martes, 14 de julio de 2020

HEROÍNAS



Las dos juntas, comiendo mandarinas,
en nuestra intimidad compenetrada,
cuidamos la salud debilitada
compartiendo las dulces vitaminas.

Luchamos por hacernos heroínas
abrazaditas cada madrugada,
esperando la luz de la alvorada
que atraiga a las oscuras golondrinas.

Nos acompañan risas y poesías, 
la perra Kika y la gata Pandora
que alivian la inquietud de nuestras días.

Y aunque la oscuridad sea opresora,
compartimos sueños y fantasías
sabiendo que pronto vendrá la aurora.

Isabel Salas




viernes, 10 de julio de 2020

DESDE LA LUNA



Que cansados deben de estar los de la luna de mirar la muralla china, o los plásticos de Almería (que ahora se llaman mar) o cualquier cosa de esas que dicen que se ven desde allí. Que lo mismo es mentira, como casi todo lo que nos cuentan de la luna y de otros asuntos menos lunares y tal vez es sólo un deseo perverfantil de presumir de que tenemos "algo"  más grande que los demás.  

A lo mejor cada país se saca un monumento, o lo que sea,  de la manga para poner ese ejemplo ridículo y dejarnos a los demás avergonzados porque nuestra pirámide o nuestro obelisco fálico, no alcanza esas magnitudes cosmológicas que permiten a los que van a la luna (si es que van) deleitarse admirando el tremendo murallón de la dinastía Qin o algo de parecido porte.

Yo también estoy cansada, no de la muralla china ni de ir a la Luna, lo mío es un cansancio más casero y menos interestelar. Un cansancio muy de andar por casa, muy (digamos) básico. Nacido del hastío que me provoca ver la cantidad de imbéciles que detecto, sin moverme del planeta, a plena luz del día o incluso de la noche. Esto es posible gracias a que algunos de estos miles de gilipollas brillan en lo oscuro como esos muñequitos de plástico que tanto me gustaban de niña.

Mi cansancio, a ratos,  lo abarca todo. Desde la agenda del nuevo orden mundial (que también se ve desde la luna) hasta esos abrelatas modernos que no sé usar pero me encanta comprar para  buscar el tutorial y tratar de abrir una lata de palmitos siguiendo unas instrucciones que no funcionan porque ese artefacto lo diseñó el diablo cuando se cansó de cargar pistolas.

Es decir, un cansancio universal, sin esperanza, de conductor que está derrapando en la curva y desiste de intentar enderezar el coche porque ya no hay remedio, el desastre es inminente y la muerte te espera vestida de novia. Un agotamiento espiritual que huele a sacristía y deja en la boca un gusto raro de caucho recalentado.

Cansancio de encontrar los poemas condecorados en los concursos literarios, llenos de palabras que hacen referencia a personajes míticos y tanto ayudan a que sus autores parezcan tan eruditos y premiables. Agotada de tener que poner cara de ajedrez, de póquer, de parchís, de corrección política, de yo no fui, ni soy, ni seré y de despedirme atentamente o sentarme en un rincón a mirar atentamente mis uñas hasta que la muerte me separe y me salve.

Cansada de los monosílabos, que  no se acentúen a veces y otras sí y de que las sartenes baratas arruinen mis tortillas. De los reyes del mundo y de las princesas del inframundo. De la humedad, del calor excesivo, del frío extremo, de las políticas de monsanto, de los que dicen que los extranjeros violan más que los españoles y se quedan tan tranquilos como si la estupidez fuera un derecho de cuna y no el resultado de la degeneración.

Un cansancio, en fin, que se vería desde la luna si alguien tuviera la gentileza de ir hasta allá y mirar hacia el lado correcto.

Isabel Salas












martes, 7 de julio de 2020

MIS LIBROS


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martes, 30 de junio de 2020

I- LIMITADA



Nací 
para tocar las nubes,
despeinarlas, mullirlas,
abrazarlas
y conocer el nombre
de todos los querubes.

Crecí, amé, viví
y vivo cada día
sin conocer barreras.

Defiendo lo que amo,
lucho por lo que es mío
y aprendo con las fieras
a custodiar la orilla
que circunda mi río.

