lunes, 30 de mayo de 2016

UNIVERSO


RESEÑA DE LECTORA (MÉXICO)


Hablar de este libro me resulta tan familiar como hablar de su autora, la escritora y amiga Isabel Salas, una mujer a la que quiero, admiro y respeto.

En éste su primer libro, su canal de videos, su blog y sus programas de radio, nos habla de la fuerza de sus ideales y de la sabiduría de su corazón. 

Esta colección de relatos cortos y pensaemas, como ella los llama, delinean la psicología humana y su potencial hacia el bien. Los relatos cortos son verdaderas novelas en miniatura en donde describe parte de su vida privada y la de hombres y mujeres como cualquiera de nosotros.

Algunas veces es interlocutora, otras veces intérprete y otras maga (porque estoy segura de que hay magia en algunos de sus escritos)

Isabel Salas encuentra un lenguaje nuevo para describrir con una fuerza estremecedora la pasión femenina, la identidad masculina, la soledad, la maternidad, el miedo y la añoranza por la tierra, en su mundo los canarios somos héroes.


Una vez que empieces a leer este libro serás incapaz de dejarlo.

Ahora la selfie obligada con el libro, un beso.

Isabel Miranda 

LO BASTANTE


TAL VEZ


domingo, 22 de mayo de 2016

SUELE PASAR


Tiene gracia como los traidores que juegan con tus sentimientos, te engañan y te humillan, casi siempre se sienten muy decepcionados cuando ven que reaccionas y te recuperas del disgusto que te han dado. Practicamente todos, antes o después, para justificarse, dicen lo mismo: "Es que tú, en realidad, no me amabas. Si dejaste de amarme tan rápido, se debe a que tu amor no era ni tan grande ni tan verdadero"

No entienden que sí, que los amabas con toda tu alma ni comprenden que tu amor era grande y sincero. Tampoco asimilan que los dejes de amar cuando reconoces que no merecen tu amor. 

Prefieren pensar que tu amor es de poca categoría antes que reconocer que los que no tienen categoría son ellos.

Suele pasar.
Y cuando pasa y escuchas a quien amaste decir esas cosas, sólo puedes sentir alivio por haber despertado del embrujo que te hizo amar a un bobo que no sabe nada sobre el amor ni sobre ti.

Después del alivio, respiras hondo y le deseas felicidad, en nombre de aquel amor tan poco apreciado por su parte pero que a ti, aún te sirve para saber quién eres y como amas.

Isabel Salas

sábado, 21 de mayo de 2016

REALIDAD



La realidad no es siempre bonita.

Demasiadas veces es fea, cruel y dolorosa y a mí me han tocado a veces realidades que no se las deseo a nadie, ni siquiera a la gente más cabrona que ha pasado por mi vida.

A menudo las cosas se complican  como consecuencia de nuestros propios errores, malas decisiones que cuando se desbocan en modo "dominó" nos sepultan bajo una cascada de catástrofes, pero otras veces son las decisiones de otros las que nos joden vivos, padres que traicionan y abandonan a nuestras madres y a nosotros de camino, maridos que vuelven a beber después de haberlo dejado supuestamente para siempre, hermanas prostitutas, sobrinos drogadictos, perros enfermos o madres incapaces que se preocupan más por inflarse las tetas con silicona que con lo que sus hijos necesitan.

Hay tantas maneras de sufrir a diferentes edades por nuestra culpa o por culpa de los demás que la lista es infinita.

No sé como podríamos evitar vivir esas experiencias o si se pueden evitar. Con el tiempo nos hacemos más cautelosos y meditamos más nuestras propias decisiones, pienso que, tal vez, si acumulamos sabiduría junto con los años podremos aprender a no ser nosotros mismos los arquitectos de nuestras desgracias.

Tal vez.

Sin embargo jamás podremos evitar que nuestra mascota enferme o que nuestro padre se vaya de putas y no regrese, especialmente cuando somos niños y ni sabemos que son putas o porqué le gustan más que nuestra madre.

Tampoco podremos evitar jamás que nuestras hermanas o nuestros sobrinos tomen decisiones equivocadas o nuestros hijos se metan en callejones oscuros sin salida. Todo eso sin que seamos malos hijos, malos hermanos, pésimos tíos o los peores padres o madres, simplemente no podemos evitar lo que otras personas deciden hacer con sus vidas aunque eso nos provoque sufrimiento y aprender a aceptarlo es muy lento y doloroso.

