martes, 21 de abril de 2015

LA ÚLTIMA MARIPOSA


He ensayado mil veces la manera de plantarme delante de ti y explicarte que te quiero desde hace muchos años.
Desde niña.
Desde siempre tal vez.
Porque nuestras familias eran vecinas y cuando aprendí a percibir el mundo tu eras parte de él y te asimilé como mío.
Como mi calle, mi pueblo, mis patines o mi escalón para sentarme.
Por mil motivos nunca te dije nada.
Ni tu a mi.
Nunca tocamos el asunto, nos hicimos grandes, nos enamoramos de otras personas y la vida se fue escurriendo sin darnos la media hora que necesitábamos para hablar de nuestro amor de niños.
No se si es conveniente hablar de todo esto ahora, o pertinente o imprescindible. Los adjetivos mas sonoros y rimbombantes bailan volando alrededor de mi cabeza como pajaritos atontados jugando a ser las golondrinas aquellas que refrenaban el vuelo cuando eran contempladas por la dicha de la novia de Becquer. Imposible competir con ellas.
Mis pájaros no saben nuestros nombres,
los míos parecen gorriones de Madrid.
Son graciosos pero dan pena.
El caso es que lo tengo todo muy bien ensayado.
En mi cabeza las palabras se estructuran fácilmente convirtiéndose en un discurso perfecto y armonioso que conforme va saliendo de mi boca se mete por tus oídos e ilumina tu entendimiento.
Todos los espejos que me conocen han sido testigos ....





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