La cómoda me mira por el tirador que le falta.
Es mi pirata particular, mi juez privado, el guardián de mis secretos. Sabe cuántas de mis bragas tienen agujeros y cuándo caducó el último condón.
Yo también la odio.
A veces me esconde los papeles o me cambia de carpeta los documentos. Sé que sabe que cuando tenga dinero compraré otra y con ella haré un asado. Hace una semana me sacó un anillo, que me gusta mucho, de la cajita de piedra jabón y lo dejó cerca del borde para que el gato le dé un empujón y lo mande al precipicio de las cosas inútiles.
Ella odia al gato.
Quiere que yo me canse de él y me deshaga del pobre michi. Eso no va a pasar, me encanta cuando él usa el lateral de la cómoda tuerta para afilarse las uñas.
Mañana voy a comprar calcetines y voy a llenar el cajón de enmedio con ellos. Los meteré bien apretados y perfectamente emparejados, justo encima de esa colcha de India que ocupa casi todo el espacio.
Quiero que le cueste trabajo respirar.
El gato ya sabe por mi cara que mañana torturaremos a la traidora,
Él me ama.
Isabel Salas