Ante esa realidad lo que sí cambia es como las personas se enfrentan a las circunstancias.

Veo, por un lado,  gente que se culpa a sí misma de todo,  todo el tiempo y por los siglos de los siglos. Por lo visto han leído en algún libro de auto-ayuda que todo lo que nos pasa es responsabilidad nuestra y se lo han creído. Gran error, muchas cosas no son culpa de nadie, acuérdate de los dinosaurios, les cayó el padre de todos los meteoritos encima, los mató a todos y ellos no creo que hubieran hecho nada para merecer ese destino cruel, la verdad. Esas chorradas de la auto-ayuda son a veces muy dañinas y en vez de ayudarte, terminan jodiéndote más.

Estas personas viven tristes y derrotadas, aplastadas por la culpa y siempre candidatas a las sectas, a las depresiones y a vivir tratando de dar pena

Por otro lado veo gente que intenta sobreponerse a los pesares, cogen los toros por los cuernos, por el rabo o por los huevos dependiendo de por dónde lo pueden agarrar, miran de frente lo que les cae encima y separan muy bien lo que es culpa de ellos o de alguien  y lo que es casualidad. No suelen vivir buscando culpables sino buscando soluciones, son personas con un gran sentido práctico y muchas veces hacen cosas increíblemente heroicas para salir de los agujeros donde ellos mismos se han metido o algún cabrón los ha empujado.

No es que estén siempre felices, pero saben sonreír, a pesar de los pesares, en los momentos en que buenamente se puede.

Y por otro lado hay gente también a la que observo con una mezcla de sorpresa y miedo. Son personas que para gestionar toda la realidad que no les gusta viven inventando realidades paralelas, idealizándolo  todo, sea para el lado bueno o para el malo.

Lo mismo pueden hablar con amorosa devoción del padre irresponsable que los abandonó o adoran a sus hermanos problemáticos, disculpándolos por todo como si en vez de ser canallas desalmados, cometiesen simples travesuras sin importancia, que pueden demonizar a quien ellos consideran el perfecto buey expiatorio para cargarle todas las culpas del universo y así sentirse ellos libres de responsabilidad. 

Escogen voluntariamente vivir en el mundo de los colores inventados y nadie los baja del burro. He convivido con gente así, tanto con los que no quieren ver problemas en nada, insistiendo que son felices y afortunados "Peterpanes" sonrientes, como con los que ven problemas en todo y culpan a los demás de cada cosa errada que les sucede.

Tanto unos como otros han sido fuente de mucho sufrimiento.
Mucho.

Sigo aquí, pese a todo, y trato de aprender de todo y de todos, intento ver la realidad con los ojos bien abiertos y procuro responsabilizarme sólo de lo que honestamente creo que es culpa de mis decisiones infelices. Como dice el famoso Zombi de Pachuca, mi querido amigo Tonatiuh, qué es la vida sino la oportunidad de equivocarnos. 

Yo he metido la pata  de todas las maneras y algunas veces también, de casualidad, he acertado. Es cierto que pocas, pero sí, algunas cosas han salido bien y siempre he sido la primera sorprendida sin entender muy bien que lotería cósmica me había tocado.

Cuando otros tienen la culpa de las cosas que me hacen sufrir, lo veo claramente aunque no siempre lo disculpe y me cueste trabajo perdonar algunas cosas.

Por último entiendo que ante cosas que son inevitables no vale buscar responsabilidades sino soluciones pues los meteoritos existen y a veces nos caen encima. Es lo más difícil para mí, aceptar eso, me ha costado mucho entenderlo pero ya no tengo dudas, los meteoritos no son espejismos, son pedruscos de diferentes tamaños que caen donde les toca sin premeditación ni fatalismos.

Muchas personas me han preguntado en los últimos meses dónde busco inspiración o si lo que escribo es real y esta ha sido mi manera (rara) de responder: la realidad, tal y como yo la intento ver, es la mayor fuente de inspiración que conozco.

Basta tener el valor de mirarla de frente y saber ser honesto con uno mismo para que no nos falten el valor ni las palabras para hablar de ella, vivir en ella o escribir sobre ella.

No siempre es bonita, muchas veces es fea y debe ser eso lo que nos inspire a tratar de cambiarla. No idealizarla  ni odiarla. Luchar por cambiar nuestra propia realidad y porqué no, cambiar también la del mundo en la medida que podamos dejándolo un poco mejor de lo que lo encontramos. Así de sencillo y de ambicioso.

Así de utópico y así de posible.


Isabel Salas







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