domingo, 17 de diciembre de 2017

PALOMITAS







No es novedad estar tan triste, ya estuve triste antes y antes de antes. Lo que es nuevo es estar así. Profundamente derrotada y no poder buscar consuelo en ti. Es una gran novedad que me cuesta gestionar. 

Ahora, cuando un dolor aprieta y quiero correr, ese acelerar el paso no es para buscar tu abrazo o tu consuelo y eso me desorienta pues mi primer impulso es buscarte y enseguida el segundo es frenar en seco esas ganas de hablarte, cerrar la boca para  que tu nombre no salga y me caiga a los pies como una paloma de la paz muerta por fuego amigo.

Hace meses que corro al contrario, como un río corriendo tierra adentro, huyendo de tu voz, de tus palabras y del montón de recuerdos y momentos felices que nos ataron de tantas maneras y en cierto modo me sale bien, huir del pasado, y de todo lo que me recuerda a ti.

Es fácil, lo difícil es huir del futuro.

Lo del futuro y especialmente todo lo que tiene que ver con hacer planes me sale mal amor, no es que no quiera hacerlos, es que no sé como hacer un maldito plan de nada que no te incluya. 

Soñar despierta pierde la gracia cuando llego a la parte del sueño donde necesito una mano para imaginarla yendo de la mía al caminar por la playa o acariciando mis pestañas después de hacer el amor. Se me hace un nudo en la entrañas del corazón, aunque me aguanto y no lloro.

Las lágrimas las dejo para cuando imagino quien sujetará el paquete de palomitas en el cine.

Isabel Salas

COSAS IRREPARABLES




Todos los cabrones dicen lo mismo, parece que hicieran un curso antes de nacer. Aunque yo tuve mala suerte, el mío nada de flores ni de "te quieros" , lo máximo que preguntaba después de la borrachera es "Si había ocurrido algo irreparable"... y sí.

Rompió mi confianza de forma irreparable. El corazón se arregló, otros besos me hicieron olvidar los suyos, otros abrazos, la frialdad de sus brazos. He vuelto a aprender a beber cerveza sin taquicardia y a brindar y reír sin miedo a que mi compañero no sepa parar y beba hasta volverse loco y convertirse en un monstruo que empieza a reventarlo todo, empezando por los muebles y terminando por mí.

Se han reparado mis ojos, que lloran mucho menos y mis pulmones que ya respiran mejor. He tardado años en reparar mi capacidad de enamorarme y mi desconfianza a la hora de dar mi opinión por el miedo de escuchar que no entiendo nada o que soy una bruta con el cerebro lleno de grasa. He recuperado parte de la confianza en mí misma y mis deseos se atreven de nuevo a manifestarse sin miedo a ser criticados.

Lo único que no se reparó es la confianza en él, eso sí es irreparable y por suerte es así. 

Es mi seguro de vida.

Isabel Salas






martes, 5 de diciembre de 2017

JUGUEMOS

Si no quieres jugar
guardo mis indios en su cajita,
pero si quieres...
saca los tuyos. 

Todos.
Como yo.

Isabel Salas