viernes, 2 de noviembre de 2018

NIÑAS MALAS


Las princesas y las niñas buenas a veces tienen hadas madrinas.

Mujeres que aparecen a la hora cierta con su varita llena de magia y que transforman calabazas en carrozas para ir al baile a perder zapatos o que nos convierten la nariz en metro para medir mentiras.Tienen un sentido del humor muy raro esas hadas, muy tradicional, casi integrista... y casi siempre tratan de que el cuento termine con el conocido final feliz que transforma los sueños en realidad.

Las niñas malas no.

Las niñas malas nos vestimos de novia virgen cada día para amar sin miedo. Jugamos a las bodas cada día en cuerpos diferentes, y nuestros abrazos nupciales duran lo que duran las pasiones efímeras. Para que las pesadillas no se transformen en realidad, huimos con los dos zapatos antes de clarear el día en nuestra araña mágica, acompañamos al novio hasta su casa galantemente y después, sin llorar demasiado abrimos los ojos a la realidad.

Lo bueno de esto, es que las narices sirven para moquear y las mentiras se quedan en los otros cuentos.

Isabel Salas

miércoles, 31 de octubre de 2018

SIN CONDICIÓN



Ese momento
(glorioso)
en que el hombre
que te gusta,
te comenta
(receloso)
que un raro azar
lo atosiga.

Un tormento
(lo persigue),
lo fustiga
y lo castiga
sin que nada lo mitigue.

De él,
solo las más tontas
consiguen enamorarse,
seducirlo,
encapricharse
(perseguirlo)
y después, ante el descaso,
(joderlo)
y encabronarse.


Y también
te sientes tú
tonta igual
(a las demás),
antes de pestañear
y ponerte a elucubrar
si conviene persistir
o (si es mejor)
desistir.

Concentrarse en olvidar
y buscar 
alguien mejor
(con quien tus sueños cumplir)
que aún confíe
en el amor
y ajeno a la decepción,
libre de esa maldición,
te entregue su corazón,
sin ninguna
condición.

Isabel Salas

martes, 30 de octubre de 2018

PERTENENCIA


Tengo un amigo que siempre me decía que yo era la única persona, que él conocía, sin sentido de pertenencia. Pasamos muchas horas hablando sobre eso y nuestra percepción del asunto fue mudando a lo largo del tiempo.

Al principio, yo le decía, medio en broma medio en serio, que él conocía muy poca gente y que seguramente habría muchas personas con ese mismo sentimiento de desarraigo que tengo yo; personas que a pesar de ser muy conscientes de cual es su ciudad natal y cuales las calles donde aprendieron a jugar, a andar en bicicleta o a patinar, se sienten, al crecer, bien en cualquier lado.

Durante los primeros meses de nuestra amistad, él siempre me preguntaba si yo sentía falta de mi tierra y yo siempre le respondía que no, que todo seguía allí y que no estaba perdido como cuando una persona se muere y sabemos que nunca más podremos abrazarla. Los lugares que yo había amado en mi infancia y que todavía amaba, seguían allí y eso me bastaba. 

Hasta hoy siguen y hasta hoy me basta.

Después de muchos años de amistad, en los que ambos nos mudamos en diferentes momentos para diferentes ciudades, él dejó de preguntarme y pocas veces volvimos a tocar en el asunto. Concluyó, porque es un gran amante de las conclusiones y los veredictos, que yo era una persona sin sentido de pertenencia pero que eso no le impedía amarme.

Nuestra amistad, como todas las amistades, sufrió transformaciones a lo largo de los años, por un tiempo dejó de ser sólo amistad para ser eso que llaman amistad colorida y fue hermoso. Después el color desapareció con la distancia impuesta por las circunstancias personales de cada uno y volvimos a ser sólo amigos, si es que se puede ser solamente amigos, pues la amistad es un "todo" precioso que siempre abarca muchísimo más de lo que suponemos.

Anoche no conseguía dormir debido a la muerte de una persona que durante unos años fue mi cuñada y de quien tengo muy buenos recuerdos. Pensé en sus padres, ya fallecidos los dos, a los que tanto quise, pensé en el dolor de su familia y en el de todos los que la amaron, en la fugacidad de la vida y en todas esas cosas que pensamos cuando alguien amado se va, y lloré mucho. 

