Pensaemas

viernes, 27 de marzo de 2026

GERUNDIO


 

Saliendo del trabajo, cerrando la puerta detrás de sí, ajustándose el abrigo y respirando hondo, el hombre se queda un momento mirando la calle, notando que está lloviendo, observando cómo el agua va cayendo sobre el asfalto. La lluvia está formando charcos y reflejando las luces de los coches que pasan salpicando. Suspirando, buscando en su mochila, encontrando el paraguas y abriéndolo con cuidado, el hombre empieza a caminar despacio, esquivando los charcos, mirando a la gente pasar corriendo, escuchando el ruido de la lluvia golpeando la tela.

Avanzando hacia la parada de taxis, va pensando en la cena, imaginando una sopa caliente, recordando que tiene pan, preguntándose si le queda queso, considerando llamar a alguien, decidiendo que no, prefiriendo llegar a casa, quitándose los zapatos, encendiendo la luz, poniéndose cómodo y sentándose a descansar, terminando el día lentamente, escuchando la lluvia seguir cayendo. 


Si encontrara ese texto en un blog literario, diría que es un ejercicio de estilo más que un texto narrativo propiamente dicho. Y con razon.

Se percibe claramente una consigna formal, es este caso la acumulación de gerundios. El texto funciona como demostración de ritmo y continuidad más que como un relato con tensión o conflicto. No hay nudo ni desenlace, no lo leería como si fuera un cuento, sino como "pieza lingüística", casi como un experimento.

El uso continuo del gerundio me produce una sensación interesante pues todo ocurre sin pausas, sin puntos de apoyo, como si la escena estuviera deslizándose. El tiempo verbal genera una atmósfera de tránsito, de algo que no termina de fijarse, lo cual encaja bien con la situación que está narrando. Muestra una sucesión de acciones:salir del trabajo, caminar bajo la lluvia, pensar en la casa. 

Todo está en movimiento, nada se detiene.

Es un texto que patina entre charcos.

También diría que el texto tiene algo cinematográfico porque yo siempre busco cine dentro de la literatura. Los gerundios funcionan como una cámara siguiendo al personaje: saliendo, mirando, abriendo, caminando, pensando, imaginando. No hay casi reflexión profunda ni descripción  elaborada, pero sí hay una continuidad visual clara, como una secuencia única.

En un blog literario lo interpretaría como un ejercicio sobre el tiempo y la continuidad más que sobre la historia. Un texto sobre el “mientras”, no sobre el “qué pasó”. Eso, literariamente, me hace bastante sentido. Porque el gerundio, en el fondo, es el tiempo de la vida cotidiana. Siempre estamos yendo, pensando, recordando, esperando, volviendo. Nunca estamos del todo en un punto final.

El gerundio es el verdadero presente.

Al menos hoy, aquí, mientras estás leyendo.


Isabel Salas 

sábado, 21 de marzo de 2026

QUÉDATE

 
Yo me quiero beber un vino contigo.
Un vino rojo y bonito 
como pintura de uñas.

Quiero que me acaricies el pelo
 y me mires.
Que me hables y me toques.
Quiero dormir contigo.
Comer contigo.
Andar contigo.

Que me lleves al cine,
al bosque, al río...
al mercado, a la plaza.

Quiero que me preguntes la hora.
Que me regales un libro
Que te gusten mis zapatos,
mi casa,
mis cosas
mis chistes.

Quiero que quieras quedarte.
que quieras quererme.

Quiero 
que te duelan cosas si me voy.
Y que te pongas bueno 
cuando me ves.

Que tu casa sea yo.
Y tú seas la mía.
Sentarnos en la sala
y bebernos un vino 
rojo y bonito.
Isabel  Salas

Del libro
@El canario y la máquina de coser

miércoles, 11 de marzo de 2026

AMAR ES VERBO TRANSITIVO



Me persigues aún entre las sombras,
peso muerto que destroza mis hombros.
Sucia basura bajo mis alfombras,
cochambre y purria bajo los escombros.

Oscureces aún la luz del día,
contaminas las aguas de mi fuente.
A mi pesar, me llena de agonía
rememorar tu cinismo insolente.

Finges vivir sin saber dónde vivo.
Sabes quién soy, y yo sé quién tú eres
bajo la capa de tu amor furtivo.

Conozco el rictus de tu gesto altivo.
Aparentas amar a quien no quieres,
sin recordar que es verbo transitivo.

Isabel Salas




lunes, 9 de marzo de 2026

SILENCIO

Deja de doler como una flor que agota su perfume y ya no huele a nada, sin alardes, sin ruidos, sin gritar que se acaba, sin llamar la atención. 

Así es el amor cuando se acaba, silencioso. 

El mío, al menos, es así, mientras ama y respira, canta, sueña en voz alta, piensa en poesías, pide atención y versos. Usa el pasado como escalera para alcanzar lo nuevo que aparece y tiene la mirada perdida en el futuro, en los planes de hacer el resto del camino juntos, en el propio camino y en los ojos que evitan que busque en otros ojos. 

Después, cuando lo están matando se defiende, suplica, grita lo que siente, y llora. Se aleja, vuelve, se vuelve a ir, y de nuevo regresa pidiendo explicaciones, se desborda de todas las maneras, insulta, empuja y vuelve a regresar, sin miedo, sin vergüenza, sin pensar en mañana ni en ayer, sólo en los golpes que recibe y que no entiende. 

