martes, 10 de febrero de 2015

EUSKAL HERRIA


Ese es el nombre de un país, y yo lo tuve que repetir tres veces  con la ese de en medio bien pronunciada para que un vasco con ganas de cachondeo me regalase un paraguas.
Dicho así, tan resumido, parece un poco raro, pero os lo voy a explicar.

Hace unos cuantos años, finales del 2003, estaba yo en Madrid.
Mucho frío, viento, con ganas de llover.
Había estado con un amigo comiendo comida mexicana y cuando volvía para la pensión donde estaba alojada, dudé entre hacerlo en autobús o en metro.

Al final por  miedo a perderme en el metro pensé que regresar en autobús  sería más seguro, pues aunque podría perderme igual, al menos vería por dónde iba.
Mi sentido de la orientación no es de los mejores, dicho sea de paso.

Así que siguiendo las orientaciones de mi amigo, cogí la primera a la derecha, la tercera a la izquierda, atravesé una plaza que no debía estar allí, doblé la esquina y me di cuenta que estaba perdida y empezando a pingar, así que blasfemé un poco alto para que el Dios de la lluvia viera que mal me parecía lo que estaba haciendo y le pregunté a un chico que venía en dirección contraria si sabía donde estaba la parada del autobús que llevaba a Sol.

Para quien no lo sepa, en Madrid hay una plaza en el centro  que se llama Puerta del Sol, lo de la puerta nunca lo he entendido muy bien, porque es una plaza sin puertas, pero así se llama, y es muy bonita, grande, tiene un reloj  y allí va mucha gente a comerse las 12 uvas el día de noche vieja que es una costumbre que dicen que da suerte.

Menos mal, porque si no fuera por las doce uvas las cosas en España podrían estar fatal con la crisis , el paro y todo eso. Si todavía vamos tirando debe ser por las doce uvas que nos protegen.
El caso es que aquel chico me dijo con mucha guasa que si yo quería ir al sol , él se iba conmigo, porque el tiempo estaba malo e iba a comenzar a llover de un momento a otro. Llover fuerte.
Y sí. Antes de que yo pudiera responderle alguna cosa, la lluvia empezó a arreciar, él abrió su paraguas y los dos nos juntamos dentro. Sin conocernos de nada.
Los dos parados.

Yo mirando al frente porque tenía vergüenza de la situación y él mirándome a mi, esperando a ver si le decía algo.
Pasaron unos segundos y nadie decía nada.

Cuando nos encontramos yo iba en dirección contraria a la suya, pero con mi pregunta lo había detenido y ahora estábamos los dos debajo de su paraguas. En cierto modo era cómico pero yo  no tenía ganas de reírme y aunque mi cerebro me mandaba mensajes de que aquella situación era insostenible, tampoco estaba demasiado inspirado y no me mandaba ideas ni ningún tema de conversación interesante  para distraer a aquel hombre mientras escampaba un poco.

Decidí quedarme callada y que él hablase si sentía la necesidad de comunicarse conmigo.
Lo miré de reojo y vi que me estaba mirando fijo. No había que ser pitonisa para darse cuenta que él también estaba incómodo con la situación, pero menos, y con más ganas de reírse que yo.
Abrimos la boca al mismo tiempo para hablar, y las frases se encontraron en el aire, la suya decía algo sobre lo bonitos que eran mis ojos , la mía decía algo sobre ni se te ocurra irte y dejarme aquí mojándome en medio de la calle.
En momentos así lo mejor es ser sincero.

En todos los momentos lo mejor es ser sincero, en realidad.

Con él funcionó,  porque soltó la carcajada y me dijo que no, que ni se le pasaba por la cabeza dejarme allí en medio de la lluvia pero que era mejor caminar hasta la parada, que él me acompañaba.
Fuimos dando un paseo los dos juntos, las conversaciones típicas en esos casos, que si de donde eres, que si hace tiempo que vives en Madrid  y tal.
Yo era de Málaga y estaba de paso, él era vasco y estaba pasando también, yo tenía una hija, él tenía un hijo,  él tenía menos años  que yo y yo menos paraguas que él.
En los diez minutos que tardamos en llegar a la parada ya se me había quitado el susto y la vergüenza.

