sábado, 15 de diciembre de 2018

AGRESIÓN


Mis maneras se tienen que vestir de Domingo para disfrazar el miedo porque es la única manera que conocen de sobrevivir. 

Tal vez, mi memoria aún cree en el agua bendita y en sus ilimitados poderes de protección y,  por eso, cuando tengo mucho miedo y siento que nada puedo hacer para evitar los golpes, mi corazón invoca la imagen y el olor de una piedra de pila. Se encarama hasta el borde frío y mira adentro calculando la temperatura del agua y la distancia del salto, casi siempre proporcional al volumen de los gritos que me asustan o a la arista de las palabras con que intentan herirme. Después se lanza a nadar en ese líquido, perfumado con la santidad de todos los ángeles, mientras mis ojos adoptan su mirada nublada de Día Sagrado para observar los ojos que me asustan, a través del velo protector del acuario bendito.

Mi boca, mis gestos, mi sudor y el temblor de mi sangre se disfrazan con su vestimenta más dominguera y yo me concentro en ese aroma de piedra mojada, que me recuerda el de las lágrimas que intento tragar. 

Sal, sangre y silencio. El dolor que mis propias uñas producen en las palmas de mis manos para que yo me pueda concentrar en un dolor físico que me distraiga del otro, se va haciendo cada vez  fuerte, deja de ser incorpóreo y se materializa poco a poco en una piedrecita que guardo en secreto entre los pliegues de mi alma hasta que el temporal pasa.

Los gritos cesan, la agresión termina, quien me estaba torturando se aleja, y entonces, con cuidado, saco mi piedra, estudio su color, admiro su suavidad, envidio su belleza, bendigo a Rubén Darío aunque sé que no era un gran admirador de las mujeres que escribían, (no soy rencorosa), y dejo de temblar.

Mi corazón se aleja de la pila y regresa a mi pecho. Me acerco entonces, al estanque de peces de colores que mantengo escondido en mi jardín secreto. Allí podría gritar, llorar, desesperarme, levantar mi puño al cielo sin que nadie lo impidiera ni temor a represalias, pero no quiero asustar a mis  peces.

Con dulzura me acerco al borde y suavemente, con extrema delicadeza, dejo caer mi nueva piedra.

Se junta a tantas otras que desde el fondo, acompañan la bellísima  coreografía de mis amigos de colores.

Isabel Salas

martes, 11 de diciembre de 2018

LECCIONES


Dice mi amigo Federico, que hace muchos años, leyó en un libro una reflexión sobre la vida que lo marcó y nunca la olvidó. En aquellas páginas se afirmaba que la vida era la mejor maestra, y tan buena maestra es, que nunca desiste, al contrario, ella siempre insiste. Nos obliga, implacable,  a repetir algunas situaciones hasta que extraemos de ellas el aprendizaje que necesitamos, y sólo entonces, más  sabios y humildes, con nuestra correspondiente lección aprendida, estaremos autorizados a pasar de fase y cambiar de circunstancias. La vida entonces, nos regala unos instantes de vacaciones y enseguida nos obliga a tratar de vencer otros desafíos, porque ese es su trabajo y para eso estamos aquí, para aprender.

Tengo otro amigo querido, Tonatiuh, que tiene su propia definición sobre la vida, como la tiene sobre casi todo. En uno de los vídeos de su canal,  afirma con su voz más teatral que la vida no es más que la posibilidad de errar. La primera vez que lo escuché me curé simultáneamente de doscientos traumas y me perdoné mil errores de golpe. 

Errar como sinónimo de vivir jamás se me había ocurrido, y por una extraña asociación de pensamientos, me encantó la idea. Tal vez por saberme llena de errores o por la preciosa posibilidad que sugiere tal concepto,  ya que solo puede equivocarse quien está vivo para hacerlo y decide besar, amar, viajar, trabajar, pelear, enamorarse, abandonar un país o un amor, y en fin, arriesgarse a acertar y a equivocarse con cada decisión tomada.

Al final es equivocándonos y aprendiendo a convivir con las consecuencias de nuestros errores y aciertos que mejor aprendemos. Lo que sería vivir dos veces puestos a agradar a griegos y a troyanos.😄

Este año, que está terminando, ha sido un año de intensos aprendizajes y de excelentes oportunidades de crecer como madre y como mujer. He contado con el apoyo y el cariño de diferentes personas, algunas hace muchos años que están en mi vida y otras son recién llegadas, unas que habían desaparecido y han regresado inesperadamente para jugar un papel protagonista en los últimos  partidos de mi campeonato y otras han actuado por breves e intensos momentos fundamentales. A todas les doy las gracias con inmensa gratitud porque sin ellas no habría sido tan bueno este 2018.

Me preguntaba a mí misma hace unas horas si habría aprendido las lecciones que este año que se termina, tenía para mí y, honestamente, no sé si las aprendí todas pero hay dos que definitivamente puedo afirmar que sí. Una ha sido la manera de relacionarme con el dinero que ha mejorado notablemente y otra la forma como detecto y corto de raíz cualquier tentativa de mi corazón de iniciar cualquier relación tóxica.

Lo del dinero es muy importante y necesitaba otra perspectiva para entenderlo y manejarlo, considero que ha sido año muy interesante y que he aprendido mucho, no sé si todo lo que necesito aprender pero definitivamente ha sido muy intenso.

Lo de la toxicidad en las relaciones amorosas  es algo que venía arrastrando hace años y sólo ahora, después que escogí pasar un tiempo sola y recapitular sobre algunas vivencias muy complejas de mi pasado más o menos reciente, es que me siento definitivamente curada de esa inclinación suicida a escoger el "perrito cojo" que durante algunos años me ha invadido. 

