sábado, 15 de diciembre de 2018

AGRESIÓN


Mis maneras se tienen que vestir de Domingo para disfrazar el miedo porque es la única manera que conocen de sobrevivir. 

Tal vez, mi memoria aún cree en el agua bendita y en sus ilimitados poderes de protección y,  por eso, cuando tengo mucho miedo y siento que nada puedo hacer para evitar los golpes, mi corazón invoca la imagen y el olor de una piedra de pila. Se encarama hasta el borde frío y mira adentro calculando la temperatura del agua y la distancia del salto, casi siempre proporcional al volumen de los gritos que me asustan o a la arista de las palabras con que intentan herirme. Después se lanza a nadar en ese líquido, perfumado con la santidad de todos los ángeles, mientras mis ojos adoptan su mirada nublada de Día Sagrado para observar los ojos que me asustan, a través del velo protector del acuario bendito.

Mi boca, mis gestos, mi sudor y el temblor de mi sangre se disfrazan con su vestimenta más dominguera y yo me concentro en ese aroma de piedra mojada, que me recuerda el de las lágrimas que intento tragar. 

Sal, sangre y silencio. El dolor que mis propias uñas producen en las palmas de mis manos para que yo me pueda concentrar en un dolor físico que me distraiga del otro, se va haciendo cada vez más  fuerte, deja de ser incorpóreo y se materializa poco a poco en una piedrecita que guardo en secreto entre los pliegues de mi alma hasta que el temporal pasa.

Los gritos cesan, la agresión termina, quien me estaba torturando se aleja, y entonces, con cuidado, saco mi piedra, estudio su color, admiro su suavidad, envidio su belleza, bendigo a Rubén Darío aunque sé que no era un gran admirador de las mujeres que escribían, (no soy rencorosa), y dejo de temblar.

Mi corazón se aleja de la pila y regresa a mi pecho. Me acerco entonces, al estanque de peces de colores que mantengo escondido en mi jardín secreto. Allí podría gritar, llorar, desesperarme, levantar mi puño al cielo sin que nadie lo impidiera ni temor a represalias, pero no quiero asustar a mis  peces.

Con dulzura me acerco al borde y suavemente, con extrema delicadeza, dejo caer mi nueva piedra. Se junta, así, a tantas otras que, desde el fondo, sonriendo, acompañan la bellísima coreografía de mis amigos de colores.

Isabel Salas

martes, 11 de diciembre de 2018

LECCIONES


Dice mi amigo Federico, que hace muchos años, leyó en un libro una reflexión sobre la vida que lo marcó y nunca la olvidó. En aquellas páginas se afirmaba que la vida era la mejor maestra, y tan buena maestra es, que nunca desiste, al contrario, ella siempre insiste. Nos obliga, implacable,  a repetir algunas situaciones hasta que extraemos de ellas el aprendizaje que necesitamos, y sólo entonces, más  sabios y humildes, con nuestra correspondiente lección aprendida, estaremos autorizados a pasar de fase y cambiar de circunstancias. La vida entonces, nos regala unos instantes de vacaciones y enseguida nos obliga a tratar de vencer otros desafíos, porque ese es su trabajo y para eso estamos aquí, para aprender.

Tengo otro amigo querido, Tonatiuh, que tiene su propia definición sobre la vida, como la tiene sobre casi todo. En uno de los vídeos de su canal,  afirma con su voz más teatral que la vida no es más que la posibilidad de errar. La primera vez que lo escuché me curé simultáneamente de doscientos traumas y me perdoné mil errores de golpe. 

Errar como sinónimo de vivir jamás se me había ocurrido, y por una extraña asociación de pensamientos, me encantó la idea. Tal vez por saberme llena de errores o por la preciosa posibilidad que sugiere tal concepto,  ya que solo puede equivocarse quien está vivo para hacerlo y decide besar, amar, viajar, trabajar, pelear, enamorarse, abandonar un país o un amor, y en fin, arriesgarse a acertar y a equivocarse con cada decisión tomada.

Al final es equivocándonos y aprendiendo a convivir con las consecuencias de nuestros errores y aciertos que mejor aprendemos. Lo que sería vivir dos veces puestos a agradar a griegos y a troyanos.😄

Este año, que está terminando, ha sido un año de intensos aprendizajes y de excelentes oportunidades de crecer como madre y como mujer. He contado con el apoyo y el cariño de diferentes personas, algunas hace muchos años que están en mi vida y otras son recién llegadas, unas que habían desaparecido y han regresado inesperadamente para jugar un papel protagonista en los últimos  partidos de mi campeonato y otras han actuado por breves e intensos momentos fundamentales. A todas les doy las gracias con inmensa gratitud porque sin ellas no habría sido tan bueno este 2018.