Seguimos conversando mientras llegaba el autobús y cuando lo vio venir de lejos me preguntó si la pensión estaba lejos de Sol, le dije que más o menos y entonces el me hizo una proposición jugando.
- Si dices bien el nombre de mi país tres veces seguidas y rápido te regalo el paraguas.
Cualquier palabra con eses para un andaluz es un desafío, pero me pareció divertido.
-¿ País vasco?
Y el dijo que no, que País vasco, no.
- Euskal Herria, es así que se dice.
Joder.

Si una malagueña consigue pronunciar Euskal Herria correctamente tres veces seguidas y rápido, se merece que le den el paraguas de Mary Poppins por lo menos, que vuela y es mágico. Así se lo dije, pero él me dijo que me tendría que conformar con el suyo.
Lo hice lo mejor que pude, con todas las eses y tantas erres y kas, a él le gustó y me regaló una sonrisa vasca preciosa.

También me regaló su paraguas, me dio las gracias por la compañía y un beso en la mejilla de adiós, mientras me decía eso de malagueña salerosa que bonitos ojos tienes debajo de esas dos cejas y nos reíamos.
Fue divertido, y por cierto, que bonito suena Euskal Herria.
Algunas veces cuando llueve , lo digo y le mando un beso a aquel caballero vasco. Uno de esos besos  que atraviesan continentes a la velocidad de la luz y siempre caen en el corazón al que apuntas si apuntas bien.

A lo mejor él también dice malagueña salerosa cuando llueve fuerte... 

Isabel Salas









12 comentarios:

  1. Divertidisimo "susedido" que decimos por aquí. Es sin duda alguna, un bonito recuerdo. El reto, reconozco que complicado para quien en su deje al hablar no incluye la S, o la pronuncia sin chapotear.
    Aun así veo que te llevaste el paraguas y una bella historia que contarnos.
    Euskal Herria, aquí te dejo este enlace que puede interesarte.

    www.kondaria.net/esp/EuskalHerria.html

    Izan garelako,
    oraindik ere ba gara...
    eta beti izango gara.

    Porque lo hemos sido,
    lo somos todavía...
    y siempre lo seremos.

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    1. Un precioso recuerdo, un chico muy simpático y un paraguas muy bueno que duró tres inviernos.

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  2. La lluvia siempre junta hermosas historias bajo de un paraguas o cuando menos bajo sí misma!! Me ha gustado mucho!! Gran relato!! Un abrazo!!

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    1. Gracias Carlos, tienes razón, la lluvia es una gran artista.
      Saludos.

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  3. De "Ocho apellidos vascos". Si en el fondo, los españoles somos buena gente, seamos de donde seamos. Bsos, Isabel

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    1. Hay gente buena en todos lados, quieran o no ser españoles, que es un detalle en realidad.

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  4. Hay cosas que se suspenden al estar presente la lluvia. Pero lo que deja, y la lluvia en sí (cuando es moderada), es maravilloso.
    Bonita historia Isabel :)

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    1. Así es, en Brasil he aprendido muchas cosas y entre ellas una de las más importantes es a apreciar la lluvia. Raramente se juntan lluvia y frío. Son imprevistas y torrenciales. Me encantan...y también aquí sirven de fondo a muchas buenas historias.
      Un abrazo.

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  5. Que bonito relato Margarita, me gustan esos comentarios tan reales, aunque no lo sean, son de una pureza que, me entusiasman. No quiero halagarte, sólo decirte que, sabes escribir y emocionar a la vez. Un beso.

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    1. Pues eso es lo que más gusta, escribir y emocionar.
      La has clavado.
      Un gran abrazo Amelia.

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  6. La lluvia es la delicada forma que tiene el cielo de acariciarnos Y q buena excusa esa del paraguas. Me encanto el relato como todo lo q escribes, un abrazo desde la eterna primavera; dónde tambien llueve.

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    1. Muchas gracias Bibi, en Colombia debe haber una lluvia preciosa también. Muchos besos

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