miércoles, 20 de septiembre de 2017

ESPEJISMOS


Tanto quise creer que eras mío, que lo creí a pesar de todas las evidencias en contra y todas las advertencias del mundo, de las amigas y del sentido común.

Miraba ese castillo encantado flotando en el calor del desierto y no comprendía que en los corazones desiertos, como el mío, los espejismos se clavan como si fueran agujas de verdad y no sombras flotantes temblorosas y calientes.

Como chinchetas en la manzana se clavan.
Como tú en mí, así aquel espejismo bonito se clavó en mi alma.

Yo me sentaba a mirarlo mientras tú te ibas al cine a ver otros espejismos más sofisticados, enlatados... fabricados por otros corazones más poblados y felices.

Más profesionales.

Tus palomitas eran de verdad y tu refresco, el perfume de la sala, el aire acondicionado y el asiento mullido, todo de verdad. Lo mío todo inventado por mí. Sin sala ni fresquito, sin asiento y sin entrada, pasé horas soñando con la película que yo misma rodé, dirigí y protagonicé contigo.

Sólo mis palomitas eran de verdad, como las tuyas.

Caseras, recién hechas y con el punto perfecto de sal.

Isabel Salas

lunes, 11 de septiembre de 2017

SOLDADOS FRÍOS



Algunos hombres han pasado tanto frío que nunca más encuentran la manera de calentarse del todo.

Eso me dijeron varios, especialmente algunos, que fueron soldados en guerras lejanas o cercanas de las que yo no participé directamente pero que conocí a través de ellos. Con el tiempo, aprendí que es cierto y que ellos nunca se calentaban completamente, la mirada, las manos, el alma o el corazón permanecían guardando la perla de sangre helada.

He visto como el frío, que un día se instaló en ellos, los invade de mil maneras en las horas más inesperadas, cuando los demás creemos que ellos han pasado página sin comprender que en todas las hojas está escrito el mismo renglón. La malaria mal curada de hielo y pesadillas, vuelve una y otra vez, siguiendo un ritual maldito que los obliga a temblar y a llorar. He sentido a su lado esa ráfaga helada que viene a envolverlos con otros fríos de noches en el monte, de muerte, de amigos desangrados y de enemigos que aún les piden en sus pesadillas que no los maten.

Mi vida ha estado rodeada de soldados y guerrilleros sin que yo haya hecho nada por buscarlos o por preferirlos entre otros hombres. Desde mi suegro, que luchó en la guerra civil española y que después se quedó en el monte muchos años con los maquis intentando resistir románticamente al fascismo de Franco,  hasta otros, de varios países, que por circunstancias diferentes han hecho parte de mi vida por días o años y han sido mis parejas, mis amigos, o sólo aves de paso que han parado unos minutos en mis cables para hablarme de lo frías que son las noches de las batallas en las que les tocó luchar y de como ese tremenda frialdad forma ahora parte de ellos.

Todos me han hablado del mismo modo con las mismas palabras y las mismas lágrimas en la voz, todos dicen, cuando están sobrios, que ellos estaban allí pero nunca mataron a nadie, y todos hablan de la mirada en los hombres que mataron, cuando están borrachos, y siempre es la misma mirada. 

Me la han descrito voces diferentes que han estado en diferentes guerras, en diferentes años y en diferentes sitios y es siempre la misma: la mirada de la persona que sabe que la vas a matar y que pasa del odio o del miedo al estupor y a la fraternidad pasando por el entendimiento y hasta el perdón en muchos casos y todos han dicho antes o después que el frío parido por esa última mirada es un escudo que los aísla del resto de las personas, un manto pesado que los mata poco a poco y no los deja calentarse del todo jamás.

Recuerdo una espalda llena de metralla y la curiosidad de mis dedos cuando por primera vez tocaron aquellos pedacitos metálicos a través de la piel en una tarde de amor. El hombre que me abrazaba me mintió, dijo que eran cachitos de vidrio consecuencia de un accidente y que no merecía la pena extraerlos, y yo, que tengo una tendencia suicida a creer las mentiras de los hombres que amo, lo creí como creía que él no mentía o que nuestro amor era la prueba viva de que Ricardo Montaner era un enviado divino para hacer la banda sonora de nuestro amor eterno.

Cuando quiso contar la verdad y me habló de las bombas y de la cárcel o de las torturas, ya había contado tantas mentiras que Montaner no resistió y se fue con su sillón de la paz, sus ganas de acariciar y sus habitaciones vacías a colgar pasiones en otras paredes llevándose un pedazo de mi alma que hasta hoy no recuperé.

Recuerdo que el dueño de aquella metralla me dijo que lo peor era saber que las bombas no miran a los ojos de nadie y no escogen a quién reventar con más piedad, tampoco olvido cuando paraba el coche para pedirme que lo mirara un ratito o me despertaba de madrugada para mirarme con sus ojos negrísimos de carbones brillantes hasta que llorábamos los dos y enseguida me preguntaba que canción quería escuchar.

