
Durante años, cada vez que terminaba de escribir una entrada para el blog, empezaba una segunda tarea que me gustaba bastante menos: buscar una imagen que la acompañara.
No cualquier imagen, sino una bonita. Bonita y que tuviera algo que ver con el texto y no pareciera arrancada de un catálogo de AVON. Y, por supuesto, y por encima de todo, una foto que pudiera usar sin meterme en problemas legales con los derechos de autor y toda la marimorena.
Mi experiencia era siempre la misma, las imágenes que más me gustaban eran precisamente las que estaban protegidas, tenían marca de agua, pertenecían a fotógrafos famosos con derechos perfectamente legítimos o estaban alojadas en páginas donde me hacían sentir una delincuente por querer ilustrar un poema sobre la lluvia.
Así pasé años. Este blog tiene 12 años, así que habré pasado más de diez buscando, descartando, mirando bancos de imágenes, preguntándome si aquella foto se podía usar, o no, y conformándome muchas veces con una imagen que no era la que quería, sino la que estaba disponible para mis nulas posibilidades económicas.
Hoy en día, gracias alas nuevas tecnologías, todo ha cambiado para mí y, dicho sea de paso, para muchísimo mejor. A la inteligencia artificial yo le digo que quiero una habitación en penumbra, con un teléfono abandonado en una mesita y, al fondo, una mujer durmiendo la siesta con un gato amarillo (sin pulgas) durmiendo sobre su pecho y me la crea en segundos para que la ponga al lado de mi texto sin calentarme la cabeza.
Ahora puedo ilustrar mis textos sin tener que robarle la foto a nadie ni intentando contactar a quien hizo la imagen para ver si me deja usarla. Tampoco tengo que usar una fotografía que ya acompañó otros cuatro mil artículos sobre mujeres tristes, paraguas rotos o payasos mojados.
Puedo pedir exactamente la imagen que necesito. Usar el menú infinito de mi imaginación más desbordada, hacer mi pedido a la carta y ser feliz.
Sin embargo, en las redes sociales ha aparecido una especie de inquisición autoral estética y gráfica que parece considerar que usar IA es practicamente una degradación moral. Hay gente en Threads que habla de estas herramientas como si quienes la usamos hubiéramos sacrificado a un ilustrador en alguna pirámide perdida de las selvas centroamericanas para poder generar una imagen de una taza de café con una ventana detrás por la que se ve una mujer con gabardina amarilla que lleva un paraguas de flores.
Entiendo perfectamente que artistas, fotógrafos e ilustradores discutan sobre derechos, entrenamiento de modelos, atribución o impacto laboral. Son debates reales y necesarios, así como gente que escribe también abre sus propios debates sobre libros, poemas y canciones. Lo comprendo. No me interesa esa discusión pero la entiendo. Este blog existe desde 2014 y no voy a perder mi tiempo con eso.
Lo que no entiendo es la superioridad moral de cierta gente que parece considerar impura cualquier imagen creada con IA, incluso cuando quien la usa jamás habría contratado a un ilustrador, simplemente porque no podía permitírselo o porque solo necesitaba acompañar una entrada de blog que leerán unas cuantas personas. Es como si algunos sudaran dinero y no les molestase pagar a un licenciado para que les diseña cada portada o cada meme. Genial por ellos, felicidades.
En mi caso, la IA no ha sustituido a un artista que antes trabajaba para mí. Ha sustituido horas de búsqueda y sobre todo, ha sustituido imágenes que no me gustaban. En el caso de los libros, en cinco he usado cuadros y fotografías cedidos por amigos y en los otros dos los diseñadores de dos editoriales que contraté.
La posibilidad de usar la IA ha sustituido la frustración de encontrar la foto perfecta y descubrir que no podía usarla. Y me ha regalado algo que antes no tenía: la posibilidad de visualizar una idea y convertirla en imagen en pocos segundos.
Repito, no entro en ningún debate, de hecho bloqueo a todos esos integristas porque me aburren. No necesito que a todo el mundo le guste ni convencer a nadie para que use estas herramientas. Pero, desde luego, no pienso pedir perdón por disfrutarlas ni fundar una ONG para cuidar de las víctimas de la IA.
Sinceramente, me estoy divirtiendo mucho, tengo más tiempo para escribir y uso la IA con alegría.
Isabel Salas






