viernes, 1 de febrero de 2019

CARNE DE CORAZÓN



Me gustaría acabar con todo ese arsenal de penas y por fin, poder tener un corazón hecho de carne de corazón y no de tripas.

Isabel Salas


















martes, 29 de enero de 2019

REFRANES



Hay gente que detesta los refranes, sin embargo, a mí, me encantan. Con algunos estoy de acuerdo y con otros no, claro, pero siempre me gusta leerlos.

Conocí a un tipo que decía detestarlos, en realidad eso no era sorprendente porque el pobre infeliz lo detestaba todo. Creo que nunca conocí a nadie más rencoroso y capaz de acumular tantos sentimientos negativos por todo. No le gustaba yo, por supuesto, ni mi compañía ni nada mío.

No le gustaba mi familia, ni la gente en general, empezando por su propia madre y terminando con el resto de la humanidad. Aunque hay que reconocer que era completamente democrático y justo jodiendo a la gente, a todos nos trataba igualmente mal y de todos decía cosas terribles e inventaba calumnias sin pudor.

Se consideraba por encima de todos y de todo.

Se tenía a sí mismo por una especie de genio superior con el poder de herir sin que nadie pudiera defenderse de sus arrebatos de ira, sus golpes o sus insultos. No respetaba las promesas, ni la palabra dada, porque nadie merecía el esfuerzo de portarse decentemente con él. Era un vil  y mediocre maltratador y por supuesto bebía y usaba drogas para hacer aún más detestable su compañía.

Hoy, después de muchos años sin saber de él, supe que aún no se suicidó aunque era la amenaza preferida con que asustaba sus hijos cuando intentaba manipularlos para que hicieran lo que él deseaba. No me sorprendió porque jamás lo vi cumplir una sola de sus promesas, así como no me llamó la atención saber que está solo, más solo que jamás estuvo, que sigue bebiendo y que sigue odiando a la humanidad, posiblemente más que nunca también, pues sus víctimas se fueron y ya no tiene a quien joder.

Está jodido, que no es lo mismo que estar jodiendo como diría el gran Cela.

Un maltratador sin víctimas es como un jardín sin flores o una noche sin estrellas, una cosa sin sentido aunque, por supuesto, con explicación.

Tal vez él sí se sorprendería si leyera algunos refranes.

Lo ayudarían a entender qué pasó con las estrellas y las flores y por qué los hijos y su mujer se fueron. Por si acaso me lee, le recomiendo reflexionar sobre uno en particular:

QUIEN SIEMBRA VIENTOS, RECOGE TEMPESTADES.


Isabel Salas


domingo, 20 de enero de 2019

AMOR NUEVO


...Y ella, que pensaba que ya no sabría  repetir las mismas palabras de amor, comprendió que no hacía falta. 

Aprendió que un nuevo amor hace brotar palabras nuevas nunca antes emitidas. Otros modos de mirar nacieron en sus  ojos, sus manos inventaron  nuevas caricias y el corazón  latió  con un ritmo desconocido que hizo bailar a la sangre con otros pasos.

Todo era nuevo y cuando ella abrió su boca para expresar su amor, fue la primera sorprendida con el torrente de palabras recién nacidas que iluminaron los ojos de él.

Fue lo único viejo de aquel amor novato:  El fuego ancestral que ilumina la mirada del hombre que se siente amado.

El fuego de siempre, encendido por ella, por primera vez, con su amor de siempre, renovado para él.

Isabel Salas

jueves, 10 de enero de 2019

CONVERTIRSE EN OCÉANO


"Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo. Mira para atrás, a todo el camino que recorrió, a las cumbres, las montañas, al largo y sinuoso camino  que abrió a través de selvas y poblados, y ve frente a sí un océano tan grande, que entrar en él sólo puede ser desaparecer para siempre. Pero no hay otra manera. El río no puede  volver. Nadie puede volver. Volver atrás es imposible en la existencia. El río necesita aceptar su naturaleza y entrar en el océano. Solamente entrando en el océano se diluirá el miedo, porque sólo entonces sabrá el río que no se trata de desaparecer en el océano, SINO DE CONVERTIRSE EN OCÉANO”

                                                                                    Khalil Gibran

Poeta, pintor, novelista y ensayista libanés nacido en Bisharri, Líbano, el 6 de enero de 1883 y fallecido el 10 de abril de 1931. Gibran Kahlil también es conocido como el poeta del exilio.


sábado, 5 de enero de 2019

NO ESPERO

Yo no estoy esperando a la muerte.
Me va a pillar sin arreglar,
con la cama sin hacer.