Se levantaba, y desnudo, me cantaba lo que le faltaba a nuestras vidas, haciéndome soñar con caminadas bajo la lluvia mientras yo besaba sus barcos y sus flores con mis gotitas de colores. Como cualquier hombre enamorado, desafinaba sin pudor jurando amor eterno, estiraba las noches y llenaba de magia nuestro mundo, convirtiendo la metralla en estrellas durante el tiempo que el sueño nos duró.

Perdimos la batalla y el frío ganó, el frío que le impidió confiar en mí, que lo hizo mentir y que nunca lo dejó estar caliente a mi lado y sentir la paz que tanto buscaba y que yo le ofrecía a chorros.

Llegaron otros amores después de él, otras noches de abrazar y cantar, y otros guerreros. Hay una que me marcó mucho, con ella sueño hasta hoy en mis pesadillas: la noche en que otro de esos soldados soñó con el frío estando en mi cama. Me despertaron sus manotazos y sus sollozos. Temblaba mucho y mi primera intención fue cubrirlo y acercarme a él para calentarlo. Me llamó la atención que gestos tan rápidos y agresivos viniesen acompañados de un llanto mansito de niño castigado y sin reflexionar demasiado me intenté acoplar a su cuerpo para calmarlo. Él estaba en plena pesadilla soñando que lo mataban  y al sentirse tocado, aún entre sueños reaccionó golpeándome y tratando de estrangularme.

Se defendía, no me atacaba, lo entendí así y reaccioné instintivamente quedándome flojita, sin ofrecer resistencia, calculando científicamente cuanto aire tendrían mis pulmones y si resistiríamos el tiempo suficiente para que él se diera cuenta de que yo no era el enemigo, ni estaba oponiendo resistencia ni quería hacerle daño.

Noté que no reaccionaba y me arriesgué a moverme un poco. Rocé su rostro con la mayor suavidad posible pensando que no estaba funcionado mi estrategia de supervivencia y que me quedaban muy pocos segundo antes de desmayarme. Al toque, él abrió los ojos y me miró. Aunque sus manos aún estaban apretando mi cuello, la presión cesó instantáneamente y se convirtió en una caricia desesperada que nunca olvidaré. Mientras sus labios pedían perdón mil veces yo no podía hablar, él lo notó y me sopló aire varias veces como se hace con los ahogados, me trajo agua, me mojó las muñecas y me preguntó que podía hacer para que yo me sintiera mejor.

Sin dudarlo le pedí:
- Cántame la canción que más te guste.

Y él cantó.
Abrazados los dos me cantó una de Edih Piaf que habla sobre no arrepentirse de nada ni lamentar el bien o el mal que hayamos cometido pues todo está olvidado y nada importa más si somos capaces de empezar de cero.

Cuando terminó, él me dio las gracias por ser tan buena y me explicó que la única cosa caliente que nunca se enfriaba eran las lágrimas. Ese día pensé que yo había vencido, por fin, al frío maldito que se lleva a mis hombres, pero no, sólo se retiró a un rincón y regresó meses después a convidar a mi soldado a unos tragos que hicieron que sus manos quisieran golpearme incluso sin estar soñando.

Después de muchos días bebiendo dejé de parecerle buena y me convertí en el enemigo a ser aniquilado. Golpes, insultos, humillaciones y el dramático final de los adioses que huelen a cerveza.

Siempre pierdo las guerras.

El frío siempre se lleva a mis soldados lejos de mí y me recuerda que algunos hombres han pasado tanto frío que nunca más encuentran la manera de calentarse del todo.

Al menos no conmigo.

Y la culpa es de mis ojos, que miran demasiado cuando me están matando.

Isabel Salas

Del libro TE CONTENGO
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CONMIGO


Y yo, 
que nunca quise ir a la guerra, 
tuve que organizar una 
para no morir.

Tuve que hacerme
guerrillera en la sierra,
aprender a luchar
a la luz de la luna
y entender que es la muerte
quien te enseña a vivir.

Yo, que mecí tu cuna
y te llevaba al parque,
tuve que hacerme fuerte,
y entender que cuidar,
también es combatir.

La lista del mercado
se llenó de palabras
de lucha y de disputa,
y por eso hay quién diga
que más que una mamá,
enloquecí,´
perdí el control
y soy sólo una puta.

Cambié las nanas
por canciones marciales
letras de amor
por músicas paganas,
y regresé a la escuela,
para cursar nuevas asignaturas,
que me permitan,
defender tu tutela.

Y allí,
entre oficinas y jefaturas,
aprendí muchas cosas.

Que no estoy sola, 
que somos miles,
que las espinas 
preceden a las rosas.

Y mientras digas,
"mamá, 
yo quiero estar contigo"
lucharé con quién sea
para que estés conmigo.

