sábado, 18 de mayo de 2019

TRISTEZA DE GOMA

He estado tantas veces triste y por tantos motivos que al final mi tristeza ha evolucionado, ya no es abstracta ni inmaterial, se transformó en algo tangible, rebota como una bola de goma y antes de que me de tiempo a sentirla, da un bote, se escapa por la ventana y sale corriendo calle abajo. Parece una de esas piedras que saltan en los ríos, sin ruido ni futuro.
Las piedras se las traga el agua y a mi tristeza se la traga el mundo, con su hambre de monstruo que todo lo engulle, hambre de cosas feas o bellas, todo le sirve.

Hasta el derecho a saborear mi tristeza intangible, me ha sido vetado con el tiempo, como si ya se hubiera gastado mi cupo de sinsabores y el Dios de las bolas de goma hubiera encontrado ese recurso milagroso para mimarme. Misericordiosamente transforma mis penas en pelotitas de colores y es todo tan rápido, que a veces tengo que esforzarme mucho si quiero mirarlas, pues dispongo de pocos segundos antes de verlas saltar alejándose de mí. Corren tanto que antes de saber porqué estoy triste, las penas malditas ya se alejan sin decirme adiós. 

Ni hola me dicen, ni cómo estás... y yo no sé que hacer...si correr detrás de ellas para mirarlas o cerrar mis ojos y empujar las lágrimas para adentro antes de que salgan a desperdiciarse  llorando penas que se van sin despedirse.

Isabel Salas


lunes, 13 de mayo de 2019

martes, 7 de mayo de 2019

TE CONOZCO


Conozco cada uno de tus gritos.
Contigo,  uno a uno,
los grité.

Conozco sus olores,
y la sangre que mana
de sus colores.

Entiendo dónde nacen
y qué dicen, 
lo que te hacen
al brotar
y porqué lloran
cuando maldicen
al gritar.

Sé más que tú 
de ellos
y de dónde vinieron.
Sé 
hacia dónde caminan
al deslizarse
por la pista de hielo
donde patinan,
y sé, 
porque los conozco,
que no tienen blancura.

Son la negrura,
de tu locura.


Isabel Salas




jueves, 2 de mayo de 2019

ESPACIO


Desde que era un espermatozoide escalando la vagina de mi madre estoy luchando con algo o contra alguien. Recuerdo aquella incertidumbre al llegar a lo alto y tener que escoger si giraba a la derecha o a la izquierda, mientras veía a los otros tomar la decisión sin dudarlo. Sin embargo yo, no conseguía arrancarme para ninguno de los dos lados. Paré y respiré.

Me imaginé llegando  cerca de él y cómo ese óvulo soñado se abriría para mí porque era a mí a quien esperaba desde los siglos de los siglos, cuando el Big Bang determinó las leyes del universo, decidiendo a que velocidad viajaría la luz o cuantos oxígenos se tienen que juntar con un hidrógeno para hacer agua. Hice lo que más tarde aprendí que se llama "mentalizar". Intuitivamente, guiado por la sabiduría ancestral que te conecta a la verdad vital.

Funcionó. En pocos segundos arranqué sin ninguna duda y con todas mis fuerzas tomando el camino de la izquierda, pero no estaba solo, me acompañaban toda la alegría del mar y de las estrellas, toda la generosidad de la cáscara de la semilla  y todo el deseo acumulado en los testículos de mi padre desde que su madre lo gestó. Era mi momento, yo lo sabía y corrí hacia mi destino con mis brazos abiertos mientras sentía el primer latido del corazoncito que había brotado en mí  en la última curva. En realidad era sólo medio corazón pero ya latía como uno entero, presintiendo que pronto concluiríamos nuestro último viaje en solitario. 

Cuando llegué había unos treinta millones de compañeros cabeceando contra mi óvulo, pero él era impenetrable para todos ellos, era mío y sólo para mí se abriría cuando sintiera mi toque.

