jueves, 8 de diciembre de 2016

DE PENCA A ESCRITORA


Hace unos años yo convivía con alguien que se burlaba de mí como mujer, como persona, como madre y de todas las maneras que podáis imaginar. 

A sus ojos yo era gorda, fea, estúpida y necia. Se reía de mi sueño de ser escritora, o de cualquier idea que manifestase a respecto de cualquier asunto diciéndome que era una penca, su insulto favorito o que mi cerebro lleno de grasa era incapaz de pensar alguna idea coherente.

Ridiculizaba  mi plan de un día publicar mis textos diciendo que al vivir en Brasil me había olvidado del español y que lo que yo escribía no se entendía porque escribía "como el culo". Según él estaba mal redactado, carecía de interés y sólo podría gustarle a las marujas burras como yo.

Gracias a su "incentivo" revisé todos mis textos antes de empezar a subirlos al blog en septiembre de 2014, cuando por fin me decidí a hacerlo y traté de simplificarlos al máximo eliminando palabras superfluas. Algunos poemas del año 2001 o 2002 se quedaron como estaban, otros los "depuré" y los cuentos los rehíce varias veces hasta convencerme a mí misma de que cualquier persona podría entenderlos, desde un catedrático a una persona que apenas tuviera una instrucción básica y sobre todo me esforcé para que al leerlos se captase el sentimiento con que yo los había escrito con la mayor exactitud posible, miedo, deseo, ansiedad, nostalgia, amor o desamor.

Tras dos años publicando primero en las redes y después como autora autopublicada, mis libros ahora están en la mano de una editora y yo podré dedicarme a seguir escribiendo poemas, cuentos y canciones sabiendo que alguien profesional está asumiendo la responsabilidad de trabajar con ellos como es necesario hacerlo. 

En estos dos años muchas personas me han dicho que tengo un estilo peculiar, claro, directo, bello, único y me han comparado con autores a los que admiro desde hace años, son elogios que agradezco muy consciente de que aún puedo y debo mejorar, pero hay dos elogios, que hasta hoy, son los que más alegran mis ojos y mi corazón, uno es el que empieza diciéndome lo "bien que se entiende" lo que escribo y lo fácilmente que mis palabras tocan los corazones lo diga quién lo diga, periodista o vendedora de zapatos y el otro es de Jose Cordoba, un cantautor español al que admiro desde hace muchos años y que al leer mi segundo libro dijo que mi trabajo era un canto a la libertad en todos los sentidos, pues es eso exactamente lo que pienso del suyo y escuchar esa frase de sus labios me llenó de una alegría muy grande que él nunca podrá imaginar.

Sé que no soy la única persona que ha sufrido malos tratos al convivir con personas que gozan humillándonos y tratando de dejarnos a la altura del betún para dominarnos y sentirse superiores. Es una experiencia por la que podemos pasar hombres, mujeres, jóvenes o adultos y sé también que todos podemos salir fortalecidos de ella para luchar por recuperarnos y recuperar el tiempo perdido si contamos con el valor para dar el primer paso y pedir ayuda.

El proceso de recuperar la confianza perdida es largo y doloroso pero muchas manos inesperadas se tienden desde muchos lugares para ayudarnos a andar cada pasito que nos acerque a nuestra nueva vida y al impulso legítimo de volver a soñar con ser taxista, enfermero, azafata o escritor.

Nadie debe decirnos nunca lo que podemos o no podemos hacer y no debemos permitirlo. Mi sueño avanza hoy unas casillas y seguirá creciendo porque el corazón cada vez vuela más alto y el miedo es más pequeño. El "canto a la libertad" cada vez lo oigo más alto y es una magnífica banda sonora para que suene de música de fondo.

Aún estoy lejos de donde quiero llegar pero lo más importante es que ya salí de donde estaba y es hoy es día de celebrar y agradecer a los que creyeron y creen en mí.

Besos a todos

Isabel Salas


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