Lo sé porque he sido tentada y aún así, no me ha sido difícil cortar el enamoramiento en cuanto he sentido las más leves señales de toxicidad. Hombres complicados, ocupados, promiscuos o indecisos han dejado de interesarme completamente y eso es un gran alivio en muchos sentidos y una gran victoria personal. Ya no quiero salvar a nadie ni creo que gracias a mi amor incondicional determinado caballero puede parar de comportarse de cierta manera para portarse como el compañero que deseo tener caso surja la posibilidad de vivir en pareja.

Ha sido un proceso de varios años, pero durante éste último ha llegado a su etapa final y eso me deja muy satisfecha. Ha sido una conquista y no un regalo caído del cielo, una construcción laboriosa que me ha costado mucho esfuerzo y bastantes lágrimas, pero que como todo lo que me cuesta, siento que ha merecido la pena. 

Se acerca 2019, un año muy importante que llega cargado de promesas pero también de realidades. Mis hijas están bien, aprendiendo cada una sus propias lecciones y creciendo como personas y mujeres cada día más completas, también ambas me enseñan a superarme y las dos me inspiran para ser mejor persona y madre.

Despido este año con un abrazo y recibo el próximo con besos y flores. Aprovecho este momento de recapitulación anual para desear a todos los que frecuentan el Blog o la página de los libros en Facebook una Feliz Navidad, un excelente Año Nuevo, mucha sabiduría para aprender las respectivas lecciones que la vida les tiene reservadas y. como no,  mucho valor y esa pizca de osadía que necesitamos para aprovechar la maravillosa oportunidad de errar que es la vida.

Isabel Salas



jueves, 6 de diciembre de 2018

INMORTAL



Me contaron lo oscura
que era la noche oscura
y como el alma 
después de muerta,
resucita mas pura.

Y me contaron
como el corazón llora
cuando el amor se va,
estirando la noche
y espantando la aurora.

Me contaron mentiras,
me cantaron canciones,
a veces las dos cosas,
y me engañaron
con falsas emociones.

Pero nadie me dijo,
que intentar olvidarte
cuando llegó el final
era un intento necio
de posponer mi muerte
con poesía letal.

En cada verso
tú te fortalecías
 y mientras yo moría,
para desgracia mía,
te hacías inmortal.

Isabel Salas




martes, 4 de diciembre de 2018

PUERTA MEDIO LLENA




Algunas bocas parecen decirme una cosa con sus besos y todo lo contrario con sus palabras. O tal vez soy yo, que no sé comprender lo que me dicen, ni lo que me besan.

O tal vez es la vida, que se divierte distorsionando los mensajes, o las nubes, que hacen sombra sobre los ojos y no dejan brillar el amor, o la luna que no estaba lo bastante llena, o el sol que estaba casi vacío, como las botellas indecisas del "según se mire", o es todo junto y muchas más cosas que tampoco entendí y al final, la verdad, es que, simplemente, hay puertas que son callejones sin salida, corazones que no nacieron para quererme y besos que a pesar de parecer un hola, son portazos destemplados, como adioses a empujones, o patadas... o candados.

Isabel Salas



martes, 27 de noviembre de 2018

DE VUELTA


Algunos abismos, en vez tragarnos y hacernos desaparecer en el oscuro infinito, resulta que, inesperadamente,  demuestran ser dignos de estar entre los mejores profesores que la vida nos tenía reservados. Nos enseñan de qué estamos hechos, nos sirven de espejo para mostrarnos quienes somos en realidad, nos dan la oportunidad de aprender, de mejorarnos y de conocer personas a las que nunca habríamos conocido si no hubiéramos reunido el coraje necesario para saltar y lanzarnos al vacío.

Esos vacíos tan didácticos, existen, no lo dudes. Son tan inhóspitos que lamentas no tener las mismas vidas que tu gato (o la mitad) para poder morir un ratito y descansar un poco de sentir pánico mientras esperas a que se active la próxima vida y así, poder continuar cayendo por ese túnel oscuro que un día, te pareció la alternativa más viable. Ese espacio negro en el que te zambulliste cuando te percataste de que quedarte sin saltar era la muerte segura y lanzarte a lo desconocido, tal vez ofreciera alguna oportunidad de sobrevivir, caso los milagros existieran y los finales felices estuvieran hechos también para gente como tú.

Nadie debería pasar por eso, pero todos los días alguna persona en este mundo, opta por salir de su "zona de confort" cuando entiende que lo conocido es totalmente letal y previsible. Hay una sentencia inevitable a punto de ser anunciada  y la única alternativa de salvación, es la salida desesperada.

Seguramente muchos mueren en ese abismo, tras ese salto sin paracaídas. Esas decisiones se hacen precipitadamente, sin planes elaborados llenos de as y bes, se producen en uno de los últimos segundos de cordura, o tal vez en el primero de locura, aún no lo sé muy bien, pero si sé que suelen terminar muy mal, y sin embargo otras veces, porque el destino es caprichoso y la vida un festival de sorpresas,  acaban muy bien. 

Terminan bien porque inesperadamente, encontramos manos tendidas, voces amigas, consejos útiles, gente que se la juega con y por nosotros y sobre todo, el abismo insondable nos obliga a encontrar las fuerzas para confiar en esas manos y creer en esas voces. El frío nos permite escuchar esos consejos y nos incentiva a abrazar sin miedo a las personas que se la juegan por nosotros. 