Tampoco estaba esperando a la vida.
Me pilló de improviso.
Y aquí estoy, viviendo.

Yo lo único que espero 

es, que cuando me dicen que me esté quietecita 
que no va a doler...
sea verdad,
y no duela.


Isabel  Salas





jueves, 3 de enero de 2019

LA FOTO INVENTADA


Piensa en algo que no pasó pero que te habría encantado que hubiera pasado. Piensa fuerte, recréalo en tu mente, ponle los colores, la temperatura, la hora ideal. Puedes ponerle hasta olores o ruidos.

Sin miedo.


Paséate por el momento vívelo, siente las sensaciones que hubieras sentido si eso que estás imaginando hubiera pasado y cuando lo tengas todo perfecto, tírale una foto al momento.

Guárdala con otros momentos en tu mente.
Y espera.


Sigue con tus cosas. Cuando pasen algunos años y te pongas a buscar entre los recuerdos la vas a encontrar. Tal vez para entonces tu mente vieja se habrá hecho un lío y no sabrá distinguir lo verdadero de lo inventado. Te llevarás una gran alegría al mirar esa foto. Sentirás de nuevo lo que sentiste cuando viviste aquellas horas. Aquella temperatura, aquellos olores volverán a tu mente.


escucharás el ruido de fondo y podrás tocar los colores.

Te sentirás de nuevo feliz con la misma felicidad que sentiste en aquel momento. Para eso son las fotos. para poder revivir instantes vividos.


Dónde sea, dentro o fuera.


Inventados o no

Isabel  Salas





miércoles, 26 de diciembre de 2018

DESTINADA A SALUDAR CON LA MANO DERECHA



Cuando Hélène era chiquita, mi madre, su abuela, entre otras muchas cosas que le enseñó, le explicó cómo había que hacer el lazo de los tenis, para que no se deshiciera al tercer paso, cómo bordar paños estirados en bastidores siguiendo unos dibujos de margaritas realizados con bolígrafo azul, cómo debía soplar la leche y las lentejas para no quemarse la boquita o cómo saludar a las personas usando la mano derecha para dar un apretón mientras se balancea la mano de arriba a abajo y se dice como está usted, buenas tardes o buenos días.

Ese tipo de cosas cotidianas que los adultos enseñamos a los niños y después nos olvidamos de haberlo hecho, así como tampoco recordamos lo difícil que fue aprenderlas cuando nosotros éramos chicos. Para ese tipo de habilidades, las abuelas tienen una paciencia especial y mi madre en ese tema fue siempre tan excepcional como su propia  madre lo había sido conmigo cuando me enseñó las mismas cosas, o parecidas en mi lejana tierna infancia.

Personalmente, recuerdo que el tema del lacito del zapato me costó mucho,  lo de soplar, confieso que hasta hoy se me olvida y me quemo de vez en cuando y como bordadora, reconozco que soy un auténtico desastre.  Mi hija es mucho más inteligente que yo y pronto superó esas etapas, sin embargo y sin que nadie lo sospechara, pasó años preocupada en secreto con el asunto de los saludos.

Ella, tuvo durante años un gran lío con lo que era derecha e izquierda, gracias o de nada, los días de la semana, y algunas otras cosas que los niños a veces confunden. Cuando te pisaba te daba las gracias toda compungida, si la ayudabas a cambiarle las pilas a un juguete te decía de nada y te pedía perdón cuando le servías otra bola de helado, pero definitivamente su talón de Aquiles y su tormento secreto, eran los saludos y los familiares.

Tiene, hasta hoy, una enorme dificultad para identificar a los parientes. No consigue recordar qué es exactamente ser un primo o un tío abuelo, y menos aún cual es la diferencia entre yerno y cuñado, sin embargo eso nuca la preocupó demasiado porque vivimos en otro país, lejos de nuestra familia, desde hace muchos anos y nunca encontramos a nadie que haya que identificar correctamente como familiar en primer o segundo grado. Por otro lado, a esas personas, caso las tuviéramos más cerca, se supone que las saludaríamos con un beso y no estrechándoles las manos y eso le quita mucho "stress" a la posibilidad remota de encontrarse a un primo lejano o cercano, los nuestros están todos lejísimo, en España o en Francia, fuera del alcance de nuestros errores genealógicos.