Soy muy llorona y es fácil que por diversos motivos me salgan unas lagrimitas rápidas ante eventualidades de la vida, Pero llorar así a todo volumen, con mocos y sollozos,  es raro. Ese llanto está reservado para momentos que me superan. Sólo sale de forma espontanea cuando el motivo es realmente de esos que tocan mi alma, y siempre me pilla de improviso, como si ni yo misma supiera qué es lo que realmente me importa hasta que se hace evidente.

La muerte de mi cuñada me movió muchas cosas. Me trajo a la memoria mis años de casada, los cumpleaños de mi suegro, las risas en una cocina de Santo André, la pasión de mi suegra por las novelas y la de mi suegro por el curry. Me transportó a Campinas, a los fines de semana en que nuestras dos familias se juntaban y recordé su generosidad, siempre dispuesta a servir la mejor comida y a salir al mercado las veces que hiciera falta para buscar cualquier cosa que hiciese la estancia en su casa más agradable. 

Recordé también la forma en que ella conducía en aquel tráfico enloquecido de São Paulo, en aquella época en la que no había GPS y conducir en Sampa era para pocos, y temerarios,  elegidos. Terminé sonriendo por tantos buenos recuerdos y tantas memorias entrañables que parecían venir desde el pasado a darme esos abrazos que siempre necesito cuando el llanto me desborda, y en seguida, necesité hablar con alguien.

En mi teléfono tengo algunas personas (pocas) a las que puedo llamar a cualquier hora del día o de la noche en caso de necesidad y que sé que no se van a molestar conmigo, pero por alguna extraña asociación de ideas  pensé que la mejor opción era mi amigo aquel que siempre me reprochó,  entre bromas,  ser esa persona extraña sin sentido de pertenencia. 

Él siempre me escucha cuando le hablo de cualquier asunto y anoche no fue diferente, me dejó hablar, llorar y desahogarme antes de decir cualquier cosa. Me supo hacer reír y, como siempre, me hizo sentir importante y bienvenida.

Hablamos mucho, intercambiamos noticias y al final me dijo algo que me sorprendió y que yo misma jamás habría pensado, afirmó que la pertenencia tiene dos maneras de manifestarse, una, de esa manera común y no por eso menos hermosa, de sentirnos parte de un país o una región y otra, rara e incomún gracias a la cual, nos arraigamos en las personas que por un tiempo, mayor o menor, forman parte de nuestra vida, nos damos a ellos, les dejamos pedacitos nuestros y al mismo tiempo nos apropiamos de parte de su esencia y nos la llevamos para siempre con nosotros.

Como pasó con él y conmigo, o como sucede con las personas que amamos a lo largo del camino.

Él me dijo que después de tantos años de conocernos, y tras un "largo estudio" 😄, había llegado a la conclusión de que en realidad, sí tengo sentido de pertenencia, pero de esa pertenencia dos punto cero donde  lo que importa no son los lugares ni la distancia, sino el espacio precioso que las personas ocupan en nuestros corazones y el que ocupamos en los de ellas.

Te pertenece aquello que amas, simplemente.
Nos pertenece lo que amamos, pertenecemos  a quienes nos aman.

Me dormí tranquila, mucho menos sola y más feliz, invadida por esa gratitud perfecta que me embarga cuando la vida me regala alguien que tiene siempre las palabras perfectas para mí.

Gracias, amigo, por pertenecerme como yo te pertenezco y mostrarme que el amor, como la amistad o los diamantes, puede tener mucho colores y formas, y es, siempre, indestructible.

Isabel Salas






sábado, 20 de octubre de 2018

GOLONDRINAS Y MALETAS



En las maletas viajeras quedan siempre unos huecos, sabiamente previstos por la persona que se va,  que son ideales para guardar un joyerito dentro de un calcetín (por si se abre), unas gafas de reserva o ese regalo de última hora, entregado por alguien que fue incapaz de entregarse, o de darte otras cosas mientras hubo tiempo y, que generalmente, abrimos meses después cuando los besos que no se dieron, dejan de gritar en el alma.

Pero además, hay espacios estratégicos, casi mágicos, donde metemos otros objetos inservibles que por alguna razón adquirieron un significado místico. Siempre decidimos llevarlos cuando la maleta está cerrada y siempre nos obligamos a abrirla a tientas, con cuidado extremo, para no deshacer el equipaje, buscando dónde acomodarlos entre camisetas y ropa de lana.