Y es venciendo ese miedo que volvemos a ser aquellas personas que un día fuimos y es ese el momento en que dejas de caer en caída libre y comienzas a flotar y a ver frenada tu velocidad de impacto. 

Es cuando el abismo deja de estar tan oscuro y puedes entreabrir los ojos por pocos segundos y ya no parece tan oscuro, y es cuando empiezas a pensar en otras posibilidades y el miedo se hace cada día más chiquito, y la esperanza cada semana, más grande, hasta que un día sientes algo duro debajo de tu pie y tanteas con cuidado antes de abrir los ojos de par en par y resulta que has llegado al final.

Y no has muerto.

Hace sol.

El día se presenta como el primero de otros días fuera del abismo al que un día saltaste empujado por el terror, y hoy, ese mismo agujero, te devuelve al mundo transformado en una mejor versión de ti mismo, con aquella sonrisa que solías tener cuando los abismos no existían.

Y un amigo querido ve tu foto y te dice que hace años no veía esa sonrisa en tu rostro y tú, por fin, puedes salir a la ventana y pedirle al sol que te acaricie, que te reconozca y diga tu nombre: estás de vuelta.

Isabel Salas


lunes, 19 de noviembre de 2018

PARISES


Algunas noches, ante algunos fuegos, he sentido la necesidad imperiosa de alimentarlos quemando algunas cosas que nunca imaginé quemar. Es tan fácil dejarse llevar por ese entusiasmo piromaníaco, espontaneo y casi  infantil de vez arder algunas cosas... 

Faldas que nos recuerdan momentos grises, dibujos de niños que ya han crecido, Romas, fotos que no significarán nada para nadie ahora que ya no significan nada para mí, Troyas, zapatos, Parises, camisas, Lisboas, tickets de teatro, fábricas textiles con humos morados, cartas del banco, carnets de biblioteca, talonarios del banco Santander de alguna cuenta conjunta, otra camisa, el otro zapato, una caja de madera de guardar recuerdos y otro montón de cosas que solo echo de menos cuando me olvido que las quemé y las busco para mirarlas a los ojos.

Y entonces no sé si algunos fuegos me convocan, sin querer, a hacer tonterías,  si algunas cosas nacieron para ser quemadas antes o después o si el problema soy yo, que me dejo embrujar por las llamas y termino quemando algunas cosas que no había imaginado quemar nunca y luego quiero volverlas a mirar y ya no están y me quedo desorientada y triste sin poder leer los dos nombres juntos en los putos cheques de la maldita cuenta conjunta del banco Santander, sucursal Larios, nueve.

No sé si la culpa es mía por ser una piromaníaca infantil arrebatada por entusiasmos espontáneos irresistibles o es de algunos inviernos, que son demasiado fríos y duran demasiado y de algunas noches , que se llenan de fuegos muertos de hambre y de llamas que se ríen de mis fotos y de mis Parises y después, se los quieren comer.

Isabel Salas

domingo, 18 de noviembre de 2018

400.000 VISITAS


Estoy muy contenta de que el Blog haya alcanzado ese número de visitas, emocionada y agradecida.
Un beso a todos de todo corazón 💜

viernes, 9 de noviembre de 2018

PRIMAVERO INCLUSIVE


La primavera y el primavero han llegado, llegada, llegade.

Hoy tempranito, tempranita, tempranite, miré por mi ventana, ventano, ventane y allí estaban todas las pétalas, pétalos y pételes, de todos los colores y coloras diciendome holo y hole.

Me puse muy contente, contenta. Ni un nubo en la ciela, la vienta tan suava, llena de aromos de floras y floros recién nacides. El luz y el luzo recordaban esas cuadras de Soroyo, con les niñes en el playo, mojadites por los olos, sus pielas brillantas y eses sonrises de capullas, capullos y capulles tan jóvenos.

Siempre me gustó, gustá, gusté esta estaciona repleta de trinas de pájaras, ese asomar asomor de las pielas y pielos que vuelven tras la invierna a disfrutor del sol.

El sangro y la sangra alterades, los bocos queriendo besas, las manas y los manos buscando carna bajo las ropes y ese urgencio por amor, amar y amer, reír, rear y juntar las labias con los labios dentro de esas caricies que nos dejan tan felizas y felizos.

Isabel Salas



viernes, 2 de noviembre de 2018

NIÑAS MALAS


Las princesas y las niñas buenas a veces tienen hadas madrinas.

Mujeres que aparecen a la hora cierta con su varita llena de magia y que transforman calabazas en carrozas para ir al baile a perder zapatos o que nos convierten la nariz en metro para medir mentiras.Tienen un sentido del humor muy raro esas hadas, muy tradicional, casi integrista... y casi siempre tratan de que el cuento termine con el conocido final feliz que transforma los sueños en realidad.

Las niñas malas no.

Las niñas malas nos vestimos de novia virgen cada día para amar sin miedo. Jugamos a las bodas cada día en cuerpos diferentes, y nuestros abrazos nupciales duran lo que duran las pasiones efímeras. Para que las pesadillas no se transformen en realidad, huimos con los dos zapatos antes de clarear el día en nuestra araña mágica, acompañamos al novio hasta su casa galantemente y después, sin llorar demasiado abrimos los ojos a la realidad.

Lo bueno de esto, es que las narices sirven para moquear y las mentiras se quedan en los otros cuentos.

Isabel Salas

miércoles, 31 de octubre de 2018

SIN CONDICIÓN



Ese momento
(glorioso)
en que el hombre
que te gusta,
te comenta
(receloso)
que un raro azar
lo atosiga.

Un tormento
(lo persigue),
lo fustiga
y lo castiga
sin que nada lo mitigue.