Ese proceso dura lo que dura, sin leyes que decidan lo que un amor puede sobrevivir y resistir o persistir. Y duele tanto. Duele tanto todo, que deseas que acabe como sea. Reúnes las fuerzas que le quedan a tu amor que agoniza y te acercas de nuevo a encajar nuevos golpes deseando que alguno sea fuerte y letal, definitivo, resolutivo, eficaz y mortal, y por fin, uno, cumple los requisitos y termina el trabajo. Y ni lo notas.

Tardas un tiempo en reaccionar y comprender que estás queriendo que camine un cadáver y el muerto no respira. Por asegurarte pones un espejito delante de la boca de la flor de tu amor y compruebas feliz que no hay aroma. 

Las flores muertas no perfuman el aire, ni lloran, ni padecen. El silencio es total. 

No hay nada más callado que una flor sin perfume. 

O tal vez sí, una mujer callada. 

Isabel Salas

sábado, 7 de marzo de 2026

SOÑAR OTRA VEZ


Y de nuevo tu voz
y de nuevo tu risa
y otra vez el deseo feroz
de dormir junto a ti,
que mi amor renacido
improvisa.

El mismo corazón
que tanto tiempo atrás
latía junto al tuyo
siguiendo tu compás,
hoy vuelve, sin razón
a quererte otra vez,
a querer ser de nuevo capaz
de atreverse a volar,
de volverte a besar
con la misma avidez
y otra vez
confiar
y soñar.

Y tal vez esta vez,
ser más sabios los dos
y poder
evitar otro adiós
que de nuevo me obligue
a aprender
a vivir
sin tu amor.

Isabel Salas

Porque un poema vale más que mil palabras, y hay palabras que valen más que mil imágenes y besos que lo explican todo y llenan el cielo de flores azules.

lunes, 2 de marzo de 2026

BOMBAS INTELIGENTES




Tres niños, dos niños,
un niño.

Tiraron una bomba
y ya no hay niños.

Con precisión quirúrgica,
de bombas listas, 
inteligentes.

¿Cultas?

Bombas muy elegantes,
con don de gentes,
que van a la escuela a dibujar elefantes
 y tangentes.

Tres, dos, uno
disparen
¡Fuego!

Tres niños menos.

Que listas son las bombas,
que matan extremistas.

Los matan en el nido.

Por ser tan listas
los matan cuando chicos,
para que luego
no se compren mochilas,
de terroristas.

Que listas son las bombas
que nos protegen
de niños extremistas.

Disparen
¡Juego!

Juego de fuego,
de gente grande,


que mata niños chicos.

Isabel Salas


Poema del libro NAVAJA DE LLAVERO
@ Isabel Salas


jueves, 26 de febrero de 2026

MUJER AZUL

Azul, verde y negro.
Una bandera.
Azul, 
negro y verde.
Una mujer.
Negro, azul y verde.
Una mirada.

Negro, 
verde y azul.
Una mirada de mujer.
Verde,
 negro y azul.
Una mujer negra mirando.
Verde, 
azul y negro.
Una mirada de bandera.

África verde y alegre,
valiente mirada negra
preciosa mujer
 azul.

Isabel Salas



martes, 10 de febrero de 2026

EL JUNCO ESCRITOR

La niña pasó corriendo por el pasillo, dio la curva que llevaba a los dormitorios, entró en el suyo, cerró la puerta y  se apoyó agitada contra ella. Su pechito  parecía incapaz de soportar tantos latidos. Sentía sus ojos inútiles para contener tantas lágrimas, así como notaba que sus manos y sus piernas  no podrían  sujetar tantos golpes y patadas como deseaba poder dar, pero lo peor era la garganta, tan llena de gritos.

Quemaba.
Sabía que si empezaba a gritar el mundo se acabaría. A los nueve años sabes esas cosas intuitivamente sin que nadie te las explique, como sabes que si sacas un pie de la cama mientras duermes, los cocodrilos que viven debajo se lo comerán. Es ley de vida.

El esfuerzo inmenso por contenerse hizo que las fuerzas internas que amarran la locura y el dolor la hicieran caer al suelo plegada como el junco del dúo Dinámico pero peor.

Cayó dobladita. Por unos segundos se quedó quieta, respirando y tratando de reorganizar los pensamientos. Podía haberse roto en aquel momento como tantos niños que se rompen y ya no se levantan, aunque vuelvan a andar, pero ella se levantó. Dio unos pasos, cogió un cuaderno, un bolígrafo y comenzó a escribir apoyada en la cama. Algunas palabras no se leían bien porque la tinta azul al mojarse se abría en flores de acuarela salada.

Hoy, cuarenta años después, sigue pasando igual cuando llora encima de lo que escribe. El pecho ha crecido y ha demostrado ser capaz de aguantar lo que nadie imaginaba, los ojos, las manos, las piernas y todas las partes de su cuerpo, han mostrado capacidad sobrada para vivir y sobrevivir.

Ella aún escribe con una mano. Con la otra se agarra fuerte a la cuerda que la mantiene atada a la cordura.
Las flores de acuarela ya forman un jardín.

Isabel Salas