Por supuesto sí se ha visto  en la coyuntura social de tener que saludar a unos cuantos amigos o de ser presentada a algunos desconocidos y esto la tenía cada vez más preocupada. El "peligro" inminente de verse obligada a estrechar manos se incrementaba al ir creciendo, ya que en Brasil a los niños se les saluda con un beso, un abracito o con una caricia en la cabeza sin demasiadas formalidades, pero al convertirse en señorita, cada vez era, y es, más común que las personas pretendan saludarla tendiéndole la mano.

Esto la tuvo muy preocupada, sin que nadie en casa lo supiese, hasta que un día me confesó el miedo que le daba pensar que en cualquier momento, se encontraría (sin duda) con una de esas personas destinada (inevitablemente)  a saludar con la mano derecha como ella, y entonces... ¿qué pasaría?

La verdad es que yo ni supe qué responder porque no entendía nada  de lo que me estaba diciendo y usé el tradicional recurso del repíteme la pregunta, hija, por favor, mientras buscaba en mi memoria maternal ancestral algún evento relacionado con personas destinadas a saludar con determinada mano como una especie de designio ineludible de algún sino cruel, maldición o hechizo, pero nada conseguía recordar. Así que reformulé la pregunta;

-  Hasta ahora, ¿Cómo ha sido, hija?
- Hasta ahora, por suerte, todos los que me ha tocado saludar, saludaban con la mano izquierda. Por eso funcionó - respondió ella muy firmemente, para mi mayor consternación- Todos me dieron la mano contraria a la mía y funcionó.

Lo de la mano contraria me empezaba a dar una pista de por dónde iban los tiros, así que le dije:

- A ver, ven, ponte delante mío y estréchame la mano como si nos saludáramos.

Mi hija se plantó delante de mí, muy formal, pies juntos, frente a frente y me tendió su manita derecha. Yo le tendí la mía, estreché la suya y sin soltarla le pregunté:

- Preciosa mía, ¿con cual mano mía te estoy saludando?
- Con la izquierda, por eso sale bien - respondió ella sin dudarlo- pero ¿qué pasará el día que tenga que saludar a alguien que use la mano derecha como yo? ¿Chocarán las manos? ¿Cómo la persona va a saber que yo también tengo que saludar con la mano derecha?

Ante aquella sucesión de preguntas surrealistas comprendí que la confusión que ella sentía provenía, en parte, del enredo que se hacía con las derechas y las izquierdas y en parte de su despiste al no percatarse de que estar frente  a un espejo, no es lo mismo que estar frente a otra persona y que la mano derecha que  movemos frente al espejo, y vemos reflejada, no es la misma que mueve otra persona cuando ambas mueven "la derecha" al saludarse.

Así que sin soltar su mano me fui moviendo hasta quedar paralela a ella, y entonces le dije:

- Atención, fíjate ¿Cual es tu mano derecha?
- La que te está dando la mano.
- Bien, y ahora ¿cual es mi mano derecha?
- Pues... -Por un momento casi dudó, y señaló mi mano izquierda, pero enseguida cayó en la cuenta- La que me estás dando - completó-.
-¿Entonces? Las dos hemos extendido la mano derecha. Todas las personas dan la mano derecha porque así está combinado para que funcione.
- ¿Y todas lo saben?
- Sí, todas lo saben.
- ¿Nadie da la izquierda?
- Nadie
- ¿Todos la derecha?
- Todos
¡Que alivio!

Su alegría era evidente:

- Mamá, 
¡Que bien pensado está todo!
- Si hija, muy bien pensado, el tema de los saludos lo inventó un genio. 

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Ya hace años que mi hija entendió (por fin) que no hay personas destinadas a estrechar una determinada mano (y no otra) a la hora de saludar, aprendió las diferencias básicas entre derecha e izquierda y comprende como funcionan los reflejos. Todavía quedan otras muchas cosas incomprensibles para ella y mucho más difíciles de explicar para mí. Algunas, incluso, ni yo misma las entiendo y sólo puedo ayudarla a soportarlas.

Los parientes siguen lejos y con la poca familia que tenemos, los contactos son virtuales, y aunque diarios, son sin besos ni abrazos. Nos quedan cuatro años de distancias antes de poder regresar, pero por suerte, nos tenemos una a la otra para ayudarnos a enfrentar lo que nos quede por delante.

Te quiero mucho hija💜
Gracias por ser, siempre, motivo de felicidad y de orgullo.


Isabel Salas