De él,
solo las más tontas
consiguen enamorarse,
seducirlo,
encapricharse
(perseguirlo)
y después, ante el descaso,
(joderlo)
y encabronarse.


Y también
te sientes tú
tonta igual
(a las demás),
antes de pestañear
y ponerte a elucubrar
si conviene persistir
o (si es mejor)
desistir.

Concentrarse en olvidar
y buscar 
alguien mejor
(con quien tus sueños cumplir)
que aún confíe
en el amor
y ajeno a la decepción,
libre de esa maldición,
te entregue su corazón,
sin ninguna
condición.

Isabel Salas

martes, 30 de octubre de 2018

PERTENENCIA


Tengo un amigo que siempre me decía que yo era la única persona, que él conocía, sin sentido de pertenencia. Pasamos muchas horas hablando sobre eso y nuestra percepción del asunto fue mudando a lo largo del tiempo.

Al principio, yo le decía, medio en broma medio en serio, que él conocía muy poca gente y que seguramente habría muchas personas con ese mismo sentimiento de desarraigo que tengo yo; personas que a pesar de ser muy conscientes de cual es su ciudad natal y cuales las calles donde aprendieron a jugar, a andar en bicicleta o a patinar, se sienten, al crecer, bien en cualquier lado.

Durante los primeros meses de nuestra amistad, él siempre me preguntaba si yo sentía falta de mi tierra y yo siempre le respondía que no, que todo seguía allí y que no estaba perdido como cuando una persona se muere y sabemos que nunca más podremos abrazarla. Los lugares que yo había amado en mi infancia y que todavía amaba, seguían allí y eso me bastaba. 

Hasta hoy siguen y hasta hoy me basta.

Después de muchos años de amistad, en los que ambos nos mudamos en diferentes momentos para diferentes ciudades, él dejó de preguntarme y pocas veces volvimos a tocar en el asunto. Concluyó, porque es un gran amante de las conclusiones y los veredictos, que yo era una persona sin sentido de pertenencia pero que eso no le impedía amarme.

Nuestra amistad, como todas las amistades, sufrió transformaciones a lo largo de los años, por un tiempo dejó de ser sólo amistad para ser eso que llaman amistad colorida y fue hermoso. Después el color desapareció con la distancia impuesta por las circunstancias personales de cada uno y volvimos a ser sólo amigos, si es que se puede ser solamente amigos, pues la amistad es un "todo" precioso que siempre abarca muchísimo más de lo que suponemos.

Anoche no conseguía dormir debido a la muerte de una persona que durante unos años fue mi cuñada y de quien tengo muy buenos recuerdos. Pensé en sus padres, ya fallecidos los dos, a los que tanto quise, pensé en el dolor de su familia y en el de todos los que la amaron, en la fugacidad de la vida y en todas esas cosas que pensamos cuando alguien amado se va, y lloré mucho. 

Soy muy llorona y es fácil que por diversos motivos me salgan unas lagrimitas rápidas ante eventualidades de la vida, Pero llorar así a todo volumen, con mocos y sollozos,  es raro. Ese llanto está reservado para momentos que me superan. Sólo sale de forma espontanea cuando el motivo es realmente de esos que tocan mi alma, y siempre me pilla de improviso, como si ni yo misma supiera qué es lo que realmente me importa hasta que se hace evidente.

La muerte de mi cuñada me movió muchas cosas. Me trajo a la memoria mis años de casada, los cumpleaños de mi suegro, las risas en una cocina de Santo André, la pasión de mi suegra por las novelas y la de mi suegro por el curry. Me transportó a Campinas, a los fines de semana en que nuestras dos familias se juntaban y recordé su generosidad, siempre dispuesta a servir la mejor comida y a salir al mercado las veces que hiciera falta para buscar cualquier cosa que hiciese la estancia en su casa más agradable. 

Recordé también la forma en que ella conducía en aquel tráfico enloquecido de São Paulo, en aquella época en la que no había GPS y conducir en Sampa era para pocos, y temerarios,  elegidos. Terminé sonriendo por tantos buenos recuerdos y tantas memorias entrañables que parecían venir desde el pasado a darme esos abrazos que siempre necesito cuando el llanto me desborda, y en seguida, necesité hablar con alguien.

En mi teléfono tengo algunas personas (pocas) a las que puedo llamar a cualquier hora del día o de la noche en caso de necesidad y que sé que no se van a molestar conmigo, pero por alguna extraña asociación de ideas  pensé que la mejor opción era mi amigo aquel que siempre me reprochó,  entre bromas,  ser esa persona extraña sin sentido de pertenencia. 

Él siempre me escucha cuando le hablo de cualquier asunto y anoche no fue diferente, me dejó hablar, llorar y desahogarme antes de decir cualquier cosa. Me supo hacer reír y, como siempre, me hizo sentir importante y bienvenida.

Hablamos mucho, intercambiamos noticias y al final me dijo algo que me sorprendió y que yo misma jamás habría pensado, afirmó que la pertenencia tiene dos maneras de manifestarse, una, de esa manera común y no por eso menos hermosa, de sentirnos parte de un país o una región y otra, rara e incomún gracias a la cual, nos arraigamos en las personas que por un tiempo, mayor o menor, forman parte de nuestra vida, nos damos a ellos, les dejamos pedacitos nuestros y al mismo tiempo nos apropiamos de parte de su esencia y nos la llevamos para siempre con nosotros.

Como pasó con él y conmigo, o como sucede con las personas que amamos a lo largo del camino.

