jueves, 19 de febrero de 2015

ESPABILA



No quiero asustarte,
pero a veces,
 al mirarte...
me pareces tan muerto
que dan ganas de enterrarte.

Isabel Salas



lunes, 9 de febrero de 2015

SIN PROMESAS

No me pidas promesas,
pídeme besos.
Las promesas las tengo que inventar...
pero besos tengo.

Isabel Salas

miércoles, 4 de febrero de 2015

MI AMOR POR LOS DICCIONARIOS


En casa de mis padres había un DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO ABREVIADO, con siete tomos de diez cm de ancho cada uno y sus dos apéndices.

Con dos cojones.

El sentido del humor de ESPASA-CALPE me marcó para siempre y muchas veces lo incorporé en momentos de crisis, como aquella vez que tuve una bronca con un novio peruano y después de estar gritándole casi dos horas, él me preguntó si ya había terminado, si estaba más tranquilita. Y le dije que sí, que mucho más y que podía darle gracias a Dios porque había usado para putearlo la versión abreviada del Espasa.

Los libros eran azules, pesados, con papel finito de ese de biblias y el lomo negro con adornos dorados que le daban un aire solemne de libro importante lleno de verdades.

Me encantaba hojearlo y ojearlo. Sentir sus hojas suaves con las yemas de mis dedos chicos. Cerraba mis párpados y jugaba a deslizar mi dedo índice por cualquier página, parándolo de pronto encima de cualquier cosa, abría los ojos  y entonces con precisión litúrgica, de esa que sólo los arzobispos y los niños saben imprimirle a cualquier gesto bobo, leía la definición.

Cosas de niños.
Jugar al diccionario.

Jugaba a desgastar mi digital paseando por Rusia, arrastrándola como un dedito transiberiano lleno de deportados, imaginando que un día si la policía me fichaba se admiraría por mi ausencia de huella, sin sospechar jamás que la perdí en un diccionario. 

Deslizaba mis ojos por aquellas ilustraciones en blanco y negro, por tantos pie de foto, por tantas descripciones de personas y lugares, tantísimas palabras,  tantas definiciones, abreviadas o no, que al final fue inevitable que nos encariñásemos mi Espasa y yo.

Allí aprendí la diferencia entre cíclope y clítoris, zutana y sotana, leí todos los sinónimos de fornicar y comprendí que Ansiedad, aunque también es sustantivo femenino singular, como Piedad y Soledad, no sirve para bautizar mujeres debido a  sus especiales singularidades.

Una vez, alguien se rió de mí cuando en la lista de los diez libros que más me habían marcado, yo incluí los siete tomos uno a uno. No dije nada de los apéndices para dejar sitio a otros tres libros normales.

Me jodió aquella burla, no tanto porque insinuaron que yo era tonta, más bien por el desprecio con que trataron a mis siete tomos de lomos dorados. 

De aquel cenutrio que se rió de ellos,  no recuerdo ni el nombre, la verdad.

Los otros tres, que completan la lista del TOP DIEZ de libros más amados, han cambiado con los años. Conforme he ido madurando,  han evolucionado mis gustos literarios, pero mi Espasa-Calpe S.A. completo y del tirón, sigue conservando el primer lugar en mi corazón, por orden alfabético y dentro de un pareado como acabáis de ver.

Por cierto, cenutrio significa hombre lerdo, zoquete o estúpido. Que yo sepa no existe la versión femenina del insulto, aunque también existen mujeres lerdas y estúpidas  hay que definirlas usando otras palabras.

Para eso sirven los diccionarios, para insultar con propiedad, para comprender lo que leemos, entender el mundo y ser más feliz o no.

Isabel Salas 

lunes, 2 de febrero de 2015

LAS GAFAS DE CINZANO


¿Alguien sabe dónde venden las mágicas gafas de Cinzano?
Las anunciaban en la tele hace años. Unas que  cuando te las pones puedes ver el lado bueno de la vida.
Con los amigos y en compañía podías descubrir  el nuevo sabor rosa de la vida mirando a través de una copa rosada.
Con ellas se veía todo un poco mejor, con más alegría... de otro color. Parecían geniales.
Yo he probado hoy con todas las que tengo aquí, las de lejos,  las de cerca, las de sol, las de buceo, las de tres dimensiones y lo veo todo bastante mal.

Pocos colores, el mismo sabor de siempre...
Poca alegría.
Un lunes negro, digamos así, como si hubieran caído todas las bolsas de valores de todo el mundo.

A ver si con las gafitas me animo un poco.













domingo, 1 de febrero de 2015

EL DOLOR Y YO

Recuerdo cada momento del pasado con dolor más o menos intenso, pero el dolor como unidad de medida. Los momentos más felices han sido aquellos en los que ha faltado el dolor por unos segundos o minutos o incluso horas... pero estaba allí, vivo, amenazante, esperando el momento de volver a instalarse en mí. Y yo de reojo mirándolo, sabiendo que él me miraba de frente porque sabe que soy suya.

Conozco tanto el dolor, lo he analizado tanto desde  hace tanto tiempo que por épocas he llegado a organizarlo y subdividirlo en diferentes categorías, dolor de niño, dolor de muelas, dolor del sentimiento, dolor de amor, dolor de desamor, de traición, de parto, de miedo, dolor de cesárea, dolor de aguantar, dolor de humillación (uno de los que mas odio) y más, muchos más. 


