Pensaemas

martes, 9 de junio de 2026

HUELE


El aire huele a lluvia
y mi piel huele a ti.

La casa huele a llanto
y mi cama a ti,
mi pelo,
mis uñas,
yo, 
a ti.

Y duelen las cosas
que a ti me huelen.

La lluvia duele, 
mis manos duelen,
duelen mis ojos, 
duele mi alma,
y todo lo que duele,
huele,
a la ausencia de ti.

Me duele mucho amor,
me huele tanto,
me duele el aire,
y todo
tanto,
tan mucho...
huele
y todo 
duele.

Isabel Salas

martes, 2 de junio de 2026

BUSCAR A LORCA


Otra vez escucho que van a buscar a Lorca y sin poder evitarlo lloro.

Un poeta muerto está tan muerto como un albañil muerto si lo pensamos bien, sin embargo el hecho de que sus palabras aún vivan en el corazón de tantos y suenen en tantas bocas lo deja un poco más vivo que a otros muertos, más de todos y más mío, porque yo tenía once años la primera vez que leí Yerma y comprendí que la había escrito para mí.

Si a eso le sumamos que no se murió solo, sino que lo mataron por ser homosexual, como a otros los mataron por ser anarquistas o por ser rojos o republicanos, su cadaver parece cada vez menos muerto, como si el tiempo que le faltaba por vivir se hiciera macizo y pesara en el aire.

Si me descuido, casi lo oigo gritar, o llorar, o preguntar porqué. Y si me dejo llevar empiezo a sentir miedo y en mi pecho, un puño con ruidito de reloj, apretado por la angustia.

No puedo imaginarme sus últimas horas, pero sí el susto que estaría pasando, su impotencia, su frustración. Desconsuelo y entereza a ratos y derrumbe a otros.

Por el corazón de un poeta pueden desfilar todos los sentimientos en menos de tres segundos, y el suyo, sin duda, conocía todos los matices de las emociones humanas, así que aquellas horas preso y maltratado debieron ser la ecatombe de los desfiles.

Dicen que van a empezar a buscarlo, que van a escarbar buscando unos pozos en los que tal vez lo encuentren.

Ojalá así sea.

No creo en eso de descansar en paz, pero sí creo en la paz que da la justicia bien hecha.

Vengo de un país que fue dividido por una guerra civil que dicen que ha sido de las peores que el mundo ha conocido.

Vengo de una familia en la que "los rojos" mataron gente por ser monja y "los fachas" mataron al hemano de mi abuelo paterno por ser empleado en la Roda. A otros los desaparecieron y ni sabemos quien lo hizo y a todos nos marcó durante generaciones el dolor de las abuelas relatando su versión de lo vivido.

A las monjas las quemaron. Habían entrado casi niñas en  clausura y cuando ya eran viejas, se formó el follón de la guerra y la superiora en Málaga las mandó a su puebo donde estarían supuestamente más seguras. No fue así, entraron una noche, en la casa donde estaban viviendo con otra señora y un señor que creo que era hermano de su madre, las arrastraron a la calle y las mataron y las quemaron, o a la inversa, nunca lo supe con detalle, y yo, que tengo una tendencia rara a juntar cosas que no parecen juntables, siempre las junto a ellas en mi memoria con Lorca.

Cuando vienes de una familia que ha sufrido tanto en una guerra civil y te vas haciendo grande,  los gritos de las monjas quemadas se parecen demasiado a los de los poetas muertos, al menos si eres una niña rara con tendencia a llorar y escribir.

No sé si eran gritos a todo volumen o cerraron la boca y no les direron el gusto a sus asesinos de escucharlos y se los tragaron, o si las monjas rezaron y el poeta pensó sus últimos versos esperando el tiro al lado del pozo, o al revés, él rezó y ellas recordaron unos versos de cuando eran chiquitas antes de ser monjas.