Él me dijo que después de tantos años de conocernos, y tras un "largo estudio" 😄, había llegado a la conclusión de que en realidad, sí tengo sentido de pertenencia, pero de esa pertenencia dos punto cero donde  lo que importa no son los lugares ni la distancia, sino el espacio precioso que las personas ocupan en nuestros corazones y el que ocupamos en los de ellas.

Te pertenece aquello que amas, simplemente.
Nos pertenece lo que amamos, pertenecemos  a quienes nos aman.

Me dormí tranquila, mucho menos sola y más feliz, invadida por esa gratitud perfecta que me embarga cuando la vida me regala alguien que tiene siempre las palabras perfectas para mí.

Gracias, amigo, por pertenecerme como yo te pertenezco y mostrarme que el amor, como la amistad o los diamantes, puede tener mucho colores y formas, y es, siempre, indestructible.

Isabel Salas






sábado, 20 de octubre de 2018

GOLONDRINAS Y MALETAS



En las maletas viajeras quedan siempre unos huecos, sabiamente previstos por la persona que se va,  que son ideales para guardar un joyerito dentro de un calcetín (por si se abre), unas gafas de reserva o ese regalo de última hora, entregado por alguien que fue incapaz de entregarse, o de darte otras cosas mientras hubo tiempo y, que generalmente, abrimos meses después cuando los besos que no se dieron, dejan de gritar en el alma.

Pero además, hay espacios estratégicos, casi mágicos, donde metemos otros objetos inservibles que por alguna razón adquirieron un significado místico. Siempre decidimos llevarlos cuando la maleta está cerrada y siempre nos obligamos a abrirla a tientas, con cuidado extremo, para no deshacer el equipaje, buscando dónde acomodarlos entre camisetas y ropa de lana.

Puede ser algo tan inesperado como ese bote de colonia casi terminado que relacionamos con el lugar que estamos dejando. De pronto nos asalta el temor de que no lo volveremos a encontrar y se nos hace insoportable la idea de no poder salir de nuevo a la calle usando ese aroma. Puede ser un folleto de cualquier cosa, alguna propaganda de farmacia o de un curso de alemán.

Pero el caso es, que entre todas esas cosas, las que planeábamos llevarnos y las que guardamos en el impulso del último segundo, se cuelan otras intangibles e invisibles  con las que no contábamos y que sólo descubrimos con el tiempo. Entran solas en las maletas, y allí se instalan, se vienen con nosotros sin pedir permiso ni perdón, y son a fin de cuentas, el único verdadero equipaje que realmente nos acompaña.

Nos llevamos la muletilla con la que un amigo terminaba sus frases, (o no), nos llevamos el olor de algunos guisos preparados entre bromas y debates, nos llevamos caricias inesperadas y miradas misteriosas, ecos de risas, gargantas calientes que se tragaron lágrimas que tal vez debieron salir y esa  rima XXX de Becquer que regresa una y otra vez a anidar en mis maletas como una golondrina testaruda a preguntar que habría pasado si las palabras se hubieran dicho, el orgullo se hubiera callado, los besos se hubieran dado y las lágrimas hubieran rodado hasta el suelo como perlitas de collar roto.

Al final, como siempre, es la poesía la única que sobrevive dentro de mis maletas, la que me consuela y me enseña a distinguir lo descartable de lo valioso, lo vivo de lo muerto.

Lo eterno de lo efímero, lo pasado de lo por venir.

Y una vez más, le agradezco por ser parte de mí.


Isabel Salas





lunes, 15 de octubre de 2018

DÍA DE LAS ESCRITORAS



Escribir poemas, contar historias, abrazar o besar me parece casi lo mismo, será por eso que escribo sobre besos cuando los tengo y sobre su ausencia cuando nadie me los da. 

Será por eso que cuando estoy viviendo mucho casi no tengo tiempo de escribir y cuando mi historia se para, me invento otras. Será por eso que leo poesía para comprobar que hay muchos caminos que llevan a mi alma, como si ella fuera la Roma de los versos, y cuando  esa misma alma mía se siente desolada, enamorada, vacía o espantada, me siento a beber café y escribir poemas.

Será por eso que me llenan de orgullo mis libros y los de todas las mujeres que consiguen escribir entre idas al mercado, el cuidado de los hijos, las ropas por tender, los días de ir al banco a pagar cuentas, los amores, las reuniones de padres en el cole que siempre terminan siendo reuniones de madres, los desamores, el precio de los tomates y todas esas cosas que nos sirven de inspiración y de motor para correr atrás del sueño de ver nuestros libros publicados.

Un beso a todas

Isabel Salas

viernes, 5 de octubre de 2018

REINA REPUBLICANA


Y a pesar de todo amanece.

Cada mañana llega y permanece aunque por un segundo, a veces, parece que le va a faltar potencia al día para terminar de abrirse y empezar. Me incorporo a medias para encarar el clarear del día que no termina de prender y recuerdo esas flores muertas en el nido. Promesas cortadas antes de abrirse que deciden, en vez explotar como volcanes, morirse a cámara lenta cerrando los ojos con sus lágrimas dentro y esa decepción (inmensa) por no haber podido besar a las abejas.

Tú eres mi abeja.
Todas las abejas de Einstein y sus madres.

Temo que el cansancio de mi alma sea contagioso y le pueda quitar volumen al amanecer, al mío y al de todas las personas y seré, así, la culpable del fin del mundo por pensar en ti en vez de dormir, por impregnar al sol con los virus de mi desgana, dejarlo sin fuerzas y hacer que, de una maldita vez, desista de mover la noria de los días y de joder, y de querer que salgamos de las camas a preparar café.