Me preguntaba a mí misma hace unas horas si habría aprendido las lecciones que este año que se termina, tenía para mí y, honestamente, no sé si las aprendí todas pero hay dos que definitivamente puedo afirmar que sí. Una ha sido la manera de relacionarme con el dinero que ha mejorado notablemente y otra la forma como detecto y corto de raíz cualquier tentativa de mi corazón de iniciar cualquier relación tóxica.

Lo del dinero es muy importante y necesitaba otra perspectiva para entenderlo y manejarlo, considero que ha sido año muy interesante y que he aprendido mucho, no sé si todo lo que necesito aprender pero definitivamente ha sido muy intenso.

Lo de la toxicidad en las relaciones amorosas  es algo que venía arrastrando hace años y sólo ahora, después que escogí pasar un tiempo sola y recapitular sobre algunas vivencias muy complejas de mi pasado más o menos reciente, es que me siento definitivamente curada de esa inclinación suicida a escoger el "perrito cojo" que durante algunos años me ha invadido. 

Lo sé porque he sido tentada y aún así, no me ha sido difícil cortar el enamoramiento en cuanto he sentido las más leves señales de toxicidad. Hombres complicados, ocupados, promiscuos o indecisos han dejado de interesarme completamente y eso es un gran alivio en muchos sentidos y una gran victoria personal. Ya no quiero salvar a nadie ni creo que gracias a mi amor incondicional determinado caballero puede parar de comportarse de cierta manera para portarse como el compañero que deseo tener caso surja la posibilidad de vivir en pareja.

Ha sido un proceso de varios años, pero durante éste último ha llegado a su etapa final y eso me deja muy satisfecha. Ha sido una conquista y no un regalo caído del cielo, una construcción laboriosa que me ha costado mucho esfuerzo y bastantes lágrimas, pero que como todo lo que me cuesta, siento que ha merecido la pena. 

Se acerca 2019, un año muy importante que llega cargado de promesas pero también de realidades. Mis hijas están bien, aprendiendo cada una sus propias lecciones y creciendo como personas y mujeres cada día más completas, también ambas me enseñan a superarme y las dos me inspiran para ser mejor persona y madre.

Despido este año con un abrazo y recibo el próximo con besos y flores. Aprovecho este momento de recapitulación anual para desear a todos los que frecuentan el Blog o la página de los libros en Facebook una Feliz Navidad, un excelente Año Nuevo, mucha sabiduría para aprender las respectivas lecciones que la vida les tiene reservadas y. como no,  mucho valor y esa pizca de osadía que necesitamos para aprovechar la maravillosa oportunidad de errar que es la vida.

Isabel Salas



jueves, 6 de diciembre de 2018

INMORTAL



Me contaron lo oscura
que era la noche oscura
y como el alma 
después de muerta,
resucita más pura.

Y me contaron
como el corazón llora
cuando el amor se va,
estirando la noche
y espantando la aurora.

Me contaron mentiras,
me cantaron canciones,
a veces las dos cosas,
y me engañaron
con falsas emociones.

Pero nadie me dijo,
que intentar olvidarte
cuando llegó el final
era un intento necio
de posponer mi muerte
con poesía letal.

En cada verso
tú te fortalecías
 y mientras yo moría,
para desgracia mía,
te hacías inmortal.

Isabel Salas




martes, 4 de diciembre de 2018

PUERTA MEDIO LLENA




Algunas bocas parecen decirme una cosa con sus besos y todo lo contrario con sus palabras. O tal vez soy yo, que no sé comprender lo que me dicen, ni lo que me besan.

O tal vez es la vida, que se divierte distorsionando los mensajes, o las nubes, que hacen sombra sobre los ojos y no dejan brillar el amor, o la luna que no estaba lo bastante llena, o el sol que estaba casi vacío, como las botellas indecisas del "según se mire", o es todo junto y muchas más cosas que tampoco entendí y al final, la verdad, es que, simplemente, hay puertas que son callejones sin salida, corazones que no nacieron para quererme y besos que a pesar de parecer un hola, son portazos destemplados, como adioses a empujones, o patadas... o candados.

Isabel Salas