domingo, 13 de agosto de 2017

ES LEGAL SER INMORAL


Ya no hay Tierra Libre, no quedan islas desiertas ni Oestes salvajes.

Ni un sólo rincón se salvó de ser invadido por la mediocridad burocrática y pegajosa de los Servicios Sociales. El manto gris de las leyes absurdas nacidas de las mentes dogmáticas de nuestros amados políticos, cubre toda la tierra.

Es legal que el violador de mujeres se case con su víctima para evitar la cárcel, y también lo es que maten a pedradas a la adúltera. Es legal que una psicóloga vengativa y estéril le arranque el bebé de los brazos a una madre desempleada para entregarlo a una familia de acogida. Está dentro de la ley que una mujer maltratada durante años, se arrepienta de haberse separado cuando constate que sus hijos deberán convivir con su verdugo lejos de su amparo, pues la ley ha decidido que nada impide a un marido golpeador o insultador ser un excelente padre, y la ley nunca se equivoca.

Es completamente legal que los jueces entreguen niños violados a sus violadores para curarlos del falso síndrome que inventó un pedófilo llamado Richard Gardner hace unos años en EEUU, un médico sin escrúpulos, secundado por psicólogos inmorales, que se enriquecieron y se siguen enriqueciendo vendiendo niños a sus torturadores mientras etiquetan a sus madres de locas por denunciar los abusos.

Es legal y eso no quiere decir que sea moral, simplemente que es legal, como lo son y lo fueron tantas cosas.

Aconsejan a la mujer a denunciar los malos tratos, y cuando lo hace le quitan sus hijos por hablar mal del hombre que les arruinó la vida a ella y a sus niños, acusada de alienación parental, y si no lo hace se los llevan los servicios sociales acusándola de cómplice.

Mi conclusión es que así como lo cortés no quita lo valiente, lo legal no quita lo inmoral y echo en falta un pedacito de Tierra Pura, libre de esta locura, un pedacito dónde empezar de cero sin tener que luchar con mis fuerzas de hormiguita contra este Goliat perverso y cruel que se llama sistema, como podía llamarse infierno o manicomio.

Isabel Salas

domingo, 6 de agosto de 2017

VIVO


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Hace tiempo que no voy dónde quiero, sino donde tengo que ir. 

Las circunstancias y las venganzas de un cierto indeseable, así lo ordenan, y yo, que detesto mentir, le pongo al mal destino buena cara y le sonrío, me sonrío, nos sonreímos y nos concentramos para juntos, conjugar el verbo sonreír desde todos los ángulos imposibles y en todas las direcciones posibles.

Por dentro, sin embargo, pienso que las circunstancias son unas perras malditas sin sentido del humor y que no merecen ese esfuerzo, la única persona que lo merece es la dueña de la manita que se entrelaza con la mía para cruzar las grandes avenidas mientras nos dirigimos, sin ganas, a esos destinos indeseados.

Recuerdo otros momentos, cuando yo decidía en qué cama dormir, en qué tren subir y dónde bajar. Sin horarios, sin explicaciones, sin prisa, sin nadie esperando en casa, sin teléfono celular, sin ruedas en las maletas, sin internet, sin reptilianos, sin vídeos de gatos ni gafas de cerca ni  hijos.

Eran otros tiempos, otras circunstancias, otros cielos, otros zapatos.Todo era otro, hasta yo misma era otra.

Hoy en día, cuando mí teléfono me pregunta dónde quiero ir, y mi red social se interesa por lo que estoy pensando, me quedo analizando en como han cambiado las cosas y en lo absurdas que parecen a veces,  cuando la pregunta más cariñosa del día te la hace el programador de una aplicación a quien nunca verás y la más absurda, una psicóloga que no te conoce de nada y a quien le importas menos aún, y que ni intenta poner cara de inteligente para esconder el tedio que le producen tus respuestas.

Me vienen a la cabeza una lista de interminable de lugares a los que no deseo ir y a los que somos arrastradas mis hijas y yo por las circunstancias y sólo se me ocurre uno a donde sí me gustaría ir: "a casa".

Y no esa casa de tejas y ladrillos situada en la calle tal número cual, sino a la casa esa que los ingleses llaman home y que yo identifico con ese estado de espíritu que te invade cuando te levantas sin miedo, vives sin temer al nuevo golpe que la jornada te tiene reservado y te vas a dormir en paz.

Ese estado de "hogar" dónde cuando tu niña te pregunta dónde vamos, le puedes responder con tu mejor sonrisa:

- Dónde tú quieras, preciosa.

Porque no hay circunstancias endiabladas, propiciadas por un indeseable, que le obliguen a arrastrarla  a lugares dónde nadie quiere ir.

Isabel Salas