Pienso esas cosas raras por la falta de sueño.
Por la falta de ti.
Por la falta que me haces cuando amanezco.

... y observo, con esa frialdad cósmica de las sábanas que no saben abrazar, lo difícil que le es al sol respirar, amanecer, ser, brillar o estar cuando le faltas tú y la abeja reina es republicana y detesta el café con lágrimas.

Como yo.

Isabel Salas



jueves, 4 de octubre de 2018

PUNTO DE VISTA


Dicen que la verdad nos hace libres, pero cuando la vemos asomar por los ojos de quien nos ama, nos encadena.

Isabel Salas

miércoles, 26 de septiembre de 2018

VIVIR CON ARTE


El arte lo transforma todo. Transforma las almas, las paredes, los colores de la vida o de las ropas. Modifica nuestra manera de sentir y nos regala nuevas maneras de decir que amamos.

Isabel Salas

viernes, 14 de septiembre de 2018

(Fragmento) SHIBARI



Tenía un nombre, unos padres, un trabajo con el que ganaba su dinero y amigos, libros, una casa, un coche. No había nada extraordinario en su vida, ni en él, para quien sólo juzga las cosas por las apariencias sin mirar la esencia. Así son la mayoría de las personas y eso hace con que las personas extraordinarias puedan pasar desapercibidas para la gran masa. Lo que es un gran consuelo pues los seres extraordinarios se mantienen seguros cuando el rebaño ignora que existen.

Fragmento de SHIBARI

Isabel Salas

martes, 11 de septiembre de 2018

SABER MIRAR


Saber mirar 
es envolver y transformar.
Acariciar,
leer y 
amar.

Saber amarme
es dejar que te mire.
Es dejarme mirar
y es,
sobre todo,
dejarme ser.

Isabel Salas

domingo, 2 de septiembre de 2018

RAZONES



Pasarme varias horas al día analizando la personalidad de alguien y buscándole virtudes para seguir amándolo es, sin lugar a dudas, una señal clara de que ya no lo quiero.

No sé cómo funcionan la mente y el corazón de los demás, pero los míos tienen una tendencia innata a seguir amando y conservar las relaciones incluso cuando ya no están tan brillantes como al iniciarlas. Intento hacerme creer a mí misma que es normal que se apague la intensidad de los primeros tiempos y que lo que quedó templado y sin volumen, es amor del bueno, como lo fue y como lo seguirá siendo hasta el final de los siglos, amén.

No es que funcione muy bien esa tentativa, pero no desisto de nadie antes de haber agotado todas las posibilidades. Debe ser un poco por culpa de mi tendencia suicida a la fidelidad y otro poco porque sé lo difícil que me será volver a enamorarme de otra persona y me encanta eso de estar enamorada, aunque sea así, un tanto maderita en la ola, dejándome llevar por la inercia, la corriente, la costumbre o el ya que estamos.

Tardo mucho en olvidar caricias y besos, me lleva demasiado tiempo conseguir que mi piel ya no huela como olía junto a esa persona con la que compartí abrazos y promesas de amor, y todo ese tiempo pesa tanto como cualquiera de esas cosas pesadas que el big bang distribuyó generosa y aleatoriamente  por todos lados para aplastarnos cuando al universo se le hinchan los cojones.

No quiero decir con eso que mis pesos pesen más que los fardos que cargan otras personas, pero la columna vertebral de mi alma no tiene esa información, desconoce los datos estadísticos para establecer comparaciones (odiosas o amorosas) y por tanto, no se siente afortunada por saber que otros sufren más, en realidad se queda muy triste.

Muy triste y muy aplastada.

El caso es que racionalizar el amor no sirve de nada, y cuando empiezo a tratar de convencerme de de que determinado hombre  es educado, simpático, buen padre o buen hijo, conduce muy bien, no bebe como otros hasta convertirse en un imbécil, lee los mismos libros que yo, o prepara la paella como nadie en la galaxia, me queda claro que ya no lo amo y estoy tratando de convencerme a mí misma de lo contrario, cuando de sobra sé que puedo querer  a alguien lleno de defectos, que no lea y que no cocine, si mi corazón así lo manda, y quedarme tan pancha.

Lo mismo pasa al revés. Me he pillado a veces haciendo una interminable lista de todos los defectos y razones por las que no debo enamorarme de alguien y tampoco sirve de nada. Eso sólo demuestra que ya es tarde y me he enamorado de quién no me conviene, porque si me conviniera ya estaría dándome besos en la boca y dejándome con poco tiempo libre para pensar tonterías.

No me gusta esa gente que cuando alguien por quien siente interés, no le corresponde, se lanza a buscarle defectos para que le duela menos el desprecio. Yo soy más retorcida, le sigo viendo las virtudes que me hicieron enamorarme, pero me paso el día y parte de la noche analizando su personalidad para, racionalmente, explicarme a mí misma lo afortunada que soy porque ese hombre a quien yo le daría todos los besos del mundo, no me quiere, ya que seríamos muy desdichados debido a las tres mil sandeces que se me ocurren cada minuto para conformarme.

Puede ser la manera insoportable que tiene de sujetar las gafas mientras habla, su tono al pronunciar la ese cuando dice la palabra sabiduría o la forma como se pasa protector solar los domingos. Es decir, cosas sin sentido que no me consuelan en absoluto pero me quitan las ganas de llorar por haberme enamorado, una vez más, de quien ni sabe que existo.

Son cosas que pasan, dice mi amiga Yolanda, ya se te pasará, dice mi prima Mercedes, eso nos pasa a todas alguna vez, dice mi vecina Sonia y yo a todas les digo que  sí, que se me pasará como siempre se pasa, como el río pasa debajo del puente, pero igual duele y me quedo gris.