Isabel Salas




viernes, 8 de septiembre de 2017

ABRAZO AÑEJO


Para las penas viejas,
poemas nuevos,
y renovadas 
flamantes buenas caras
para los malos 
tiempos longevos.

Nuevas ovejas
cantando el mismo salmo,
gritando el mismo amén,
para que nada obstruya
el chorro de aleluya
que bebe el palafrén.

Y en cada nueva muerte,
el mismo rostro triste
de cadáver inerte.

Inocencias frustradas
esperanzas podridas,
convicciones perdidas.

Y el mismo canto,
sumiso canturreo
que agradece el espanto
a esos crueles dioses
que imponen las llegadas
y los adioses.

Lo nuevo nace 
para hacerse viejo.

Por un instante
se abrazan ambos
en un abrazo añejo.

Y se despiden
desconsolados,
sin entender
porque nacen y mueren,
abandonados.

Isabel Salas





domingo, 27 de agosto de 2017

PAZ Y RISAS


No es tanto pedir, después de haber vivido ya más de la mitad de la jodida vida, un poquito de paz. 

Ni siquiera toda la paz del mundo, no soy Miss Universo, para desear esas paces mundiales, tan lindas, tan con bikini y tan cuerpo perfecto. Yo me conformo con una paz chiquita que rodee mi cuerpo como un escudo protector, y que funcione, que realmente funcione y me proteja de parte del mal universal, como un planeta de película con su escudo activado gracias a la acción heroica del protagonista. El valiente guerrero que cuando faltan tres segundos para que sea disparado el rayo cósmico destructor de planetas, y a riesgo de su propia vida, consigue la clave alfanumérica que reactiva el bendito escudo magnético segundos antes de que los aliens disparen.

Alguien me dijo una vez que él estaba en mi planeta y yo me lo creí. No fue a la primera, tuve que hacer un gran esfuerzo, creerme aquella frase letra por letra, una a una cada sílaba y usar aquella convicción para matar el miedo de creer en cosas grandes que me desbordan dentro. Tardé un buen tiempo, pero al fin lo creí todo. Sin dudar, sin luchar, sin esperar el mal, creyendo que él sabría activar el escudo cuando llegase la hora.

Y no.

Cogió su nave, se alejó de mí y lo que activó fue el rayo cósmico destructor de planetas y de corazones. La clave alfanumérica voló por los aires, con la clave de sol y todas las canciones.

Quedó el silencio muerto de vacío total que queda cuando el sombrero mágico se traga las palomas y así estoy ahora, flotando en el vacío esperando el nuevo Big Bang que recomience todo, y espero, como no,  que esta vez sea verdad cuando me digan que están en mi planeta.

Que sea verdad y el guerrero luche por encontrar la clave.
Que sea verdad, y el escudo funcione.
Que sea verdad, muy verdad y, por fin, se sienta la paz y se oigan las risas.

No es tanto pedir.
Si te fijas bien, es bien poquito.

Isabel Salas


sábado, 19 de agosto de 2017

CARTA DE AMOR



Me gusta saber que aún vivo en tu memoria, hace que me sienta bonita de nuevo, sonriente, juguetona, suave y feliz. Me reconcilia con el mundo, me ilumina por dentro y vuelvo a sentir esa gratitud cantarina  que me habitaba cuando eras parte de mi vida.

Dicen que los grandes amores son eternos, y debe ser verdad, porque yo también siento que aún vive dentro de mí el mismo sentimiento que me inspirabas. No está menos resplandeciente ni más ajado, está intacto, igual de precioso, idéntico a como era y a como sé que será cuando pasen más meses y más años.

Las circunstancias nunca estuvieron de nuestro lado y sin embargo tuvimos la suficiente sabiduría para amarnos de aquella manera inesperada, improvisada y sin promesas que nos permitió ser parte uno del otro durante el tiempo aquel que duró lo que tal vez nunca debería haber empezado.

Recuerdo el primer beso, y sin embargo no recuerdo el último, recuerdo tu olor y el tacto de tu pelo, tu sonrisa, tu altura y el color de tus ojos, pero olvidé otras cosas menos importantes como lo último que hablamos, que ropa llevabas o que día era.

Dicen que los grandes amores son para siempre, y pase lo que pase siguen vivos mientras estemos vivos nosotros y debe ser verdad. No recuerdo haberte dicho nunca que te quiero, al menos no con palabras aunque sé que mis ojos te lo gritaron más de una vez y mi piel te lo demostraba cada vez que la tocabas, sin embargo, recuerdo una vez, en mi patio, en que casi te lo dije y antes de que terminara de abrir la boca me pusiste un dedo en los labios para que no lo hiciera. 

Los dos fingimos no notar mis lágrimas cuando me dijiste que no me enamorara, que no eras bueno y yo, que no tuve el valor de decirte que ya era tarde, me he preguntado muchas veces, que habría pasado si ese día te lo hubiera dicho en vez de hacerte caso. Me gustaría saber que habría pasado si en vez de llorar te hubiera dicho que ya te quería.