Cuando se habla de memoria histórica y de la necesidad de dar sepultura a los cuerpos rojos desaparecidos en cunetas y pozos, hay voces que se levantan en contra de eso, pero yo levanto la mía a favor de "mi" memoria histórica, y me parece justo que así como mis monjas tienen una tumba con su nombre, mi poeta también la tenga, y como él todos los banderilleros, conserjes, putas y republicanos de las cunetas.

Eso no cambia nada, pues muertos seguirán, pero trae cierta paz a la memoria de quien desea todos los muertos bien enterrados.

Hubo dolor en los dos lados, mucho, demasiado.

Gente buena que murió por culpa del fanatismo y la intransigencia de otros, pero yo sólo puedo pensar que  las heridas de tanta sangre se empezarán a cerrar de verdad cuando todos tengamos donde poner unas flores o llorar una lágrimas a nuestros muertos, sean del lado que sean y Lorca, por ser quién es, por ser de todos, por ser mío, simboliza para mí muchas cosas que merecen una preciosa lápida con unos versos, una flor y un adiós bonito a la luz del día.


Isabel Salas


viernes, 29 de mayo de 2026

A CHORROS



Hablar contigo
es levantar mi falda,
y sin pudor,
mostrarte  mis enaguas.

Es beber en los ríos,
del ruido de tu risa
y nadar en los lagos
nacidos en las fraguas
de volcanes bravíos.

Aguas termales,
que sanan,
una a una, 
mis heridas mortales.

Hablar contigo
huele a castaña asada 
en esquina de pueblo.

Tiene la consistencia del hombro amigo,
el tacto suave de la paz sagrada
y es el perfecto abrigo
que con tu amor
 amueblo.

Por eso, siempre,
 quiero hablarte 
y que me hables.

Por eso vengo 
a susurrar bajito
que mi forma de amar,
es escucharte.

Nunca escatimo.
rompo el cerdito de mis ahorros
y me lo gasto todo
en escucharte a chorros.

Isabel Salas

miércoles, 20 de mayo de 2026

CHALOTA



No siempre, 
cuando escribo,
quiero escribir poemas
membretados de amor.

Simplemente, sucede.

El amor brota
en las palabras con que describo
la amargura infinita,
del licor,
que destila la herida 
de mi alma rota.

Vives en cada gota
de sangre y de sudor.

Eres la eterna mota
que le clavó a mis ojos
el jugo de chalota
de tu amor impostor.

Y debe ser por eso,
por tanto dolor preso,
que a veces, 
cuando escribo
y mi alma se alborota, 
 se desata el estribo
de mi amor inconfeso
y se impregna mi verso
de llanto zurcidor.

Isabel Salas

lunes, 11 de mayo de 2026

EDUCADA


Tragar, ingerir, 
devorar, 
engullir.

A veces con ganas 
y otras, 
muchas, 
por no tener las fuerzas,
 necesarias, para huir. 

Y así, trago palabras, 
respuestas, 
semen, 
y otras cosas impuestas.

Aunque me quemen 
las ganas de escupir
 y prefiriera esputar, 
blasfemar, 
maldecir 
o mandar a la mierda. 

Salir por la tangente, 
murmurando, 
y girar a la izquierda, 
renegando. 

Así soy yo, 
cuando soy educada, 
bonita,
urbana, 
necrosada. 

Vistiendo de seda 
a la mona de pana. 

Pero otras veces, 
me olvido de las formas, 
me cago en el acuario 
donde guardas tus peces, 
me río de tus dioses, 
y me burlo del tono 
con que gritas tus preces. 

Así soy yo, 
unas veces muy buena, 
y otras, 
mejor.

Isabel Salas

Del libro
PAGINARIO

sábado, 2 de mayo de 2026

I- LIMITADA



Nací 
para tocar las nubes,
despeinarlas, mullirlas,
abrazarlas
y conocer el nombre
de todos los querubes.

Crecí, amé, viví
y vivo cada día
sin conocer barreras.