Lo que más triste me deja es que a veces, la incapacidad de amarme, no es consecuencia de mis defectos, que son muchos y seguramente me hacen insoportable para ciertas personas, sino de alguna mala experiencia previa que tuvo el caballero que me interesa. Cuando eso sucede, y lo puedo constatar por sus comentarios, me doy cuenta de que la mayor victoria de los que no nos quisieron en su momento, es que nos dejan inservibles para el amor, escépticos, cínicos, descreídos e irónicos.

Y eso sí me hace desistir del amor de esa persona en concreto.

Saber que haga lo que haga y diga lo que diga, de nada servirá porque alguien dañó su capacidad de creer en el amor. Ese hombre que a pesar de no ser perfecto en nada, me parecía ideal para amarlo a todo color, se queda en blanco y negro y ya no despierta mis mariposas sino mis ruedas y mis ganas de alejarme lo más rápido posible

Mi fe en el amor sigue intacta aunque yo esté un poquito más lastimada que la primera vez que amé. Aún creo que el corazón roto puede amar lo mismo que el ileso y que las sonrisas rotas regalan besos perfectos.

Así empieza el repliegue de mis velas ante la falta de viento en el mar de ese hombre que afirma no creer en el amor porque le dio el poder a alguien de su pasado de matarle las ganas de ser feliz amando. Y aunque duela un poquito, va doliendo menos conforme pasan los días. 

El sol viene de nuevo a regalarme algunas horas de primavera en medio del invierno y juega a ser anestesia de almas machacadas.

Isabel Salas









lunes, 27 de agosto de 2018

QUIERO TÚ

Quiero pan,
un café, 
un buenos días.

Suerte,
salud, alegrías.

Quiero andar feliz,
quiero ser feliz,
estar feliz.

El café, la suerte,
la salud, el pan, 
la alegría...
todo
hasta la muerte
contigo ti.

Mi día con tú.
Feliz con ti.
Yo quiero tú.

Isabel Salas

lunes, 20 de agosto de 2018

ANOCHE


Anoche 
tu voz se vistió de fiesta
 para decirme ven.
 Y yo ,
me puse mi ropa de baile
y fui.

Tu mano
 cruzó todas las fronteras
abriendo pliegues 
y atravesando ríos.
Mi piel
izó despacio sus banderas.

Mi sangre aprendió palabras nuevas
que lunan y navegan
con fuego y desvaríos.

Y yo,
te amé.

Tal vez por una noche 
o por un universo,
pero anoche
tus besos y los míos
superaron, en mucho, 
cualquier verso.

Anoche
olvidé  la poesía.

Mis suspiros cantaban
y mis caricias
brillaban de alegría.

Las estrellas
que encendieron mis ojos
cuando me amabas,
alegres, 
se retiraron al nacer el día
mientras me besabas.

Isabel Salas



domingo, 12 de agosto de 2018

CARMEN


Los ojos de mi hija, me forzaron a mirar el mundo de nuevo y a reaprenderlo. Nunca podré agradecerles ese regalo.

Para explicarles los árboles y como las hojas tiemblan aunque el viento que las zarandea sea cálido, volví a fijarme en detalles del mundo que ya no me llamaban la atención. Gracias a ellos y al placer que sentía  al hacerlos brillar con bromas y juegos, me esforcé en ser mejor persona y aprender nuevas canciones.

Por ellos y a través de ellos cambié muchas cosas que me gustaban por otras que le gustaban a ellos y comprendí que las risas y las sonrisas también pueden salir de nuestra alma atravesando la mirada de nuestros hijos.

Ellos me enseñaron a ser más generosa, mejor cocinera, menos dormilona y más valiente. Me dieron el valor para volver a ser madre y el deseo de ver esas mismas estrellas en los ojos de su hermana. Me fortalecen cuando las cosas no vienen tan bien como me gustaría y me llenan de amor incluso a la distancia.

Me gustan, los admiro y los amo, como amo todo el resto que vino con mi hija, su piel, su postura para dormir imitando un vampiro, su mal genio, sus momentos de dudas, su sentido de la justicia, su valentía, su deseo de ser feliz y hasta los tatuajes,  que nunca me entusiasmaron en otras personas me gustan más desde que mi hija decidió hacerse algunos.

Los ojos de Carmen siempre han expresado la alegría o el disgusto, la rabia o la paz de una manera especial, definitiva y poderosa. Recuerdo su "mirada de reprobación" como algo intenso y frío que podía hacer que hasta adultos bien templados se quedaran consternados. Inolvidables fueron sus miradas de furor adolescente cuando descubrió el amor y el placer de desafiar mi autoridad.

Pero sobre todo recuerdo el día en que descubrí, gracias a ellos la gran diferencia que existe entre las personas que tienen brillo en los ojos y las que tienen además, como ella, estrellas en la mirada.

Isabel Salas


viernes, 10 de agosto de 2018

LUZ


Muchas veces hay que ser capaz de criar patitas, aprender a andar, llegar hasta la solución, atreverse a buscar alternativas y arriesgarse a llevar un susto, o dos, o muchos y aún así ser osados y optar por intentarlo, antes de morir sin haberlo hecho.

Algunas veces, incluso a pesar de todo ese esfuerzo, el resultado vale tanto la pena que nos olvidamos del dolor del camino y sólo queremos festejar a la luz que nos alegra tras tanto sufrimiento.