Desde la distancia lo contemplé, lo admiré y lo amé como sólo alguien con medio corazón sabe hacer y así que nació en mí la seguridad de que él me adivinaba la presencia empecé a acercarme. Al principio cuidadoso, con gran cautela que en seguida se transformó en rauda firmeza para finalmente terminar convirtiéndose en desbocada zambullida. Cuando atravesé aquella pared de piel que al sentirme se abrió como horas antes se había abierto mi madre al toque de mi padre, supe por primera vez como es la alegría de regresar a casa.

Mi entrada fue espectacular y el recibimiento apoteósico. Fui abrazado con el abrazo sagrado que sólo la muerte deshará cuando me transforme en polvo, ese abrazo nupcial tantas veces recreado en los rituales de casamiento del mundo entero. Un abrazo del que el alma siente falta desde que nace, anhelado por muchos seres toda la vida sin que algunos por desgracia, tengan la dicha de volverlo a sentir.

Pasé después de eso, nueve meses de aventuras no exentos de luchas. El padre de mi madre falleció a los dos meses de mi formación y ella de tanto disgusto casi me perdió, tuvo que guardar reposo hasta que cesaron los sangramientos que advertían de un posible aborto. Aunque fui testigo en primera fila, en realidad, aquella guerra, con la que tanto aprendí, era de ella y la ganó,

Consiguió salvar su embarazo y nací yo, una niña.

Con el tiempo he concluído que quizás el susto de casi perderme y lo mucho que lloró mi madre por la muerte de mi abuelo, me afectaron en cierta manera y me hicieron más asustona y sentimental de la cuenta, mucho más llorona y con una fuerte tendencia a escribir y a soñar que  ha sido mi manera de enfrentar otros desafíos que a lo largo de los años necesité superar.

Sin embargo, una cosa es verdad, yo fui una niña muy buena, de esos bebés que casi no lloran y no dan trabajo. Sonreía a todo el mundo, decía adiós con mi manita de bebé y me embobaba con cualquier mosca volando como si fuera una avioneta de playa anunciando el fin del mundo en su pancarta.

Para resumir, y entrar en el asunto del día, os diré que desde que nací, crecí y me reproduje. Aún no me he muerto, no por falta de oportunidades, simplemente no ha llegado mi hora y aquí sigo en la carretera, bastante damnificada aunque en muchos modos mejor, conforme voy siendo el conejillo de Indias dónde la vida testa cada dos por tres eso de "lo que no te mata te hace más fuerte". 

Para tratar de superar mi tendencia al susto le fui echando coraje a todo y ahora soy bastante valiente aunque sigo llorando por todo lo llorable que me pasa y no parece que los años me hagan más resistente al llanto sino menos. Me encuentro feliz a veces, cansada otras, hay situaciones que me hacen sentir victoriosa y otras que me dejan muy triste debido a las dificultades por las que he tenido que pasar, o estoy pasando. 

He conocido los dos lados de la moneda, he sido llevada por los brazos de algún que otro hombre a pasear al lado oscuro de la luna y conozco los tres lados del amor:  ya me amaron y amé, que es el mejor lado, ya amé sin ser amada y también fui amada sin saber ni poder corresponder. Por eso no me enfado cuando amo y encuentro que mi amor rebota como una bola en un muro, y es de eso que quería hablar pero me puse a divagar como me pasa a veces. Quería hablar sobre el amor y como yo lo entiendo pues si alguien se interesa en mí, a partir de ahora,; le pediré su email, le enviaré este desangelado documento sobre mis aventuras intrauterinas y sólo después de haberlo leído le daré la oportunidad de seguir avanzando en sus intenciones de cortejo, sea su objetivo sexo o amor.

Si lo que quiere es sexo, me parece bien. No hay ningún problema. Pero que sea un buen sexo, sin términos precoces y sin traumas de anteriores relaciones. El sexo puro y duro como Dios manda y sin aspavientos, ascos raros o medias tintas.

Es como ir al dentista, me encanta el dentista con amor, pero si es sin amor y necesito un dentista al menos que sea buen dentista aunque no me ame. No quiero servir de campo de pruebas.