Defiendo lo que amo,
lucho por lo que es mío
y aprendo con las fieras
a custodiar la orilla
que circunda mi río.

El Fuego me ha quemado
y aún me quema.
Sabe quién soy
y junto a mí blasfema.

El Agua me ha lavado
y conmigo ha reído
al arrancarme el lodo
del último pecado.

El Aire me sonríe,
es parte de mi risa
me ama y me acaricia 
con sus besos de brisa.

La Tierra, casa y madre
me protege y me acuna
con canto de caladre 
y mirada de luna.

Nací para vivir
amar y ser amada
para ser libre y fuerte
y disfrutar la suerte
de ser
I- Limitada.

Isabel Salas








sábado, 25 de abril de 2026

SANACIÓN


Hay silencios completos,
totales,
quietos.

Silencios necesarios,
salvadores,
voluntarios.

Momentos de omisión,
de volver a empezar,
de sanación.

Hay espacios vacíos
donde el alma se cura,
y olvida la locura.

Con nuevos bríos.
perdona desatinos
y vuelve a la cordura.

Son momentos sagrados
de mutis por el foro,
y  sutiles agrados.

Son mudez y afonía,
son baúl del tesoro.

Agua que poro a poro,
te restaura las fuerzas
y mata la agonía.

Isabel Salas



miércoles, 15 de abril de 2026

CRECE



Todo crece alrededor.
La ciudad, las sombras
los asombros,
el dolor.

Crecen cosas debajo,
a destajo.
El pasto, el abismo
el hierbajo, 
el mutismo.

Y hay cosas encima, 
crujiendo,
y otras al lado, 
creciendo,
haciéndose tan grandes
tan inmensas,
dejando el corazón tan apretado
de espantos y de ofensas.

Y crecen los hijos
las distancias, las uñas.
Las seguridades
se vuelven acertijos 
cuando la oveja negra
se transforma en artuña.

Y algunas, (las peores)
crecen adentro
(en cámara de horrores).
La rabia, el estupor
y el miedo domador
que quiebra el baricentro

Y todo crece
y crece
 Todo se estira,
se alarga, se engrandece
me aplasta,
(y sin piedad)
me asusta
y me enloquece.


Isabel Salas

miércoles, 8 de abril de 2026

OCHO BOLAS





Un día se acabarán mis días y me terminaré.
Dejaré espacio libre para el próximo.
También le dejo un beso.

Le dejo el aire y las montañas,
para que respire,
le cedo mi asiento en el cine,
mi sombra en la parada,
mi silla en la biblioteca
para leer los libros que un día fueron míos.

Mi lugar en la fila del mercado,
mi toalla en la playa.
Yo estaré muriendo y él naciendo.

Cantará las canciones que yo también canté,
se bañará en mi mar,
jugará con mis olas.
Pedirá los helados como yo,
de todos los sabores
y tendrá como yo,
los cojones,
de pedir ocho bolas.



Isabel Salas

martes, 31 de marzo de 2026

OTRA MOCHILA


Ya son muchas mochilas
las que he cargado.

Muchos tequilas
con los que cualquier cosa
he celebrado.

Muchos desastres,
miles de decepciones
Y hombres pillastres
con malas intenciones.

 Ya son muchos andenes,
muchas maletas rotas
y demasiados trenes
a regiones remotas. 
 
Ya quiero descansar 
dejar de viajar,
zanganear tranquilamente.
 
Tranquilos días 
tranquilo despertar 
tranquila mente. 
 
Isabel Salas 

viernes, 27 de marzo de 2026

GERUNDIO


 

Saliendo del trabajo, cerrando la puerta detrás de sí, ajustándose el abrigo y respirando hondo, el hombre se queda un momento mirando la calle, notando que está lloviendo, observando cómo el agua va cayendo sobre el asfalto. La lluvia está formando charcos y reflejando las luces de los coches que pasan salpicando. Suspirando, buscando en su mochila, encontrando el paraguas y abriéndolo con cuidado, el hombre empieza a caminar despacio, esquivando los charcos, mirando a la gente pasar corriendo, escuchando el ruido de la lluvia golpeando la tela.