Dicen que los grandes amores son imborrables y el mío por ti, hubiera merecido pasar a la posteridad con un "te quiero" al menos. Un "te amo" chiquito, de esos que casi no se oyen pero impregnan el alma con su eco para poder oírlos el día de mañana, y que nos calienten cuando la soledad nos haga sentir el frío maldito de la ausencia.

Dicen tantas cosas de los grandes amores... y ninguna se parece a las que digo yo cuando tu nombre se acerca a mis labios y me quedo con ganas de dejarlo salir, para saborearlo una vez más como lo hacía antes de besarte.

No entiendo mucho de grandes amores, pero sé que te quiero como siempre te quise. No sé si mi amor es grande como deben ser los grandes amores esos tan comentados. Dicen que son infinitos, perpetuos, perennes como las hojas imbatibles, el mío, tal vez no llegue a tanto, pero me gusta saber que aún me recuerdas y que me lo digas, me hace sentir de nuevo ganas de agradecer por haber sabido amarte cuando lo pude hacer.

No sé si lo bastante, o si lo necesario, pero te amé y te amo como lo puedo hacer, a mi manera, sin alardes ni gritos, sin cobranzas ni celos, sin decir que te quiero pero sabiendo que sabes que lo hago y sé que tú también.


Isabel Salas






domingo, 13 de agosto de 2017

ES LEGAL SER INMORAL


Ya no hay Tierra Libre, no quedan islas desiertas ni Oestes salvajes.

Ni un sólo rincón se salvó de ser invadido por la mediocridad burocrática y pegajosa de los Servicios Sociales. El manto gris de las leyes absurdas nacidas de las mentes dogmáticas de nuestros amados políticos, cubre toda la tierra.

Es legal que el violador de mujeres se case con su víctima para evitar la cárcel, y también lo es que maten a pedradas a la adúltera. Es legal que una psicóloga vengativa y estéril le arranque el bebé de los brazos a una madre desempleada para entregarlo a una familia de acogida. Está dentro de la ley que una mujer maltratada durante años, se arrepienta de haberse separado cuando constate que sus hijos deberán convivir con su verdugo lejos de su amparo, pues la ley ha decidido que nada impide a un marido golpeador o insultador ser un excelente padre, y la ley nunca se equivoca.

Es completamente legal que los jueces entreguen niños violados a sus violadores para curarlos del falso síndrome que inventó un pedófilo llamado Richard Gardner hace unos años en EEUU, un médico sin escrúpulos, secundado por psicólogos inmorales, que se enriquecieron y se siguen enriqueciendo vendiendo niños a sus torturadores mientras etiquetan a sus madres de locas por denunciar los abusos.

Es legal y eso no quiere decir que sea moral, simplemente que es legal, como lo son y lo fueron tantas cosas.

Aconsejan a la mujer a denunciar los malos tratos, y cuando lo hace le quitan sus hijos por hablar mal del hombre que les arruinó la vida a ella y a sus niños, acusada de alienación parental, y si no lo hace se los llevan los servicios sociales acusándola de cómplice.

Mi conclusión es que así como lo cortés no quita lo valiente, lo legal no quita lo inmoral y echo en falta un pedacito de Tierra Pura, libre de esta locura, un pedacito dónde empezar de cero sin tener que luchar con mis fuerzas de hormiguita contra este Goliat perverso y cruel que se llama sistema, como podía llamarse infierno o manicomio.

Isabel Salas

domingo, 6 de agosto de 2017

VIVO


HOME


Hace tiempo que no voy dónde quiero, sino donde tengo que ir. 

Las circunstancias y las venganzas de un cierto indeseable, así lo ordenan, y yo, que detesto mentir, le pongo al mal destino buena cara y le sonrío, me sonrío, nos sonreímos y nos concentramos para juntos, conjugar el verbo sonreír desde todos los ángulos imposibles y en todas las direcciones posibles.

Por dentro, sin embargo, pienso que las circunstancias son unas perras malditas sin sentido del humor y que no merecen ese esfuerzo, la única persona que lo merece es la dueña de la manita que se entrelaza con la mía para cruzar las grandes avenidas mientras nos dirigimos, sin ganas, a esos destinos indeseados.

Recuerdo otros momentos, cuando yo decidía en qué cama dormir, en qué tren subir y dónde bajar. Sin horarios, sin explicaciones, sin prisa, sin nadie esperando en casa, sin teléfono celular, sin ruedas en las maletas, sin internet, sin reptilianos, sin vídeos de gatos ni gafas de cerca ni  hijos.

Eran otros tiempos, otras circunstancias, otros cielos, otros zapatos.Todo era otro, hasta yo misma era otra.