Pero si lo que quiere es amor la cosa se complica. Me encanta el amor y estoy dispuesta bajo unas mínimas condiciones que he definido cuidadosamente para dejarlas claras y que no me diga nadie que no me expliqué. 

Son pocas.

En principio no quiero que se me acerque nadie que ya tenga en su vida otras mujeres, sean una o varias. No digo esto por afán de protagonismo, es algo que siempre pregunto y os puedo asegurar que a veces me mienten. Acordaos de cuando me encontré al óvulo rodeado de compañeros y como tuve que prepararme para llegar a mi objetivo y atravesar aquel enjambre de competidores. Ya he pasado por eso y no quiero más, si alguien me quiere que aparte todo lo que no soy yo y me de un lugar a su lado así como lo yo haré. Compartiendo amigos, planes, ideas, y todo lo que compartimos con quienes queremos. A la luz del día y sin miedos.

Prefiero alguien que esté solo, incluso que lleve solo un buen tiempo y no recién salido de una relación, pues cansa mucho escuchar las eternas lamentaciones de lo mucho que querían a la anterior etcétera y tal. Puestos a pedir quiero alguien que ya se haya quedado sin mocos  y sin lágrimas y tenga ganas de amar y ser amado de nuevo y con cojones. Sin disculpas de porqué aún no puede amar o explicaciones de como tal vez nunca lo consiga de tan herido que está.

No me interesa ese tipo de gente, yo tengo mis propios traumas también y como dicen en España, me los envaino y una vez superado el miedo inicial me lanzo sin reservas a nadar en la piscina de quién sea, pero ya no quiero nadar en piscinas sucias, con poca agua o vacías, como una a la que me tiré hace poco y me rompí la frente en el suelo.

Estoy dejando todo escrito y bien claro y espero que no se haga largo leerlo. Esta semana, a pesar de lo complicada que ha sido, también se ha presentado bastante romántica y llena de proposiciones honestas y deshonestas en portugués y en español.

No estaba mi barro para hacer muñequitos pero como sé que soy una gran  especialista en sobrevivir a hostilidades variadas, pronto estaré preparada para el siguiente capítulo y he querido hacer una extensa recopilación de daños al mismo tiempo que una declaración de intenciones y expectativas que espero se entienda bien.

Si alguien se queda con dudas que me las mande por escrito, responderé en un plazo razonable.

Si alguien se queda con ganas después de esto será que al menos le caigo bien.

Y si alguien se ha quedado con la boca abierta, que la cierre. Las avionetas de playa, como los teléfonos y las calculadoras, las hacen cada vez más chicas y se pueden tragar una con pancarta y todo, como si fuera una mosca.

Yo me tragué recientemente una azul y morada con rayas amarillas que decía "Soy tuyo no lo dudes" y todavía siento el sabor de insecto en la boca.


IsabeI Salas

Del libro NAVAJA DE LLAVERO, 2016

Disponible en AMAZON




jueves, 18 de abril de 2019

MUY, (JODIDAMENTE), LEJANA



…Y a lo mejor no es que estoy jodida porque estoy lejos,  y va a resultar que estoy lejos porque soy muy jodida.

Será porque nunca me gustaron las cosas que se suponía que me tenían que gustar ni creí en el Dios que me intentaron meter entre pecho y espalda, como cualquier bocadillo de mortadela barata. No me sale del alma aceptar las cosas que otros dan por hechas y raramente estoy de acuerdo con la mayoría.

A mis más de cincuenta, sigo queriendo hacer (pacíficamente) lo que me dé la gana, como cuando tenía catorce. No lo que se espera de mí, o lo que pretenden que acate por decisión popular o divina, sino simplemente lo que quiero yo, por mis razones (que tengo pereza de explicar) y no por mis cojones (que ni tengo ni quiero tener).

Y eso, amigo mío, tiene un gran costo.