Avanzando hacia la parada de taxis, va pensando en la cena, imaginando una sopa caliente, recordando que tiene pan, preguntándose si le queda queso, considerando llamar a alguien, decidiendo que no, prefiriendo llegar a casa, quitándose los zapatos, encendiendo la luz, poniéndose cómodo y sentándose a descansar, terminando el día lentamente, escuchando la lluvia seguir cayendo. 


Si encontrara ese texto en un blog literario, diría que es un ejercicio de estilo más que un texto narrativo propiamente dicho. Y con razon.

Se percibe claramente una consigna formal, es este caso la acumulación de gerundios. El texto funciona como demostración de ritmo y continuidad más que como un relato con tensión o conflicto. No hay nudo ni desenlace, no lo leería como si fuera un cuento, sino como "pieza lingüística", casi como un experimento.

El uso continuo del gerundio me produce una sensación interesante pues todo ocurre sin pausas, sin puntos de apoyo, como si la escena estuviera deslizándose. El tiempo verbal genera una atmósfera de tránsito, de algo que no termina de fijarse, lo cual encaja bien con la situación que está narrando. Muestra una sucesión de acciones:salir del trabajo, caminar bajo la lluvia, pensar en la casa. 

Todo está en movimiento, nada se detiene.

Es un texto que patina entre charcos.

También diría que el texto tiene algo cinematográfico porque yo siempre busco cine dentro de la literatura. Los gerundios funcionan como una cámara siguiendo al personaje: saliendo, mirando, abriendo, caminando, pensando, imaginando. No hay casi reflexión profunda ni descripción  elaborada, pero sí hay una continuidad visual clara, como una secuencia única.

En un blog literario lo interpretaría como un ejercicio sobre el tiempo y la continuidad más que sobre la historia. Un texto sobre el “mientras”, no sobre el “qué pasó”. Eso, literariamente, me hace bastante sentido. Porque el gerundio, en el fondo, es el tiempo de la vida cotidiana. Siempre estamos yendo, pensando, recordando, esperando, volviendo. Nunca estamos del todo en un punto final.

El gerundio es el verdadero presente.

Al menos hoy, aquí, mientras estás leyendo.


Isabel Salas 

sábado, 21 de marzo de 2026

QUÉDATE

 
Yo me quiero beber un vino contigo.
Un vino rojo y bonito 
como pintura de uñas.

Quiero que me acaricies el pelo
 y me mires.
Que me hables y me toques.
Quiero dormir contigo.
Comer contigo.
Andar contigo.

Que me lleves al cine,
al bosque, al río...
al mercado, a la plaza.

Quiero que me preguntes la hora.
Que me regales un libro
Que te gusten mis zapatos,
mi casa,
mis cosas
mis chistes.

Quiero que quieras quedarte.
que quieras quererme.

Quiero 
que te duelan cosas si me voy.
Y que te pongas bueno 
cuando me ves.

Que tu casa sea yo.
Y tú seas la mía.
Sentarnos en la sala
y bebernos un vino 
rojo y bonito.
Isabel  Salas

Del libro
@El canario y la máquina de coser

miércoles, 11 de marzo de 2026

AMAR ES VERBO TRANSITIVO



Me persigues aún entre las sombras,
peso muerto que destroza mis hombros.
Sucia basura bajo mis alfombras,
cochambre y purria bajo los escombros.

Oscureces aún la luz del día,
contaminas las aguas de mi fuente.
A mi pesar, me llena de agonía
rememorar tu cinismo insolente.

Finges vivir sin saber dónde vivo.
Sabes quién soy, y yo sé quién tú eres
bajo la capa de tu amor furtivo.