Hoy en día, cuando mí teléfono me pregunta dónde quiero ir, y mi red social se interesa por lo que estoy pensando, me quedo analizando en como han cambiado las cosas y en lo absurdas que parecen a veces,  cuando la pregunta más cariñosa del día te la hace el programador de una aplicación a quien nunca verás y la más absurda, una psicóloga que no te conoce de nada y a quien le importas menos aún, y que ni intenta poner cara de inteligente para esconder el tedio que le producen tus respuestas.

Me vienen a la cabeza una lista de interminable de lugares a los que no deseo ir y a los que somos arrastradas mis hijas y yo por las circunstancias y sólo se me ocurre uno a donde sí me gustaría ir: "a casa".

Y no esa casa de tejas y ladrillos situada en la calle tal número cual, sino a la casa esa que los ingleses llaman home y que yo identifico con ese estado de espíritu que te invade cuando te levantas sin miedo, vives sin temer al nuevo golpe que la jornada te tiene reservado y te vas a dormir en paz.

Ese estado de "hogar" dónde cuando tu niña te pregunta dónde vamos, le puedes responder con tu mejor sonrisa:

- Dónde tú quieras, preciosa.

Porque no hay circunstancias endiabladas, propiciadas por un indeseable, que le obliguen a arrastrarla  a lugares dónde nadie quiere ir.

Isabel Salas





miércoles, 2 de agosto de 2017

EL PORTAZO




















Sonó como un tiro con eco para los vecinos, pero para ella fue el cohete de fiesta que celebraba su libertad. Él se había ido por fin. 
Aleluya.

Isabel Salas










miércoles, 26 de julio de 2017

PENSAEMAS


Me sigue gustando la palabra "pensaema" tanto como el día que la usé en mi primer libro para tratar de ponerle un nombre a mi trabajo y evitar debates. Mi intención siempre fue prevenir las discusiones (adivinadas interminables) que podrían surgir sobre si lo que yo hago es poesía o no, literatura o no, arte o no, bueno o no.

No es que no me guste discutir sobre determinados asuntos (que me gusta), es que no le veo interés a este tema en particular. Como lectora, he tenido y tengo mis preferencias y no las discuto. Cuando decido pasar unas horas leyendo escojo lo que me apetece leer en ese momento, sea poesía o prosa, sea con ganas de estudiar y aprender o simplemente por relajarme un rato y disfrutar. Lo mismo abro mi carpeta de pdf´s pirateados, para leer algo de ken Follet que tomo un libro de papel entre mis manos (sin ninguna parafernalia litúrgica  ni integrista), y leo lo que tengo a mano porque algunos días me da lo mismo leer en portugués que en español y otros no.

Leo sin culpa y sin pedir perdón y tengo mis preferencias personales que con los años han ido cambiando para peor o para mejor según los momentos, mis circunstancias personales, mi ubicación geográfica, la edad de mis hijas, el tiempo disponible, las lecturas que me recomienda el hombre amado y otros muchos factores tan importantes o tan chorrada campestre como los enumerados.

Es inevitable que lo que escribo, a algunas personas les guste mucho y a otras nada, que algunos lloren y se emocionen con mis escritos y otros piensen honestamente que son feos, facilones, llenos de palabras comunes o tengan de literario lo que una gasolinera tiene de templo de la sabiduría, y eso me parece genial. 

De la misma manera que yo escojo leer determinado autor o determinado libro, quiero que otras personas decidan leerme a mí o descartar mis libros como basura cósmica y eso no me causa ningún problema. 

Admiro la capacidad de los animales de hacer lo que deben hacer en el momento justo sin importarles demasiado qué pasa a su alrededor. He aprendido mucho con mis gatos, duermen cuando les entra sueño sin preocuparse ni por el pasado ni por el futuro y menos aún de si están llenando de pelos mi chaqueta negra. Así soy yo cuando escojo pasar una tarde leyendo en el blog de Francisco Alvarez Hidalgo o en las páginas de Pedro César A. Verde, o de Batania (neorrabioso) por nombrar algunos de los lugares donde suelo perderme, y así quiero que se sientan las personas que escogen leerme, bien comprando mis libros o en el blog: como un gato feliz durmiendo tranquilo donde le sale de los cojones, porque está en su casa y se siente a salvo. Si lo que hago se llama poesía, mayonesa o pensaema, es  tan importante como estar dormido encima de la colcha cara o de la camiseta del cole. 

Hace unos días me echaron de un grupo supuestamente literario porque defiendo que puedo hablar de cualquier asunto usando palabras sencillas y allí creen que eso me convierte en una especie de criminal poética que no quiere crecer ni se preocupa con unos determinados parámetros (considerados sagrados por su líder) que deben tener los textos para ser catalogados como poseedores de cierta categoría.

La verdad es que no me interesa. 