Cuando digo costo, quiero decir que hay que abonar un precio muy alto, que se paga con dinero (por supuesto) y con otras muchas cosas que te desangran: tiempo de discusiones, paciencia para aguantar gilipollas sin fronteras, noches de no dormir o de dormir a saltos, lágrimas de rabia, de  desconsuelo, de soledades o de impotencia, temporadas de colapso mental involuntario y épocas de sangre fría donde escoges vacaciones cerebrales y te dedicas a ver todas las temporadas de la serie que le gusta a tus hijas, (en tres días), para poder saber qué es black mirror o cómo coño se come eso de que el naranja sea el nuevo negro y las cárceles femeninas se hayan convertido, por obra y gracia del octavo arte, en lugares interesantísimos llenos de pasión y aventuras mil.

Es como una multa que el mundo te pone por no quedarte en tu país, ni permanecer casada, ni con el peso ideal, ni perfectamente depilada,  ni en pareja, ni obedeciendo leyes, ni creyendo en alguno de los dioses que el mundo te ofrece para que puedas decir Amén (con fe) cuando te obligan a poner el culo y sabes que  no será sólo la puntita, sino el padre de todos los obeliscos.

Tienes que prepararte para irte muy lejos si quieres vivir así, pero no lejos geográficamente, que puede ayudar (o no, como diría el hombre de los labios suaves) sino lejos lejos, de forma que aún estando en medio de todo y de todos, mantengas siempre una distancia prudencial con lo que te rodea. Así conseguirás que pocas cosas te lleguen a tocar y pocas personas te puedan joder de verdad.

Simplificas.

Digamos que seleccionas con gran sabiduría qué o quienes te importan y el resto ya no te resulta tan dañino. Has pagado el precio y cuando terminas de pagarlo tienes sólo una maleta con las pocas cosas que te interesan y unos cuantos amigos por los que darías con gusto lo poco que te sobró.

Ese lejos, donde estamos las personas jodidas que no comulgamos con ruedas de molino ni con hostias sagradas, se puede llamar de muchas maneras, algunos lo llaman paz, otros, libertad, otros, nirvana, algunos, Brasil.

Yo aún no sé cómo llamarlo pero sé que cada día me gusta más.

Sé que en ese lugar lejano no reina la felicidad como estado permanente y soberano, porque la felicidad no se rige por las leyes de la ubicación, es, (como decía Carlos Arniches en "La señorita de Trevelez")), un pájaro azul que se posa en un minuto de nuestras vidas y cuando levanta el vuelo, nadie sabe en que otro minuto se volverá a posar.

El mío anda siempre revoloteando por sabrá Dios dónde, pero sé que hasta que vuelva el puñetero y caprichoso pajarito, al menos, aquí lejos,  hay poca gente tocando los huevos.

Hay una relativa, y científica, tranquilidad.

Y eso, es lo más parecido a una felicidad comprada en los chinos que conozco.

Isabel Salas



martes, 16 de abril de 2019

ABRAZO AÑEJO


Para las penas viejas,
poemas nuevos,
y renovadas 
flamantes buenas caras
para los malos 
tiempos longevos.

Nuevas ovejas
cantando el mismo salmo,
gritando el mismo amén,
para que nada obstruya
el chorro de aleluya
que bebe el palafrén.

Y en cada nueva muerte,
el mismo rostro triste
de cadáver inerte.

Inocencias frustradas
esperanzas podridas,
convicciones perdidas.

Y el mismo canto,
sumiso canturreo
que agradece el espanto
a esos crueles dioses
que imponen las llegadas
y los adioses.

Lo nuevo nace 
para hacerse viejo.

Por un instante
se abrazan ambos
en un abrazo añejo.

Y se despiden
desconsolados,
sin entender
porque nacen y mueren,
abandonados.

Isabel Salas





lunes, 8 de abril de 2019

HOMBRES CONTRA EL ABORTO



¿Eres un hombre y estás contra el aborto?

Te felicito, me gusta mucho la gente que (en este mundo tan neutro y cobarde) tiene el valor de ponerse a favor o en contra de lo que sea. Y más si lo hace con pasión y sin medias tintas, convencida y orgullosa.