Conozco el rictus de tu gesto altivo.
Aparentas amar a quien no quieres,
sin recordar que es verbo transitivo.

Isabel Salas




lunes, 9 de marzo de 2026

SILENCIO

Deja de doler como una flor que agota su perfume y ya no huele a nada, sin alardes, sin ruidos, sin gritar que se acaba, sin llamar la atención. 

Así es el amor cuando se acaba, silencioso. 

El mío, al menos, es así, mientras ama y respira, canta, sueña en voz alta, piensa en poesías, pide atención y versos. Usa el pasado como escalera para alcanzar lo nuevo que aparece y tiene la mirada perdida en el futuro, en los planes de hacer el resto del camino juntos, en el propio camino y en los ojos que evitan que busque en otros ojos. 

Después, cuando lo están matando se defiende, suplica, grita lo que siente, y llora. Se aleja, vuelve, se vuelve a ir, y de nuevo regresa pidiendo explicaciones, se desborda de todas las maneras, insulta, empuja y vuelve a regresar, sin miedo, sin vergüenza, sin pensar en mañana ni en ayer, sólo en los golpes que recibe y que no entiende. 

Ese proceso dura lo que dura, sin leyes que decidan lo que un amor puede sobrevivir y resistir o persistir. Y duele tanto. Duele tanto todo, que deseas que acabe como sea. Reúnes las fuerzas que le quedan a tu amor que agoniza y te acercas de nuevo a encajar nuevos golpes deseando que alguno sea fuerte y letal, definitivo, resolutivo, eficaz y mortal, y por fin, uno, cumple los requisitos y termina el trabajo. Y ni lo notas.

Tardas un tiempo en reaccionar y comprender que estás queriendo que camine un cadáver y el muerto no respira. Por asegurarte pones un espejito delante de la boca de la flor de tu amor y compruebas feliz que no hay aroma. 

Las flores muertas no perfuman el aire, ni lloran, ni padecen. El silencio es total. 

No hay nada más callado que una flor sin perfume. 

O tal vez sí, una mujer callada. 

Isabel Salas

sábado, 7 de marzo de 2026

SOÑAR OTRA VEZ


Y de nuevo tu voz
y de nuevo tu risa
y otra vez el deseo feroz
de dormir junto a ti,
que mi amor renacido
improvisa.

El mismo corazón
que tanto tiempo atrás
latía junto al tuyo
siguiendo tu compás,
hoy vuelve, sin razón
a quererte otra vez,
a querer ser de nuevo capaz
de atreverse a volar,
de volverte a besar
con la misma avidez
y otra vez
confiar
y soñar.

Y tal vez esta vez,
ser más sabios los dos
y poder
evitar otro adiós
que de nuevo me obligue
a aprender
a vivir
sin tu amor.

Isabel Salas

Porque un poema vale más que mil palabras, y hay palabras que valen más que mil imágenes y besos que lo explican todo y llenan el cielo de flores azules.

lunes, 2 de marzo de 2026

BOMBAS INTELIGENTES




Tres niños, dos niños,
un niño.

Tiraron una bomba
y ya no hay niños.

Con precisión quirúrgica,
de bombas listas, 
inteligentes.

¿Cultas?

Bombas muy elegantes,
con don de gentes,
que van a la escuela a dibujar elefantes
 y tangentes.

Tres, dos, uno
disparen
¡Fuego!

Tres niños menos.

Que listas son las bombas,
que matan extremistas.

Los matan en el nido.

Por ser tan listas
los matan cuando chicos,
para que luego
no se compren mochilas,
de terroristas.

Que listas son las bombas
que nos protegen
de niños extremistas.

Disparen
¡Juego!

Juego de fuego,
de gente grande,


que mata niños chicos.

Isabel Salas


Poema del libro NAVAJA DE LLAVERO
@ Isabel Salas


jueves, 26 de febrero de 2026

MUJER AZUL

Azul, verde y negro.
Una bandera.
Azul, 
negro y verde.
Una mujer.
Negro, azul y verde.
Una mirada.