Tengo cincuenta años, casi los mismo como lectora y mis propias opiniones sobre lo que es basura o no. De la misma manera que a mí me dan vergüenza ajena algunas cosas que veo publicadas por ahí, entiendo  que a otros les pase lo mismo con lo que publico yo y a todos los que me leen con gusto o con disgusto les digo lo mismo, será poesía o no, literario o no, pero es lo que hago, lo firmo, pongo mi nombre, mi cara y no me escondo detrás de mascaritas ridículas, caretas de comic, ni nombres fantasiosos como hacen otros para publicar textos serios, románticos, de terror o eróticos con miedo que los lea su abuela y les regañe o qué sé yo.

No tengo vergüenza de mis pensaemas, ni de mis cuentos, ni de mis canciones. Algunos al releerlos después de algunos años me provocan la misma sensación que las fotos de cuando tenía  quince años, risa, sorpresa y hasta ternura o espanto, porque las modas cambian, los peinados cambian, la forma de leer o de escribir también y así es la vida. No quemo mis fotos de adolescente ni borro mis escritos de esa época, si me entran ganas de publicarlos lo hago y ya está, si gustan más o menos, está genial.

La palabra pensaema, por la que me preguntaron varias veces en las últimas semanas, me sigue pareciendo tan válida como el primer día y no es una manera de esconderme, avergonzada de que mi trabajo pudiera nunca ser considerado poesía seria o de calidad.

También sigue siendo válido mi deseo de evitar discusiones.

Muchas gracias a los que apoyan lo que hago, les gusta, lo comparten y me cuentan que les hizo sentir como gatitos dormidos en una tarde de paz domestica.

Isabel Salas

domingo, 23 de julio de 2017

TAL VEZ SEA AMOR


El ascensor que sube desde mi vagina hasta el corazón, viene a veces tan lleno de ti, que no puedo distinguir bien si sólo te amo o te amo sin compromiso, sin medida, sin compasión o sin retorno ni salida.

Algunos hablan sobre lo difícil que es medir lo inmensurable o contar los granitos de arena de la playa y las estrellas para escribir poemas sobre el amor que sienten, y lamento decirte que no sé hacerlo, amor. Me importa poco cuantas estrellas hay y la arena del mar nunca me quitó el sueño.

A mí, lo que me sirve para saber cuánto te quiero, es apreciar ese perfume que se produce con el olor mezclado de los sudores nuestros, tu semen, nuestras babas, los chorritos de agua que haces brotar de mí y esos litros de lágrimas y risas que lloramos exhaustos al devorarnos vivos.

Esa mezcla explosiva de sensaciones, sentimientos, ganas de golpear, de reventar, de nadar en tus venas y ser parte de ti es lo que yo diría que vale por toneladas de estrellas mal contadas o miles de millones de arenitas computadas.

Nunca fui buena con los números, las matemáticas dejaron de ser terreno amigo cuando se volvieron raíces cúbicas, derivadas o limites tendiendo a infinito en base diez,  y contar cosas nunca me ha parecido divertido. No cuento besos, orgasmos, ni caricias, pero sí reconozco que algunas veces cuento, ansiosamente, los días o las horas que faltan para empezar de nuevo a perderme en tus brazos, cerrar los ojos y adivinar donde tu mano se posará en la próxima caricia.

No soy muy romántica, ni muy científica, eso es verdad, pero adivino bien.

Isabel Salas

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viernes, 21 de julio de 2017

BUENA CARA

  
Al mal tiempo, buena cara,
y a los malos maridos
a los banqueros malos 
y a los ciegos cupidos.

A los festejos sin algazara,
una sonrisa,
y a los mosquitos con sus zumbidos,
sonrisa y media, 
mientras recuentas las once varas de la camisa, 
y aprendes a reírte, sin demasiada prisa,
de la tragedia.

Y a tantos puños 
que nos muelen a palos,
una de cal, otra de arena
y el suave brillo
de tu melena.

Sin ironía, una bella sonrisa 
que acabe con la risa
de la maldita hiena

Y que tu buena cara
brote en la fuente clara
del agua pura de tu alma buena
y perfume tu pena
con el aroma dulce
de la azucena.


Isabel Salas

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viernes, 14 de julio de 2017

RELACIÓN COMPLICADA


Conozco gente que define su vida sentimental en las redes sociales de la forma más estrambótica posible, escogiendo de todas las posibilidades que  nos dan los sociólogos que preparan el menú de opciones, eso de "relación complicada".

Hace unos días disfruté uno de los mejores ratos de los últimos meses pasando unas horitas de tertulia con una gente muy divertida que analizó, inesperadamente y sin piedad, que tipo de información se esconde, realmente,  detrás de esas palabras tan misteriosas. Voy a resumir sus conclusiones, y si alguien tiene otras teorías se aceptan comentarios.

En primer lugar, según se concluyó, puede querer decir que tienes un lío con alguien pero no lo puedes contar porque la otra persona está casada o comprometida con alguien y tú no puedes asumir públicamente que estás metido en un triángulo amoroso, más que nada por lo mal visto que está y porque tu amante se puede mosquear y dejarte para preservar la paz de su hogar adúltero y adulterado.

