viernes, 5 de diciembre de 2014

EL RABO DE ROCKY



Un perro perdido es como un niño perdido.
Se les pone una cara de susto muy grande y miran a los ojos de la gente que pasa con ese desespero de terror que trae el desamparo.
En el caso de los niños, normalmente en pocos minutos alguien se da cuenta y le dice quédate tranquilo vamos a buscar a tu madre, no te asustes, yo te ayudo.
Los niños se tranquilizan, le dan la mano al desconocido y en cuestión de pocos minutos los mecanismos de búsqueda de la familia están activados.
Sea en una playa o en un centro comercial, lo normal es que en poco tiempo el niño sea devuelto sano y salvo a unos padres llorosos y todos terminan riendo.
Durante esos breves momentos de separación, por la mente de los padres pasan  todas las escenas de los daños y peligros a los que su niño está expuesto sin el amparo familiar, pero por suerte muy raramente en esas ocasiones hay un psicópata al acecho y  la mayoría de los casos terminan en felices reencuentros.

El caso de los perros es diferente.
Muchos no están perdidos accidentalmente.
Algunos están abandonados y ellos ni lo sospechan.
Creen que están perdidos porque su humano los ama  como ellos lo aman a él y ni por un segundo imaginan que el desespero por volver a estar juntos , pueda ser unilateral.
A veces es así y el dueño está tan desesperado como el perro, pegando cartelitos con su foto por los árboles del barrio y pidiendo en la radio que por favor lo devuelvan si lo encuentran.

Otras no.
Hay veces en que el perro ha sido abandonado de propósito  en una carretera o al otro lado de la ciudad y hay otras en que aunque la pérdida del animal ha sido accidental, se produce un cierto alivio en el humano porque ya estaba cansado del perro, o resulta mas caro de lo que pensaba mantenerlo y cuidarlo...o ha crecido demasiado para los espacios domésticos disponibles.

Sea como sea, el perro perdido buscará durante horas en todos los rostros que se cruzan con él, el rostro amado de su dueño y al contrario del niño humano que en seguida encuentra una mano amiga, el perro no.
El perro asusta.
Está nervioso y las personas lo espantan imaginando que pueda morder a alguien.
El perro aprende que llegar cerca de un desconocido  llevando al final de la correa un humano lo convierte en un perro respetable de buena familia, pero así sólo...es muy diferente, y al poco rato aprende lo que es un perro indigente.
Infracanino...
Baja de categoría conforme las horas pasan y el pánico se apodera de él.
Unos se acurrucan debajo de algún coche, otros intentan entrar en un auto, otros le mueven la cola a cada niño que pasa, y otros tienen la suerte de que Anita pase por allí.

Anita es la mujer bonita con mirada dulce que encontró un perro perdido y se conmovió.
Le dijo ven, no te asustes, te ayudo a buscar a tu familia y con sus gestos amables le quitó el miedo a aquel perro en pánico.
Creo que algo tuvo que ver la sonrisa y su sinceridad a la hora de hablarle. Su voz graciosa  con acento extranjero o el brillo de su pelo que huele tan bien.
Ella se lo llevó a casa y activó los mecanismos de búsqueda para encontrar a la familia del perro. Al contrario de lo que pasa con los niños, los perros pueden estar varios días esperando el desenlace de la aventura, y como tantas veces sucede...la convivencia forzada puede terminar desencadenando enamoramientos inesperados.
Y eso fue lo que le pasó a estos dos.
Varios días de convivencia habían creado un vínculo fuerte entre la mujer y el perro y cuando el dueño apareció por fin, Anita sintió una gran tristeza por tener que devolverlo.

Intentó disimular para ella misma no sentirse boba por haberse encariñado tanto con aquel animal de paso, que accidentalmente, había compartido con ella esos días de espera. 
Por eso, cuando el dueño le confesó que en realidad él, aunque  había estado preocupado, en cierto modo también estaba aliviado con la pérdida del perro porque   estaba siendo complicado cuidar de él, ella se puso muy contenta.
Escuchó como en las nubes mientras él  le  explicaba  que en parte esperaba que una buena familia lo hubiese encontrado y tal vez no  tuviese que volver a hacerse cargo de él, pero que lo haría...si hacía falta.

No hay que ser un genio para comprender que esa era la mejor noticia para Anita y para Rocky.
Sin meternos a juzgar al otro humano y sus legítimas razones, el caso es que a  los dos protagonistas de nuestra historia se les resolvió de la mejor manera toda aquella situación.

Normalmente pasean juntos desde entonces y están felices de no haber tenido que separarse.
A ella le gusta llevarlo a la playa en invierno cuando no hay gente y nadie protesta.
En verano se van al campo, y sea la época que sea, se les ve contentos.
Tienen ese brillo en los ojitos de los seres que aman y son amados.
El pelo de Anita sigue oliendo tan bien como olía el primer día, pero para Rocky es mucho más que un olor bueno de limpieza o de champú.
Es el olor del hogar.
El olor de lo amado.
Ese olorcito que entra dentro y si eres perro te hace mover el rabo con alegría cada vez que lo sientes.

En la foto no se ve, pero os lo cuento yo, mientras Anita lo sujetaba para que saliera guapo en la foto, el rabo de Rocky no paraba de moverse.

Isabel Salas

8 comentarios:

  1. Amor puro, el de los niños y los animales. Dan todo sin pedir nada. Magnífica historia! Magníficos protagonistas! Un abrazo

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    1. Esos dos "personajes de NO ficción" están en el corazón de muchos amigos nuestros María Diz.
      Pensé que te gustaría verlos por aquí.
      Un abrazo

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    2. Buen relato, Isabel, el amor incondicional de los animales debería enseñarnos muchas cosas. Un fuerte abrazo.

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    3. Y nos enseña Alfredo, a los que sabemos estar atentos nos enseña muchísimo pero es una pena que muchas personas carezcan de sensibilidad para entender ciertas cosas.
      Contar la historia de Anita y Rocky es un placer.
      Fuertes saludos besados

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  2. yo tengo un perro y lo amo muchisimo, si lo veo cojo o malito lloro al lado! besos

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    1. Es uno de los amores más bonitos, el que tenemos por los animales que comparten su vida con nosotros...
      aunque yo siempre creo que ellos consiguen amarnos más y mejor que nosotros a ellos.
      Un abrazo Blanca

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  3. Que linda historia!! ojalá todas tuvieran un finso feliz como el de Rocky y Anita!!

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    1. Es verdad.
      El caso de ellos tuvo un final perfecto.

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