Negro, 
verde y azul.
Una mirada de mujer.
Verde,
 negro y azul.
Una mujer negra mirando.
Verde, 
azul y negro.
Una mirada de bandera.

África verde y alegre,
valiente mirada negra
preciosa mujer
 azul.

Isabel Salas



martes, 10 de febrero de 2026

EL JUNCO ESCRITOR

La niña pasó corriendo por el pasillo, dio la curva que llevaba a los dormitorios, entró en el suyo, cerró la puerta y  se apoyó agitada contra ella. Su pechito  parecía incapaz de soportar tantos latidos. Sentía sus ojos inútiles para contener tantas lágrimas, así como notaba que sus manos y sus piernas  no podrían  sujetar tantos golpes y patadas como deseaba poder dar, pero lo peor era la garganta, tan llena de gritos.

Quemaba.
Sabía que si empezaba a gritar el mundo se acabaría. A los nueve años sabes esas cosas intuitivamente sin que nadie te las explique, como sabes que si sacas un pie de la cama mientras duermes, los cocodrilos que viven debajo se lo comerán. Es ley de vida.

El esfuerzo inmenso por contenerse hizo que las fuerzas internas que amarran la locura y el dolor la hicieran caer al suelo plegada como el junco del dúo Dinámico pero peor.

Cayó dobladita. Por unos segundos se quedó quieta, respirando y tratando de reorganizar los pensamientos. Podía haberse roto en aquel momento como tantos niños que se rompen y ya no se levantan, aunque vuelvan a andar, pero ella se levantó. Dio unos pasos, cogió un cuaderno, un bolígrafo y comenzó a escribir apoyada en la cama. Algunas palabras no se leían bien porque la tinta azul al mojarse se abría en flores de acuarela salada.

Hoy, cuarenta años después, sigue pasando igual cuando llora encima de lo que escribe. El pecho ha crecido y ha demostrado ser capaz de aguantar lo que nadie imaginaba, los ojos, las manos, las piernas y todas las partes de su cuerpo, han mostrado capacidad sobrada para vivir y sobrevivir.

Ella aún escribe con una mano. Con la otra se agarra fuerte a la cuerda que la mantiene atada a la cordura.
Las flores de acuarela ya forman un jardín.

Isabel Salas

sábado, 7 de febrero de 2026

CUARENTA Y OCHO





Pasé media hora dudando si responder o no, y en caso afirmativo, qué respondería, porque no necesitaba leer tu mensaje para saber qué habías escrito. Pocas palabras, seguro, como siempre las justas para decir lo que necesitas decir sin que se interprete mal, con esa precisión que tienes para ser exacto que a veces me irrita tanto y a veces tanto me gusta.

Estuve mirando el teléfono de reojo mientras me lavaba los dientes y me arreglaba para salir, ignorándolo, digamos que "haciéndome la muerta", pero sabiendo que tú ya sabías que el mensaje había llegado y que yo lo había visto aunque aún no te hubiera respondido. Sé que me conoces y podía ver tu sonrisita calculando el tiempo que tardaría yo en darme por vencida y decir cualquier cosa para responderte: sí o no.

Sé que esta tarde cuando pasaste con tu coche y me viste saliendo de la panadería buscaste mis ojos antes que yo me diera cuenta de que eras tú. Lo sé porque cuando te miré ya habías colocado esa mirada especial que pones cuando quieres  que no se te note lo que estás pensando. Te he visto hacerlo demasiadas veces al hablar con los mecánicos o con el gerente del banco y puedo oír tu voz diciéndome unos segundos antes de subirla a tus ojos, "aprende".

Aunque tus ojos estaban impenetrables, yo sí noté como aminoraste y como pasaste mucho más despacio de lo normal sin quitarme ojo. Vi que unos metros más allá casi paraste pero lo pensaste mejor y seguiste. Por el retrovisor seguimos mirándonos hasta que doblaste la esquina y entonces empecé a temblar tranquilamente.