Otra opción es que el adúltero seas tú y claro está, a tu media naranja oficial le debe mosquear sobremanera que definas tu estatus civil con esa expresión tan inadecuada. En pocas palabras, si una persona casada ha comenzado a evitar disimular, en la medida de lo posible, que tiene un lío fuera y parece que está loco por formar un follón para que lo pillen faltando a tus juramento conyugales, es que está loco por terminar y se vale de esa estrategia para darle un empujoncito al inevitable final.

Una alternativa muy factible es que el que presume de relación complicada no tenga ningún tipo de relación en absoluto. Es decir, se lo ha inventado,  no tiene a nadie en su vida, ni complicado ni descomplicado, pero le da vergüenza reconocerlo, ya que por razones muy peregrinas e irracionales, hoy en día reconocer públicamente que estás sin pareja te convierte automáticamente en según que círculos, en un ser antisocial, problemático,  arisco o insensible del que muchos desconfían, y por eso escoger la insinuación de que se tiene a alguien (por supuesto) pero no se puede contar (explicar) mejor, te hace parecer normal. Complicado pero normal.

En realidad todavía queda mucha gente normal en el mundo que no se siente obligado a anunciar públicamente que se casa, se descasa o que tiene sexo complicado con alguien casado, o sexo maravilloso con personas complicadas (esto último es bastante común y ya me ha pasado, si FB considerase la opción, sexo magnífico con un loco desgraciado, tal vez lo anunciaría yo como "acontecimiento importante" cada dos por tres).🙌

Hay otra posibilidad, tienes una relación con alguien que vive lejos y eso es realmente muy complicado. Todos sabemos que el amor a distancia envuelve terceras, cuartas y quintas personas y sobrevivir a eso para tener un día una relación real de pareja que vive en la misma casa es casi imposible. Según estas personas que me explicaron, verse cada dos o tres meses y  pasar el resto del tiempo diciéndose tonterías (o prometiéndose amor eterno) por el teléfono es para gente con escasas ganas de estar juntos o un nivel de libido muy bajo o casi nulo. 

Según ello hay más personas así de lo que creemos y en ese caso pueden ser felices viéndose cuatro veces al año, y aquí paz y después gloria. Desde aquí les deseamos suerte y que todo acabe bien, sea consiguiendo estar juntos, matando miles de perdices para celebrarlo o terminando  esa relación, verdaderamente complicada, para tener otra más normal y diaria.

Y por último están las verdaderas relaciones complicadas, de las que nadie presume porque son secretas, tóxicas, raras, envuelven situaciones que no queremos hacer públicas en las redes sociales y las vivimos discretamente en silencio.

Me sorprendieron tantas teorías socio-patológicas desarrolladas a partir de un simple estatus de red social y me pregunto que parte de razón y parte de chorrada envuelve cada una de ellas.

Si tienes otra teoría y deseas compartirla, no lo dudes, aguardamos con mucho interés.😁😂

miércoles, 12 de julio de 2017

ASAS REBELDES


A tus asas se le caen las tazas.
Las dejan ir como hojas de otoño cargadas con todos los tonos del café con leche y después esperan que les des unas palmaditas en sus espaldas de asas y le digas, muy bien, así se hace, no naciste para soportar todo el peso del universo, nadie puede obligarte a ser el asa de una taza cargada con todos los pesares y todas las tristezas. Hiciste bien. Te quiero igual, dormirás en la caja sagrada de las asas anarquistas esperando el príncipe azul que con un beso te convierta en ranita.

Ese día, iremos a nadar.

Isabel Salas

lunes, 10 de julio de 2017

ESE AMOR NUESTRO




Porque a veces escribo para sacudir los mástiles de todas las banderas o levantar un tifón que arranque del tirón todas las tejas de mi falda y otras no, otras sólo necesito llorar a gritos suspensivos disparando sollozos, puntos y mandarinas.

Ser oro en paño, hostia sagrada, gota de amor que cuelga del alambique de cualquier vagina que se precie, de estar enamorada. Ser la tiniebla helada que borda oscuridades en tu alma, antes de desollarla para consumo humano.

Y porque a veces, después de ser batalla en las guerras del mundo, yo sólo necesito estar contigo así, como hace un rato, cuando le echaste sal a mi lenguado y me dijiste que a lo mejor el sexo oral supera en mucho la espiral gastronómica de la mayonesa Hellmann´s, nacida según tú en el averno más profundo para los verdaderos hombres infernales que quieren mojar pan.

Y nos reímos tanto (que malo es nuestro inglés)  y es esa risa juntos la que se parece tanto al amor de botijo, que bebemos de nuevo, y vamos a la cama a retozar imitando cabritas y delfines. Hacemos cochinadas de esas bonitas que saben a pesar (de los pesares), a dominó y sándalo de perfumar submarinos de lava.

