viernes, 20 de enero de 2017

AMANECER


Amanecer en la playa se parece mucho a despertar contigo.

Tu piel tiene el color de la arena mojada, la mía el de la espuma y juntos, pintamos la marea con tonos anaranjados que calientan el día.
Amanecer contigo se parece mucho a despertar mecida por las olas, suaves, impetuosas y llenas de caricias.

Isabel Salas

jueves, 19 de enero de 2017

CUARTO 1301



Escribo a veces para todos, para cualquiera, para nadie en particular, y cada palabra es una piedra lanzada al lago sin apuntar a ningún pez, sin instintos asesinos ni destinatario.

Otras te escribo a ti.

Escribirte convierte cada palabra en un misil lleno de lagos, de peces, de intenciones y de flores, todas apuntan hacia ti y todas quieren ser letales porque a veces, hay demasiadas cosas vivas a mi alrededor, y ninguna eres tú y no me sirven.

Intento no hacerlo, quiero ser buena como me enseñaron de niña y hablarle al mundo de las margaritas psicólogas y del arrullo del mar cuando juega a ser paloma, pero las margaritas desdentadas no me interesan y el mar sólo sonaba bien contigo dentro. 

En aquella cajita de madera tallada que me regalaste aún guardo el ruido de las olas junto a la llave que robaste en el Hotel Paris aquella Navidad. Me dio miedo y sentí vergüenza, pero dijiste que la devolveríamos el día que me la cambiaras por la de nuestra propia casa, que diríamos que en un descuido  la habíamos guardado en la maleta y pediríamos disculpas.

Me convenciste, como me convencías de todo.

Nunca te conté que con el tiempo, y pasado el susto,  mi plan secreto era devolver la llave y conservar el llavero para nuestra casa. Tampoco sabes que el Hotel cerró y ahora en su lugar hay un aparcamiento adyacente a un centro comercial. 

Hace unos meses pasé por allí y mi corazón casi se para al mirar el aire vacío de hotel, de ti, de mi y nuestro cuarto. Saber que estaba allí me hacía pensar que guardar la llave era una manera de garantizar tu regreso.

Ayer volví al mar, a contarle mis cosas y a lanzar nuestra llave. La lancé como esas palabras que no son para nadie y disparo a veces dentro de los poemas que no tienen destino, pero no fui capaz de deshacerme del llavero.

Aquí sigue conmigo, esperando la llave que me prometiste.

Isabel Salas




lunes, 16 de enero de 2017

NAVEGAR



Desde pequeña me gusta pensar en el agua.

Beberla, nadar en ella.

Decían en la escuela que no tiene olor, color ni sabor, pero es mentira, hay aguas con sabor a piedras, a excursión de escuela o a flores y las hay que huelen a agua de nevera o de bautizar paganos.

Otras son especiales, por ellas navegas cuando alguien te dice que te ama y lo crees, están en el cielo donde todo es posible.

Sólo los besos pueden elevarte hasta ese mar entre las nubes, y allí, el agua, por fin, sabe a paz.

Isabel Salas



VEINTE AÑOS




Hace veinte años, a esta hora, yo estaba en Campinas, una ciudad del estado de Sao Paulo, comiendo un enorme plato de pasta porque mi ginecólogo quería hacer una monitorización fetal y por lo visto después de comer las embarazadas sus bebés se mueven más.

La hicimos y la niña estaba bien. A pesar de tener una vuelta de cordón alrededor del cuello y de mi ansiedad porque desde hacía varias horas sentía que se "movía menos", todo indicaba que en pocas horas empezaría el parto y aunque yo estaba muy preocupada le pregunté lo más sencillo, "si fuera tu hija, esperarías a ver como se presentan las cosas o harías una cesarea?"

Él dijo, yo esperaría.

Decidí confiar en él a pesar del miedo y de la preocupación por aquella vuelta de cordón. Regresé a casa con mi marido y mi hermana y como dijo el doctor, a las pocas horas empecé con las contracciones y a las ocho de la noche estaba llegando al hospital.
Un poquito después de media noche nació mi hija mayor, sin anestesia ni nada porque me dan miedo las inyecciones y me pareció mejor estar espabilada y atenta para poder empujar con ganas y terminar antes.

Mi hija hoy es una mujer de la que me siento muy orgullosa, una persona a la que amo y admiro mucho. Como hija me ha dado muchas alegrías y poquísimos disgustos y como hermana es la alegría de mi hija menor, que ve en ella un ejemplo a seguir y alguien a quien admirar. Ver el amor que se tienen es mi mayor fuente de satisfacción, incomparable a ninguna otra cosa.