Temblar de esa manera que tiemblo cuando la culpa es tuya, de dentro para afuera, haciendo olitas que nacen en mi vagina y antes de salir por mis manos calientes arañan mis antebrazos desde dentro.

Desde dentro. Desde muy adentro, porque sin duda es allí que estás siempre aunque no siempre estés cerca. Y es allí que se activan los mecanismos de los temblores aunque no me mires bien y coloques la mirada de ocultar deseos. Y es allí, bien dentro, donde manan las ganas de llamarte cada día desde que dejé de hacerlo.

Cuarenta y ocho minutos aguanté.

Tu mensaje como yo lo esperaba: corto y claro y que sólo necesitaba un sí o un no: "Esta tarde te vi un poquito. Quiero verte más. Verte y hablarte. Si quieres, te llamo esta noche y hablamos. Quieres?"

Mi cuerpo, que aún no había parado de temblar,  al leer tu mensaje, quiso decirle a mi corazón que era la hora de tomar decisiones, y que eso le correspondía a él, pero no lo encontró. Se había puesto tan feliz que se olvidó por un momento de los años y de los meses sin verte, sacó la moto y se fue a dar una vuelta con el traje de fiesta y la sonrisa de niña que guarda para ti y para tus preguntas fáciles que demandan respuestas sencillas.

Sin embargo mis dedos si estaban aquí, todos, y ellos contestaron:

"Sí".


Isabel Salas



domingo, 1 de febrero de 2026

COREÓGRAFO DE PANDEMIAS

 
 
Yo no elegí ser coreógrafo de pandemias. Fue la pandemia la que me eligió a mí.

Antes de todo aquel delirio, yo me dedicaba a lo mío: flashmobs en supermercados, bodas temáticas (“Dirty Dancing versión bautismo”), y algún videoclip indie de gente con flequillo y cara de tristeza. Nada serio. Nada que dijera “este hombre devolverá la esperanza al mundo con una coreografía en bata médica”.

Pero llegó el 2020. Y con él, un llamado. Un alto cargo del ministerio. Voz grave, tono de tráiler de película bélica:
—¿Usted es el que hizo bailar a quince señoras disfrazadas de astronauta en la apertura del mall de San Miguel?
—Culpable.
—Excelente. Una de ellas era mi tía Gloria, ella lo recomendó. Necesitamos que haga bailar a los médicos.
Se me cayó el celular. De la risa, de que era un Nokia y de que no recordaba a la tía Gloria. 

Pero fui. Porque en tiempos de crisis, uno agarra lo que venga. Cuando el mundo se prende fuego, uno se presenta con purpurina y disposición al llamado del destino. Y, sobre todo,  porque en plena era del "quédate en casa" yo estaba loco por salir e ir a cualquier lado. Así que allá  terminé yo, frente a una fila de doctores con expresión de trauma de guerra, moviendo los brazos como si estuvieran espantando abejas imaginarias. Un cardio intensivo de pura vergüenza ajena. Ni uno a tiempo. Ni uno.

Las enfermeras eran peores. Una intentó hacer un pasito y se dislocó el hombro. Otra se largó a llorar a mitad de “Stayin' Alive”, lo cual, irónicamente, arruinó la metáfora.

Así que tomé una decisión ética, artística y totalmente fraudulenta: propuse contratar bailarines profesionales y disfrazarlos de personal médico con batas, mascarillas, estetoscopios y todo el equipo.
Los verdaderos doctores estaban salvando vidas en algún lugar fondo a la derecha. Y al frente, mis “Dr. Bailarín” hacían un shuffle con una jeringa gigante como bastón.

Y ¿adivina qué? Fue un éxito monumental mundial. Nadie sabía de qué países eran los doctores bailarines y a nadie le importaba.  Los videos se viralizaban más rápido que la variante Ómicron. Me ofrecieron hacer un especial navideño: “Navidad en la UCI: El Musical”. Me preguntaron si quería asesorar la campaña de vacunación con un número de tap. TAP. Yo solo les pregunté: “¿Con purpurina o sin?”