Y entonces yo te miro y tú me miras y nuestro amor bendice las toneladas de escombro que nuestros besos han acumulado a lo largo de todos los siglos (Amén), y a lo mejor te digo que me gusta escribir mientras escarbas en los lugares esos que tú llamas tu reino y respondes contento que soy tu casa y que sin mí, a la primavera de todos los jardines le falta queso rayado para oler bien.

Y por eso regresas cuando te vas.
Y por eso te quedas cuando te alejas.

Isabel Salas

lunes, 3 de julio de 2017

UN POEMA PARA TI


No siempre tengo un poema para ti.

Algunas veces es sólo una frase,
una puerta trancada con cerrojo,
dos vidas para la siguiente fase,
o el brote doloroso de un redrojo.

A veces te doy espinas sin la rosa,
te regalo silencios bifurcados,
te golpea la rabia de mi prosa,
te hieren mis dardos envenenados.


Tengo también la pena del despecho,
 heridas abiertas que hasta hoy respiran,
el amor dormido enterrado en mi pecho,
flores muertas que de noche suspiran.

Y a veces mi dolor se vuelve llanto,
otras mi gris congoja te golpea,
me escondo bajo el negro de mi manto
y deseo la suerte de la fea.

Isabel Salas


domingo, 2 de julio de 2017

FEMINISTAS FRÍGIDAS


En los últimos diez días (por casualidades de la vida), ocho mujeres de diferentes edades y países, me dijeron, cada una con sus palabras, y todas muy orgullosas, que ellas no son como yo. Presumían de no ser feministas (claramente no saben lo que es el feminismo), pues ellas no odian a los hombres y además son muy ardientes y les gusta un hombre bien macho en la cama que las haga sentir mujer.

Me llama mucho la atención eso pues yo puedo estar grandes periodos sin un compañero con quien tener sexo, y no por eso dejo de sentirme mujer, pero eso es lo de menos en realidad. A lo mejor ellas no se saben masturbar y dependen de un hombre para tener orgasmos, eso es algo que no pregunté porque no quiero escuchar la explicación surrealista de como ellas relacionan sentirse mujeres con las "tardes de corridas" en sus vaginas.

Lo grave, a mi entender, es escuchar en pleno siglo XXI, ese discurso de mujeres ignorantes que creen que ser feminista es odiar a los hombres o que confunden las relaciones sexuales, dónde cada uno o una se acuesta con quien quiere, con los derechos que las mujeres exigimos cuando pedimos que nos respeten para poder trabajar o tener cuentas en el banco, separarnos, divorciarnos y casarnos con quien voluntariamente escogemos, o cuando decimos que queremos conducir, conservar nuestro clítoris intacto o que no nos maten a pedradas por tener sexo sin estar casadas, entre otros.

Lo comenté con dos amigos que me conocen muy bien y ambos se rieron porque saben muy bien lo poquito que odio a los hombres y lo mucho que me gustan ellos y muchos otros. 

Eso no significa que me gusten todos los hombres, simplemente porque no me gustan todas las personas. Existe algo llamado afinidad que hace que con ciertas personas, hombres o mujeres me lleve mejor que con otras y su compañía me sea más grata, pero me siento igual "de mujer" cuando me tomo un café con una amiga que cuando me meto en la cama con un hombre, sea mi marido o no, sea mi novio o no, y eso puedo hacerlo sin que me metan en la cárcel o me maten gracias entre cosas a los movimientos feministas que desde hace años defienden los derechos de todas, incluidas esas ñoñas que se creen la guinda de la tarta sexual y presumen de no ser feministas.

Hoy me pilló el domingo un poquito harta de la doble y triple moral que me rodea: cristianos adúlteros, moralistas que se van de putas, concejales que consiguen votos prometiendo honestidad y se forran en los pocos años que ostentan el cargo, "gente de bien" que sólo hace el mal...y toda esa gentuza meapilas que condena públicamente lo que más desearía, en su íntimo, tener los huevos de hacer.

Nunca me gustaron los cobardes, y cada vez me gustan menos, pero los sepulcros blanqueados me dan verdadero asco. Puedo entender el miedo de un cobarde, pero no la doble moral del hipócrita. Y además me molesta que estas histéricas que disfrutan de todos los logros que el feminismo ha conseguido para todas nosotras, renieguen de él, lo intenten convertir en un movimiento diferente a lo que es y además crean que las feministas no podemos ser una bomba en la cama. 

Están muy equivocadas, pero ese tampoco es el asunto. Habrá mujeres feministas frígidas y otras muy ardientes, así como un hombre puede tener eyaculación precoz. independientemente de ser torero, taxista, de derechas o anarquista, mujeres muy religiosas multiorgasmicas y otras que jamás hayan sentido el universo derretirse entre sus piernas, y el feminismo no se trata de eso, la idea es que todos podamos tener los mismos derechos a la hora de trabajar, vivir, votar, o conducir independientemente de lo mucho o poco que nos divirtamos haciendo sexo.

Isabel Salas