Ayer pasamos un buen rato juntas, uno de tantos, uno de los muchos que hemos vivido y que viviremos, sin más, sin alardes, sin que nada sea más especial que el simple hecho de estar cerquita, sea en el mercado, en casa o en la heladería.

Mañana ella celebra su cumpleaños, hoy lo celebro yo, pues le llevo de ventaja el tiempo que la amé antes de nacer, sin saber como era o como serían sus ojos.

Veinte años no son nada, eso ya lo sabemos todos los amantes del tango, pero cuando son el tiempo de vida de un hijo, veinte años es TODO.

Os dejo la cancioncita de Serrat sobre los hijos y lo mucho que se quieren y una foto con mi niña hace muchos años en un paseo que hicimos al río Tieté.







viernes, 13 de enero de 2017

NARANJAS



No sé si aún te quiero.

Sé que te quise y tú lo sabes, te quise mucho y tal vez es verdad, como dices cada vez me vienes a ver, que una parte de mí nunca dejó de amarte. No sé negarlo ni tengo argumentos para discutir.

Me siguen gustando las naranjas y me gusta verte llegar cada semana cargando una bolsita llena y esa sonrisa con la que dices "vitamina C", como si bastase invocar el poder sagrado de las vitaminas para olvidar estos años lejos de ti y regresar, como me pides, a tu corazón, como quien vuelve a casa.

No sé donde se fue el amor, si está dormido como tú dices y se despertará como se despiertan los amores a fuerza de besos, o si se terminó y nada podrá hacer que brote el tronco seco que ya gastó todas las lágrimas llamándote a gritos en cada orgasmo lejos de ti. No sé mentirte, amor, me enseñaste a decirte siempre lo que sentía y así sigo, desnudando mi alma cada vez que te hablo, y confiando siempre en la inmortalidad de la pureza.

No se puede volver al pasado, dices, pero se puede leer el mismo libro años después siendo más sabio y tal vez sea verdad, pero mi libro ya no es el mismo, tiene más capítulos que cuando lo leíste y no todos son fiestas de cumpleaños. 

Tal vez debas leerlos todos, dejarme hablar, sin decir que no importa. Debo contarte todo lo que pasó para estar bien segura de que sabes quien soy. Quien soy ahora y no quien fui, en quien me transformé.

Entonces tal vez, cuando de verdad me mires con los ojos de ahora y yo sepa quien es el hombre que hoy me escucha, merezca la pena regresar a ti, sabiendo adónde voy y tú quién soy.

Es cierto que tus besos siguen sabiendo rico, que Montaner sigue sonando mejor en tu coche que en cualquier escenario y que mi sonrisa sigue entrando enterita en la tuya cuando me muerdes, pero no basta eso para que las naranjas hagan milagros y anuden nuestras almas reatando los lazos que se desbarataron.

La vitamina C necesita su tiempo para actuar, y como sabes, tiempo me sobra y naranjas nunca te faltaron.

Mi zumo, ya lo sabes, con hielo y sin azúcar.

Isabel Salas

martes, 10 de enero de 2017

EL TIEMPO


El tiempo pasó,
 y tú, 
con él, por fin,
 pasaste.

El amor pasó, 
y nosotros, 
pasamos con él.

Pasamos,
terminamos,
ya no estamos.

Como el viento, mi amor, 
que pasó
y me llevó con él.

El amor que era tuyo,
se fue, se terminó, 
se ahogó, 
lo eliminaste.

Como el agua del río
dañina y corriente
arañaste la roca, me dañaste,
me heriste, me olvidaste
y te fuiste.

Puñal 
que pasó por mi alma
cortándola en dos, 
así me partiste, 
sin dudar 
ni sentir mi dolor,
antes de irte.

Pero ya se olvidó.
Como el aire, 
pasó.

Como pasó el  dolor 
o el temblor 
de mi piel.

 Como mis lágrimas,
que pasaron rodando.
rodaste,
 te marchaste.

Ya no sé que decir
ni cuando pasas cerca,
yo que te amaba tanto.

Yo,
que siempre te hablaba, 
sé que ya no te amo
como te amaba.

Ni mis palabras, ni yo
ni mis derrotas,
quieren hablar contigo.

El tiempo ya pasó,
y con él admití,
que te llevó consigo.

Acepté que a pesar,
 de ser parte de mí,
tú ya no estás conmigo.

Isabel Salas

jueves, 5 de enero de 2017