Lo mejor de todo es que nadie recuerda de quién fue la idea de hacer bailar a los médicos en plena emergencia sanitaria. Ni siquiera yo supe de donde salió aquel disparate. Algunos sospechan que fue una mezcla de ansiedad colectiva y una reunión de Zoom que se salió de control. Pero a nivel laboral, personal y económico fue lo mejor que me pasó.
Compré un loft. Tengo una heladera que se conecta al Wi-Fi , Alexa se sabe todas mis canciones favoritas y pago impuestos como un adulto.

Y ahora, 2026, aquí estoy.
Esperando la próxima pandemia, como quien espera el estreno de una nueva temporada de su serie favorita. Lo tengo todo listo por si el próximo virus se pareciera al corona: un número de salsa sobre camas de hospital motorizadas, un opening de jazz estilo Broadway llamado “Variante X: el regreso” y hasta un trío lírico con barbijos autotuneados que va a hacer llorar al OMS entero.

Los puristas afirman que no se puede coreografiar una crisis sanitaria. Yo respondo:¿quieres apostar? 

Pero debo advertirte de un presagio. Me temo que la próxima no será como la anterior ni parecida. Desde hace un tiempo, vengo estudiando patrones, señales, vibras raras. El mundo respira raro y la gente, si te fijas bien,  mastica más lento. Los influencers hablan como si tuvieran el cerebro en buffering.

Y yo lo sé, lo presiento...lo deseo. Se viene la próxima pandemia. Y esta vez será diferente. No va a ser un virus que te quita el gusto o haga que los lenguados tengan sabor a acetona. No, no. Va a ser algo más cinematográfico. Más espectacular. Estoy hablando, por supuesto, del tan anunciado y hollywoodense apocalipsis zombie.

Sí. Ya sé. Te ríes. 

Cuando el primer noticiero diga que hay una señora en Croacia que intentó comerse a su panadero, ahí te quiero ver. Dejarás de reírte. Yo me estoy preparando. Sin embargo no acumulo latas de atún ni papel higiénico.

Me preparo artísticamente, por supuesto.

Porque esta vez el desafío no va a ser hacer que los doctores bailen. Esta vez voy a tener que coreografiar a los no-muertos. ¿Zombies torpes? ¿Coordinación motriz cero? ¡Un sueño! Es como volver a trabajar con médicos, pero con más compromiso corporal.

Estoy estudiando a mi gurú espiritual y artístico: Michael Jackson en Thriller. La forma en que movía esos hombros descoyuntados. La precisión de la mirada vacía. El moonwalk con olor a cráneo podrido y esos ricitos que parecían anticipar cada paso sin descabellarse.

Ya tengo el concepto: "Zombi con Z de Zoom". Un musical post-apocalíptico donde bailarines, disfrazados de  sobrevivientes bailan en pasillos destruidos, con barbijos rotos, mientras otros, vestidos de  zombies hacen líneas perfectas de canon y contracanon al ritmo de sintetizadores ochenteros.

Estoy diseñando el vestuario. Andrajos con lentejuelas. Mascarillas desgarradas con bordado y telas de araña. Tacones para los zombies glam. (Los otros, descalzos pero con actitud.)

Y lo mejor: no necesito ensayar expresividad facial. ¡Son zombies! Toda esa inexpresividad que antes arruinaba mis números, ahora es parte del estilo. Es arte. Es método y rigor mortis con ritmo.

La humanidad estará temblando. Y yo, entre explosiones y gruñidos, voy a estar gritando desde la torre más alta de lo que quede en pie.
“¡Cinco, seis, siete, OGHHRRRRHHH!”

Estoy listo.
El fin del mundo es mi mejor escenario.

Isabel Salas