Es de las mejores sensaciones que conozco y como todas las cosas buenas, me hace sentir gratitud por las personas especiales que me apoyaron en cada paso con su cariño, su solidaridad, su dinero, su sonrisa o esas palabras de ánimo que siempre llegan a la hora cierta cuando crees que no vas a poder más.

En eso estoy.

En la fase de aprender a caminar con unas nuevas patitas que nacieron hace unos meses.

La luz que presiento, se adivina maravillosa.

Isabel Salas

miércoles, 8 de agosto de 2018

PELO NUEVO



Mercedes tenía todo lo que él siempre había buscado en su mujer ideal. Sus modales, su inteligencia, su sentido del humor, su sonrisa y todas sus demás cualidades dejaban a Diego encantado y a cada instante, más sorprendido.

Conforme los días pasaban, él admiraba la manera perfecta como ella encajaba en su vida, en sus amigos y en sus horas. Disfrutaban conversando, paseando, discutiendo sobre asuntos de actualidad o cocinando juntos. Por tanto, decidió alejarse de ella sin dudarlo y con una gran dosis de urgencia, pues su único defecto la hacía insoportable: ella era demasiado real. Él no estaba dispuesto a abandonar la fantasía inalcanzable de su amor imposible para sumergirse en las aguas inciertas de la realidad.

Ella lo comprendió.

Lamentó por unos días la cobardía de Diego y después de llorar hasta cansarse se compró un nuevo y precioso color de pelo. La cajita venía llena de explicaciones e instrucciones sobre su uso. Ella las ignoró como había hecho desde el día que compró su primer tinte o abrió su boca para su primer beso

Siempre había renunciado a hacer el test en una zona de la piel antes de embadurnarse el cabello con el nuevo tono, como recomiendan los fabricantes, o de lanzarse de alma abierta a los brazos de un nuevo amor, como recomiendan los resentidos.

Mercedes se deleitaba en la espera de media hora, que sabía imprescindible para un buen resultado, mientras el producto misterioso hacía efecto en sus madejas. El perfume del cosmético dejaba su rastro tras ella mientras preparaba un café y se cortaba las uñas. Disfrutaba de esa atmósfera coqueta de los olores de salón de belleza y futuro que la dejaban siempre feliz. 

Adoraba la ducha posterior cuando los restos de tinte corrían piel abajo convirtiendo el agua sobre su cuerpo blanco en una mezcla preciosa de espuma y suaves colores inesperados que la acariciaban y le hacían cosquillas.

Cuando el pelo se secaba se miraba al espejo fijamente durante algunos minutos, tratando de reconocerse en su nuevo visual y después sí tomaba el envase con mucha atención. Miraba detenidamente a la mujer de la cajita, la modelo preciosa que lucía un color parecido al suyo en la melena.

Dedicaba unos momentos a pensar si ella también se habría enamorado de alguien como Diego o como Juan el primo de Laura, que freía las patatas sin pelarlas, o como Carlos, el que ordenaba los calcetines por colores.  Elucubraba, si al igual que ella, había sido rechazada por hombres que no tenían espacio en su corazón para ella.

Se preguntaba si aquella linda mujer también tendría hijos, si ella también hacía palomitas para ver una serie en internet, o si soñaba con unas vacaciones en Santorino, subiendo aquellas empinadas cuestas con su amor de la mano y unas sandalias de turista calzadas en pies de uñas  perfectas.

Seguro que sí. Cuando soltaba la cajita y se pintaba los labios, para salir a la calle, se sentía de vuelta a la realidad, recuperada, sanada y sonriente.

La sonrisa de pelo nuevo se parece mucho a la que sonríen los soñadores que escogen vivir en vez de soñar, y para Mercedes, no había casi nada tan verdadero y tangible como un precioso color de pelo recién estrenado para endulzar la espera de los besos nuevos que habrían de llegar.

Los besos, como los colores, existen.
... y están ahí para los valientes

Isabel Salas

domingo, 5 de agosto de 2018

EL RUIDO DEL AGUA



El ruidito del agua del río, te obliga a parar. Te hace dejar de correr por unos momentos y te pones a mirar como corre él.

Ese ruido que corre lleno de agua.
Esa agua que corre llena de ruidos.

Un ruido  de aguas milenarias que han visto de todo, desde lenguas de dinosaurios hasta los cascos de los caballos de los hunos, han visto miles de niños nadando y han mirado a los ojos de los vikingos y de los mamuts. 

Son todos los ruidos, de risas , mugidos, juegos y muerte que escucho cuando escucho el jaleo del agua del río. Por eso me paro y lo miro. Lo miro y lo escucho. Porque un día me llevará a mí también, mis ruidos se irán con los otros y la canción del río tendrá una parte mía que alguien escuchará mirando el agua cuando yo ya no esté.

Me paro para que me mire bien y me coja el tono. Me aprenda, me entienda y un día...me cante. 

Isabel Salas

sábado, 4 de agosto de 2018

SOÑAREMOS


Todo de ti me quema,
tocarte o alejarme, 
hablarte,
responderte,
ignorarte
o callarme.

Todo de ti me gusta,
mirarte o esconderme,
olerte,
conocerte,
escucharte
o hablarte.

Y por eso me escondo,
por temor a tus llamas,
y por eso te rondo
por si acaso me amas.
me miras,
o me llamas.

Y aún sabiendo que tú,
ignoras mi cariño,
y que soy un tabú
me quedaré un poquito,
cercana y en silencio,
feliz,
a tu ladito.

Después me alejaré,
seguirás tu camino.
Te irás, 
me marcharé,
buscarás tu destino.

Y los dos soñaremos
con el amor de fuego 
que pudiera haber sido.

Isabel Salas