

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  8. Me ha gustado mucho! Muy natural,muy humano☺

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    1. Bien!! Muchas gracias, me gusta que sea la sensación, detesto los textos barrocos llenos de metáforas que nadie entiende.

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