jueves, 1 de septiembre de 2016

BUSCAR A LORCA


Otra vez escucho que van a buscar a Lorca y sin poder evitarlo lloro.

Un poeta muerto está tan muerto como un albañil muerto si lo pensamos bien, sin embargo el hecho de que sus palabras aún vivan en el corazón de tantos y suenen en tantas bocas lo deja un poco más vivo que a otros muertos, más de todos y más mío, porque yo tenía once años la primera vez que leí Yerma y comprendí que la había escrito para mí.

Si a eso le sumamos que no se murió solo, sino que lo mataron por ser homosexual, como a otros los mataron por ser anarquistas o por ser rojos o republicanos, su cadaver parece cada vez menos muerto, como si el tiempo que le faltaba por vivir se hiciera macizo y pesara en el aire.

Si me descuido, casi lo oigo gritar, o llorar, o preguntar porqué. Y si me dejo llevar empiezo a sentir miedo y en mi pecho, un puño con ruidito de reloj, apretado por la angustia.

No puedo imaginarme sus últimas horas, pero sí el susto que estaría pasando, su impotencia, su frustración. Desconsuelo y entereza a ratos y derrumbe a otros.

Por el corazón de un poeta pueden desfilar todos los sentimientos en menos de tres segundos, y el suyo , sin duda, conocía todos los matices de las emociones humanas, así que aquellas horas preso y maltratado debieron ser la ecatombe de los desfiles.

Dicen que van a empezar a buscarlo, que van a escarbar buscando unos pozos en los que tal vez lo encuentren.

Ojalá así sea.

No creo en eso de descansar en paz, pero sí creo en la paz que da la justicia bien hecha.

Vengo de un país que fue dividido por una guerra civil que dicen que ha sido de las peores que el mundo ha conocido.

Vengo de una familia en la que "los rojos" mataron gente por ser monja y "los fachas" mataron al hemano de mi abuelo paterno por ser empleado en la Roda. A otros los desaparecieron y ni sabemos quien lo hizo y a todos nos marcó durante generaciones el dolor de las abuelas relatando su versión de lo vivido.

A las monjas las quemaron. Habían entrado casi niñas en  clausura y cuando ya eran viejas, se formó el follón de la guerra y la superiora en Málaga las mandó a su puebo donde estarían supuestamente más seguras. No fue así, entraron una noche, en la casa donde estaban viviendo con otra señora y un señor que creo que era hermano de su madre, las arrastraron a la calle y las mataron y las quemaron, o a la inversa, nunca lo supe con detalle, y yo, que tengo una tendencia rara a juntar cosas que no parecen juntables, siempre las junto a ellas en mi memoria con Lorca.

Cuando vienes de una familia que ha sufrido tanto en una guerra civil y te vas haciendo grande,  los gritos de las monjas quemadas se parecen demasiado a los de los poetas muertos, al menos si eres una niña rara con tendencia a llorar y escribir.

No sé si eran gritos a todo volumen o cerraron la boca y no les direron el gusto a sus asesinos de escucharlos y se los tragaron, o si las monjas rezaron y el poeta pensó sus últimos versos esperando el tiro al lado del pozo, o al revés, él rezó y ellas recordaron unos versos de cuando eran chiquitas antes de ser monjas.

Cuando se habla de memoria histórica y de la necesidad de dar sepultura a los cuerpos rojos desaparecidos en cunetas y pozos, hay voces que se levantan en contra de eso, pero yo levanto la mía a favor de "mi" memoria histórica, y me parece justo que así como mis monjas tienen una tumba con su nombre, mi poeta también la tenga, y como él todos los banderilleros, conserjes, putas y republicanos de las cunetas.

Eso no cambia nada, pues muertos seguirán, pero trae cierta paz a la memoria de quien desea todos los muertos bien enterrados.

Hubo dolor en los dos lados, mucho, demasiado.

Gente buena que murió por culpa del fanatismo y la intransigencia de otros, pero yo sólo puedo pensar que  las heridas de tanta sangre se empezarán a cerrar de verdad cuando todos tengamos donde poner unas flores o llorar una lágrimas a nuestros muertos, sean del lado que sean y Lorca, por ser quien es, por ser de todos, por ser mío, simboliza para mí muchas cosas que merecen una preciosa lápida con unos versos, una flor y un adiós bonito a la luz del día.


Isabel Salas


4 comentarios:

  1. Te comprendo perfectamente, yo tambien vengo de una postguerra en la que mis padres huyeron por la carretera de Almeria y vieron los horroeres que sucedio con la poblacion civil.Tambien lloro a Lorca.

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    1. Mi bisabuela Isabel también estuvo allí con tres de sus hijos. Un horror.
      Besos preciosa.

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