lunes, 23 de julio de 2018

A MIS AMIGOS




Tengo que hablar hoy de mis amigos y de otros muchos hombres que no son mis amigos pero son tíos estupendos.

No me crié pensando que los hombres eran un peligro, aunque al crecer descubrí que algunos lo eran. Tampoco crecí pensando que los hombres golpeaban a las mujeres porque en mi casa la que repartía chancletazos y pellizcos, cuando la ocasión lo requería, era mi madre y mi padre nunca nos puso una mano encima. Descubrí al hacerme mayor que algunos hombres sí lo hacen. En mi caso sólo uno, de todos los que han pasado por mi vida, como amigos, maridos, novios o rolletes de fin de fiesta.

Anoche hablaba con un amigo querido y era el quinto hombre en menos de 48 que me decía que estaba harto de los ataques de las "feministas" que piden la extinción de los varones y un mundo sólo femenino.

Nunca he escuchado a una feminista decir eso, así como no he escuchado a un pacifista decir que hay que poner bombas para conseguir la paz. Sí sé que hay mujeres que quieren un mundo sin hombres y que existen personas (hombres o mujeres) que defienden que el fin justifica los medios cuando se trata de bombas y de causas en las que creen, pero ni las primeras son feministas ni los segundos son pacifistas.

Yo tengo buenos amigos a los que amo. Cuando he necesitado un abrazo o una mano extendida, indistintamente han sido hombres o mujeres generosos los que me han ayudado y me ayudan. Igualmente he sido perjudicada por hombres y mujeres machistas y estúpidos en diferentes momentos, y debo reconocer que me ha dolido más el daño que venía de otras mujeres, tal vez porque ingenuamente, no lo esperaba.

Me llevó años entender que el machismo no sólo convierte a los hombres en peores personas, también deja a las mujeres machistas insoportables, misóginas o incluso tan "brutas" que defienden el derecho de los hombres a golpearnos o a celarnos, pero ese es otro tema.

Hoy estoy hablando de los hombres incapaces de usar su fuerza contra mujeres, niños o personas más débiles. Esos que son capaces de pelearse a golpes con un amigo por una discusión después de unas copas, pero son protectores, cariñosos y cuidadosos con sus mujeres y niños. Esos hombres que sin ser tu marido o tu novio te regalan cajas de frutas, te compran un carrito de supermercado cuando saben que estás pasando problemas económicos, o te dan el dinero porque saben que para una mujer sola a veces las cosas se ponen difíciles, y no lo hacen a cambio de sexo o con condiciones.

Hablo de esos hombres que te dicen cosas bonitas para galantearte o te despiertan con un whatsapp lleno de insinuaciones. Esos hombres que te ayudan a abrir un bote de mayonesa o te prestan su coche una semana mientras se llevan el tuyo a arreglarlo en su mecánico de confianza y después te dicen que no es nada, que fue barato y no te preocupes.

De esos hombres hablo.

Y lamento mucho que se sientan tristes porque algunas mujeres descerebradas no sepan distinguirlos de los otros, sé cómo se sienten. Se sienten como me siento yo cuando algunos dan por supuesto que debo odiar a los hombres por ser feminista, y no, la verdad es que me encantan.

Me gusta su voz, me gusta como bromean con cosas que yo no sabía que eran graciosas hasta que ellos me lo hacen notar. Me gusta como clavan un clavo con tres martillazos y como saben para qué sirven los cilindritos esos que asoman de los motores. Me gusta como me ayudan a arreglar lavadoras y como besan, como abrazan y como hacen el amor cuando están enamorados.

Y es eso... ni todos los hombres son iguales, ni todas las mujeres lo somos tampoco. Ni la maldad ni la violencia son patrimonio de un género y gente buena o mala brota en cualquier lado.

Mi lucha, como feminista es contra el machismo, no contra los hombres.

Mi lucha como feminista no es tampoco contra las mujeres que son machistas o misóginas.

Mi lucha necesita aliados y aliadas, porque no es sólo mi lucha, es la de todos los que queremos un mundo mejor para tod@s y sin unirnos hombres y mujeres en pro de esa causa, mal nos irá.

Así que hoy mi beso es para todos esos hombres estupendos que hay en mi vida, a los que tanto quiero y sin los cuales sería mucho menos divertido y acogedor el mundo.

Isabel Salas


lunes, 16 de julio de 2018

VUELO LIBRE



Que triste debe ser vivir en modo bolero, amando sólo una vez y arrastrando orgullosamente esa maldición como un paraguas impenetrable, siempre abierto, que impide con su dulce y total renunciación que te calen las gotitas frescas de otros amores. 

Hace muchos años yo misma anduve cerquita del precipicio de los amores únicos, lloré hasta acabarse todas las lágrimas que mis ojos eran capaces de producir y después decidí que esa misma capacidad de amar seguiría intacta e inmortal porque era mía, no dependía de nadie más conservarla o cuidarla y menos aún de los hombres a los que yo pudiese llegar a amar, me correspondieran o no.

Era mi responsabilidad mantener la llama encendida y mi derecho invitar a otros a entrar en mi caverna a disfrutar del fuego eterno de la hoguera entrañable y así ha sido y así sigue siendo. Otros amores vinieron después de aquel y cada uno de ellos ha dejado marcas indelebles en mi sonrisa y en el brillo de mis ojos. 

Me gusta caminar así por la vida, sin paraguas y sin dudar de mi capacidad de volver a enamorarme, incluso cuando no me retribuyen el amor, me siento afortunada de poder reconocer las maripositas que nos vuelan por dentro ante la cercanía de los seres amados. Algunas llevan tantos años conmigo que hasta las conozco por el nombre, me sonríen y a veces, nos sentamos juntas a respirar rayitos de sol.

Hace unos días llegaron unas nuevas, se mezclaron con las de siempre y ya se han instalado. Parece que llegaron directamente desde un corazón clausurado que decidió cerrarse por derribo tras un desengaño. Estaban asustadas y tristes, pero ya están mejor, felices de haber llegado hasta mí, ansiosas por alborotarse cuando dentro de unos días llegue nuestro primer beso.

Yo también estoy un poquito impaciente, siempre lo fui,  me cuesta esperar cualquier cosa que deseo y los años no me han servido de mucho para mejorar en ese punto. Mientras llega el momento, admiraré  el vuelo incansable de mis mariposas, sus piruetas, los pasos de baile que parecen dar cuando varias de ellas se enredan en alguna coreografía improvisada o cuando se elevan  por encima del bien y del mal y se dejan caer como flechas de colores al encuentro del blanco perfecto, en caída libre.

Así es como más me gustan, saltando en vuelo libre, como lo hago yo, como lo hice tantas veces y como lo volveré a hacer cuando llegue el momento de abrazarme a tu abrazo.

Isabel Salas








lunes, 2 de julio de 2018

EL PREMIO



Los encuentros marcados son, a veces, como cartas trucadas, trampas mortales o arenas movedizas, y otras, son simplemente, la justa paga con que la vida nos premia la paciencia y la resistencia.

Eso eres tú: mi premio.

(Fragmento de EL PREMIO)