No soy de esas mujeres que piensa que los hombres no deben opinar sobre aborto porque no son ellos que abortan. Nada más lejos, creo que todos y todas podemos y debemos manifestarnos respecto al mundo que nos rodea. Yo, por ejemplo, no eyaculo y sin embargo emito opiniones y preferencias sobre las velocidades de la eyaculación masculina y otros asuntos que podrían parecer, en principio, ajenos a mi interés.

Supongo que además de valiente y comprometido con el derecho a la vida, también eres coherente y nunca follas sin condón para prevenir embarazos no deseados en tu compañera sexual. Sea tu esposa o alguna de tus amantes, sé que ninguna correrá jamás riesgos contigo.

Estoy segura de que jamás te acuestas con mujeres casadas, tus amantes (si las tienes) doy por hecho que son siempre solteras, ya que si fallasen la píldora o el condón, ellas tendrían problemas para explicarles a sus maridos cómo y de quién  se quedaron embarazadas y alguna, asustada (o cobarde), incluso, podría querer abortar para no perjudicar su estabilidad matrimonial. Sé que tú jamás colocarías a ninguna mujer en esa disyuntiva pues tu defensa de la vida está por encima de todo.

Por supuesto imagino que eres un gran activista en pro de un mundo lleno de oportunidades educativas y laborales para las mujeres.  La lucha por la equidad, la  igualdad de salarios y una crítica constante hacia las actitudes machistas de otros hombres, son tu seña de identidad. Enseñas a tus hijas y a tus hijos a usar preservativos, y apoyas que en las escuelas se impartan nociones básicas de control de natalidad. Siempre insistes con tus hijos varones para que no presionen a sus amigas a hacerlo a pelo. El coitus interruptus ya sabemos lo peligroso que es y tú no quieres ser abuelo todavía, ni mucho menos que un nieto tuyo sea abortado.

Ni que decir tiene que debes ser un hombre íntegro que condena a los pederastas que dejan embarazadas a niñas de diez, once o doce años en adelante. Tú, no sólo no harías nunca algo así, sino que denunciarías inmediatamente a cualquiera que estuviera abusando de menores u ofreciéndolas como prostitutas. Ya sabes que esas cosas pasan, aunque no sea en tu barrio ni entre tus amigos, todos tan cabales como tú. Estoy segura de ello y te admiro por ser tan consecuente y escoger tus amistades con tanto celo.

También apuesto a que no debes aprobar el incesto, jamás te has excitado viendo un vídeo porno donde los actores fingen ser padre e hija y entre tus amigos y parientes no hay ninguno (que te conste) capaz de una cochinada de ese calibre.

Tengo absoluta certeza de que condenas las violaciones, sean de uno en uno o de siete en siete. Ya sabes, las tan de moda “manadas” donde un grupo de degenerados violan a una mujer de cualquier edad. No suelen usar condón y el riesgo de embarazo es altísimo. Aunque algunas chicas no parecen resistirse mucho en los videos que esos cavernícolas publican en internet (tal vez sea por el pánico que las paraliza o porque son super putas), ¿Qué más da? lo importante aquí no es si esa gente se divierte o no. Lo que importa es prevenir embarazos no deseados, algo que a ti, te parece prioritario.

Yo también estoy contra el aborto, y lucho por un mundo donde las mujeres sólo se queden embarazadas cuándo y cómo lo deseen. 

Así  sabremos que las mujeres, (todas) con acceso a la educación, a la información, al dinero para los anticonceptivos de su preferencia, ciudadanas de un mundo libre donde no corren riesgo de ser violadas ni por uno ni por diez hombres, ni por su padre ni por un extraño… solamente decidirán ser madre (caso lo hagan, porque a lo mejor no quieren serlo) cuando ellas estén preparadas emocional y económicamente para ello.

En ese momento no tendremos que preocuparnos de si el aborto es algo reprobable o si la adopción es buena o no. No será un problema si las parejas gay podrán o no adoptar, pues los niños estarán con sus madres que es con quien deben estar. Ellas, simplemente, se quedarán embarazadas libremente y por decisión propia cuando deseen tener hijos. Así de sencillo.