La verdad, ha sido un esfuerzo inútil, pues se pueden subdividir hasta el infinito según los matices y sólo se consigue una lista aburridísima. Por otro lado, desde que supe que alguien se atrevió a resumir  los famosos  diez mandamientos aquellos de Moisés, en dos, se  abrió en cierto modo, la veda del resumen y yo también estoy cada vez más esquemática. Sirva este punto para aclarar que siempre pensé en mi infancia que faltaban  mandamientos, pues aunque queda claro que hay que amar a Dios y respetar a tus padres, no desear a la esposa del vecino, ni robar, ni follar, no dice nada de como tratar a los niños, ni una palabra del respeto a los hijos, del sexo anal, ni de como debemos comportarnos con los animales. No dice ni pío sobre la inseminación artificial, sobre matar para comer,  o sobre el racismo, los viajes espaciales o los homosexuales y otros temas que yo creo  que son  importantísimos y que  Dios debería de haber explicado mejor. Digamos, que ya que se había dado el trabajo de tallar las tablas de la ley, y redactar los mandamientos, podía haber sido menos repetitivo y abarcar mas temas. Pero otro día hablaré de Dios y de su manía de ser poco específico. 

Volviendo al dolor, lo he dividido en dos tipos, los físicos y los otros, los físicos engloban desde que te pisen un juanete a que te duela el oído, o una muela o tengas una infección de garganta y están claras  sus causas y claros sus efectos. Los otros son todos los demás, y son más complicados, los del miedo, los del corazón partido, los del alma, para quien crea en el alma, el dolor de la impotencia y el de sentir las ganas de ser capaz de matar. Es decir todos los otros, y yo, que no soy filósofa, ni científica, ni por lo visto demasiado inteligente no llego a preguntarme cosas demasiado profundas, simplemente me interesan tres puntos, uno  ¿Porqué se sufre? dos ¿De dónde viene el dolor que no es físico? y tres ¿Qué carajo es lo que duele? 

Mi conclusión personal es que debe ser el alma porque hay algo dentro de mí que sufre mucho y no es ningún órgano de mi cuerpo, es más, creo que  ya la tengo localizada, mi alma está instalada dentro de la barriga, con ramificaciones tipo  patitas de medusa que se mueven entre el corazón y los pulmones, por la garganta o por la vagina, por las sienes o por el cuello, y pulsa  cuando se mueve, puntos sensibles a los que sólo se tiene acceso desde dentro. 

Dependiendo de los estímulos que le llegan al alma, así ella se contrae, se expande, se estira o nos  aprieta y nos duele más o menos. Por eso nos emocionamos con una canción que nos moja  los ojos, o lloramos después de un gran polvo y lo que nos llora, en realidad, es nuestra alma agradecida. Otras veces sentimos la levedad del ser cuando en excepcionales momentos el alma nos flota en la piscina interna de las lágrimas de reserva. Así que la tercera pregunta está respondida: lo que nos duele es el alma. Aunque sea por eliminación, si no me duelen los órganos y sin embargo hay algo dentro de mí sufriendo, debe ser algo que no es el cuerpo, y me parece bien llamarla alma y así la llamo, porque no tengo tiempo de complicarme más. No me refiero al tiempo que estoy gastando al escribir, sino al que gasto viviendo.

La segunda es mas difícil. Para responder de dónde coño viene el dolor del alma tenemos que ver si es algo que se produce fuera y hace el efecto dentro o es algo de adentro mismo. 
Creo que las dos cosas. Viene de cualquier sitio.

La primera está clara, nos pasan cosas, vivimos experiencias que nos frustran, deseamos cosas que no conseguimos, esperamos algo que nunca llega y  todo  eso nos hace sufrir.  Por eso los psicólogos y psiquiatras ganan tanto dinero ayudando a la gente a  asumir sus frustraciones como parte de la vida, enseñándolos a gestionar las derrotas diarias, aceptar que tu padre nunca te quiso o que no sabes elegir maridos y siempre te casas con el más inadecuado. No sé si estar contenta por nunca haber tenido dinero para gastármelo en psiquiatras o triste porque me he perdido ese placer de contarle mis mierdas a alguien interesado en escucharme aunque solo sea por dinero y que además, parece estar lleno de consejos secretos, razonables y tranquilizadores. Ni idea. 

No lo sé. Nunca he tenido el dinero para planteármelo y la gente  que conozco que sí lo han tenido, desde mi punto de vista, han acabado mas egoístas que antes de ir al psiquiatra, mucho más cretinos, pero aparentemente más felices, con lo cual no sé si el egoísmo  te deja mas contento o te narcotiza la mala sangre. A mí me vendría fenomenal un poco de neutrox, recetado por un especialista a ver si se me pasa un poco el arrebato interno que me vuelve loca algunas veces. O no, me estoy acostumbrando y,  ya,  casi me gusta.

Esto es como todo, al principio duele y te da miedo, pero después que entra la puntita,  el resto hasta te agrada. Lo bueno es que siendo mujer, siempre puedo decir que estoy en pleno ataque de tensión pre-menstrual. No sé si cuela pero lo mantendré cueste lo que cueste hasta el juicio final, dónde veremos quien tenía razón. El que compra gel cuando le dicen que le van a dar bien fuerte o el que grita y llora y escupe en la cara de los que son fuente inagotable de dolor. A mí se me terminan los insultos y las lágrimas algunas veces. Pero las letras no. Las letras siempre se pueden combinar de mil maneras para expresar las mismas cosas con palabras nuevas. Son menos de treinta pero con ellas podemos contar la historia de todos los dolores y ponerle nombre a todas las estrellas.

Será por eso que escribir alivia.
Alivia el alma.
Alivia el dolor.

El mío, por lo menos. 
Y el tuyo, que me lees.

Isabel Salas