Puede ser algo tan inesperado como ese bote de colonia casi terminado que relacionamos con el lugar que estamos dejando. De pronto nos asalta el temor de que no lo volveremos a encontrar y se nos hace insoportable la idea de no poder salir de nuevo a la calle usando ese aroma. Puede ser un folleto de cualquier cosa, alguna propaganda de farmacia o de un curso de alemán.

Pero el caso es, que entre todas esas cosas, las que planeábamos llevarnos y las que guardamos en el impulso del último segundo, se cuelan otras intangibles e invisibles  con las que no contábamos y que sólo descubrimos con el tiempo. Entran solas en las maletas, y allí se instalan, se vienen con nosotros sin pedir permiso ni perdón, y son a fin de cuentas, el único verdadero equipaje que realmente nos acompaña.

Nos llevamos la muletilla con la que un amigo terminaba sus frases, (o no), nos llevamos el olor de algunos guisos preparados entre bromas y debates, nos llevamos caricias inesperadas y miradas misteriosas, ecos de risas, gargantas calientes que se tragaron lágrimas que tal vez debieron salir y esa  rima XXX de Becquer que regresa una y otra vez a anidar en mis maletas como una golondrina testaruda a preguntar que habría pasado si las palabras se hubieran dicho, el orgullo se hubiera callado, los besos se hubieran dado y las lágrimas hubieran rodado hasta el suelo como perlitas de collar roto.

Al final, como siempre, es la poesía la única que sobrevive dentro de mis maletas, la que me consuela y me enseña a distinguir lo descartable de lo valioso, lo vivo de lo muerto.

Lo eterno de lo efímero, lo pasado de lo por venir.

Y una vez más, le agradezco por ser parte de mí.


Isabel Salas





lunes, 15 de octubre de 2018

DÍA DE LAS ESCRITORAS



Escribir poemas, contar historias, abrazar o besar me parece casi lo mismo, será por eso que escribo sobre besos cuando los tengo y sobre su ausencia cuando nadie me los da. 

Será por eso que cuando estoy viviendo mucho casi no tengo tiempo de escribir y cuando mi historia se para, me invento otras. Será por eso que leo poesía para comprobar que hay muchos caminos que llevan a mi alma, como si ella fuera la Roma de los versos, y cuando  esa misma alma mía se siente desolada, enamorada, vacía o espantada, me siento a beber café y escribir poemas.

Será por eso que me llenan de orgullo mis libros y los de todas las mujeres que consiguen escribir entre idas al mercado, el cuidado de los hijos, las ropas por tender, los días de ir al banco a pagar cuentas, los amores, las reuniones de padres en el cole que siempre terminan siendo reuniones de madres, los desamores, el precio de los tomates y todas esas cosas que nos sirven de inspiración y de motor para correr atrás del sueño de ver nuestros libros publicados.

Un beso a todas

Isabel Salas

viernes, 5 de octubre de 2018

REINA REPUBLICANA


Y a pesar de todo amanece.

Cada mañana llega y permanece aunque por un segundo, a veces, parece que le va a faltar potencia al día para terminar de abrirse y empezar. Me incorporo a medias para encarar el clarear del día que no termina de prender y recuerdo esas flores muertas en el nido. Promesas cortadas antes de abrirse que deciden, en vez explotar como volcanes, morirse a cámara lenta cerrando los ojos con sus lágrimas dentro y esa decepción (inmensa) por no haber podido besar a las abejas.

Tú eres mi abeja.
Todas las abejas de Einstein y sus madres.

Temo que el cansancio de mi alma sea contagioso y le pueda quitar volumen al amanecer, al mío y al de todas las personas y seré, así, la culpable del fin del mundo por pensar en ti en vez de dormir, por impregnar al sol con los virus de mi desgana, dejarlo sin fuerzas y hacer que, de una maldita vez, desista de mover la noria de los días y de joder, y de querer que salgamos de las camas a preparar café.

Pienso esas cosas raras por la falta de sueño.
Por la falta de ti.
Por la falta que me haces cuando amanezco.

... y observo, con esa frialdad cósmica de las sábanas que no saben abrazar, lo difícil que le es al sol respirar, amanecer, ser, brillar o estar cuando le faltas tú y la abeja reina es republicana y detesta el café con lágrimas.

Como yo.

Isabel Salas



jueves, 4 de octubre de 2018

PUNTO DE VISTA


Dicen que la verdad nos hace libres, pero cuando la vemos asomar por los ojos de quien nos ama, nos encadena.

Isabel Salas