Parece que esto puede ser nefasto para los que quieren adoptar hijos ajenos, y lo es. Bien porque son parejas homosexuales y por tanto in-fértiles o bien por ser parejas heterosexuales con problemas para concebir, no tendrán la opción de adoptar. Tanto unos como otros, ese día, tendrán que aprender a lidiar con la frustración de aceptar la realidad.

Ese día, yo estaré no sólo contra el aborto, como lo estoy hoy, sino celebrando esa gran conquista de la mujer, de cualquier edad, heterosexual o lesbiana,  de poder al fin escoger, cómo, cuándo y de qué manera ser madre o no. Sin presiones sociales, religiosas ni económicas.

El legendario “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, llevado a la realidad, sin abortos, sin violencia, sencillamente lo que siempre debió haber sido: nosotras decidimos si deseamos ser madres.

Hasta ese día, yo soy a favor de legalizar el aborto, pues sé muy bien que actualmente, muchas mujeres se quedan embarazadas sin desearlo y aunque algunas deciden tener el hijo a pesar de ser fruto de un adulterio, un incesto, el fallo de un condón o una violación, no todas piensan igual y muchas, prefieren abortar.

Hasta que las condiciones no sean las que expuse más arriba y las mujeres sólo se queden embarazadas cuando lo desean y de la manera que escogieron, sé que seguirá habiendo abortos y lo lamento mucho, pues no me gustan nada.

Sinceramente creo, cómo tú, que la vida es muy importante, tal vez NO lo más importante, pero sí mucho. Por tanto,  porque defiendo la vida, me preocupan muchas vidas, la de las otras mujeres y la de sus hijos, los ya nacidos y los por nacer.

Ni tú ni yo podremos oponernos a que las mujeres y las niñas decidan abortar pues esa decisión es de ellas, y lo harán con o sin nuestro beneplácito si deciden hacerlo. En circunstancias seguras o poniendo en riesgo sus propias vidas.

Lo único que podemos decidir tú y yo, ya que las leyes se hacen supuestamente entre todos, es si el aborto será legal o no.

Defiendo el derecho de todas las mujeres del mundo de hoy (lleno de violencia y de violaciones de todos los tipos) a abortar y respeto la decisión de ellas de hacerlo o no. Yo misma nunca aborté y siempre les garanticé a mis hijas que recibiría con amor a cualquier nieto o nieta que ellas me den, (sea como sea concebido), respetando siempre que, finalmente, será decisión de ellas parirlo o no.

Espero que ellas nunca necesiten considerar la posibilidad de abortar, pero soy consciente de que muchas mujeres y niñas pasan por ese trance.

¿Es una decisión dura y difícil? Sin duda.

¿Es mucho mejor no quedarse embarazada para no tener que abortar? Por supuesto.

¿Puede el mundo garantizarnos a todas que sólo nos quedaremos embarazadas cuando lo deseemos? No

Por tanto, luchemos para que las condiciones cambien y permitan que ninguna mujer se vea en el dilema de abortar. En vez de condenarlas por hacerlo a escondidas o simplemente por hacerlo en las condiciones de hoy, pongamos nuestro esfuerzo en pro de que ninguna mujer considere el aborto una necesidad.

Yo también creo que hay que luchar por la vida.

Una vida mejor para todos y todas, para los que ya estamos aquí y para los que vendrán.

No creo que la condena a las mujeres y niñas que abortan, el perseguirlas, el insultarlas o el acorralarlas, sea una manera constructiva de luchar por ese mundo que deseo y que supongo deseas también.

Y espero que tampoco sea esa tu forma de defender la vida, hombre que estás contra el aborto.

La violencia (verbal y física) con que muchos aseguran defender la vida de los niños no nacidos, olvidándose de la vida de sus madres, no es ni más ni menos que otra forma de violencia contra las mujeres y las niñas.

Ellas ya están bastante machacadas por el sistema.

Ya estamos bastante machacadas por las circunstancias.

No caigas en esa trampa.


Isabel Salas