El Fuego me ha quemado
y aún me quema,
sabe quién soy
y junto a mí blasfema.

El Agua me ha lavado
y conmigo ha reído
al arrancarme el lodo
del último pecado.

El Aire me sonríe,
es parte de mi risa
me ama y me acaricia 
con sus besos de brisa.

La Tierra casa y madre
me protege y me acuna
con canto de caladre 
y mirada de luna.

Nací para vivir
amar y ser amada
para ser libre y fuerte
y disfrutar la suerte
de ser
I- Limitada.

Isabel Salas








domingo, 21 de junio de 2020

ALEATORIEDADES



Algunas cosas pasan a la luz del día y otras a plena luz de la noche.


Las hay que pasan desapercibidas y otras que llaman la atención de todos, incluso, aunque no existan.

Muchas suceden entre cuatro paredes y otras, magníficas, sólo entre tus brazos. Cosas que no deberían de haber pasado y otras que desearíamos que pasaran y rezamos para que así sea. Algunas que a nadie importan, y que aún así, se meten en las conversaciones de las vecinas chismosas y unas cuantas que pasan tan a las claras que todos se deslumbran y ni las ven.

Las hay que pasan lentamente, como los días sin ti y las que lo hacen a la velocidad en que la limonada baja por la garganta en días de verano. Rápida y mística, haciendo que te quieras hincar de rodillas ante el altar del Dios del hielo.

Cosas que me pasaron contigo y otras que sucedieron cuando ya te habías muerto, (ido, callado, mudado, casado) y tengo que contártelas de noche, en mis sueños, llorando a veces, imaginando que me oyes.

Me pasan cosas imposibles de creer y otras tan absurdas que ni merece la pena contarlas. Coincidencias increíbles, misterios insondables, enamoramientos inexplicables, deseos inconfesables, hambres incontrolables, ganas de reír, de llorar, de morir, de vivir, de parar, de seguir, de sembrar, de dormir, de escribir, de mirar por la ventana esas ramas mecidas por el viento.

Tan dulcemente.
Tan hojas vivas, tan juguetonas, tan llenas de susurros, tan esperando la lluvia,  tan del agrado de mi gata.

Pero llega gente, me traen regalos o noticias, y hacen que tenga que tenga que alejarme de la ventana. Gente que me cuenta chistes, me distrae, me enseña nuevas recetas de buñuelos o comparte secretos conmigo que preferiría nunca haber escuchado.

Hay hombres que me tocan la guitarra para enamorarme y otros que me tocan las tetas para calentarme. Algunos fingen que me desean para tratar de conseguir algo de mí y otros que no me quieren aunque sus manos y sus ojos me coman viva.

Hay momentos de paz y otros de guerra, de recapitular, de quemar naves, de rendirse, de construir, de decidir, de destruir, de irse, de posponer, de llegar, de bailar, sacarse el carnet de conducir, de beber, de descansar, de discutir, de arreglar el armario, de limpiar las ventanas o de hacer sexo oral.

De alejarse.
De volver.

De arrepentirnos, de pedir perdón, de pedir permiso, de pedir la vez en la fila, de pedir favores y de imponer.

De mandar flores o de  mandar a la mierda.

De dar la mano, de dar la razón, de dar por bueno lo nefasto, por perdido lo que no nos ama, de dar las gracias o de dar la enhorabuena. De hacer la cama o de deshacerla hasta sacarle sangre, de hacer bizcochos y de hacer oídos sordos.

Así es la vida, una sucesión de anécdotas, de comidas, de actos, de canciones, de risas, de orgasmos, de frases, de viajes, de poemas, de besos, de maletas, de gatos, de ginecólogos, de bibliotecas, de señas de wifi, de pediatras, de colores para las uñas, de abrelatas.

Y así son las cosas.
Aleatorias.

Como el baile de las hojas de la ventana, como la vida.
Como las caricias de mi gata.

Tan impredecibles.

Isabel Salas




martes, 9 de junio de 2020

GACHUPINES



Una greñuda auto ayuda,
(supuestamente poética),
impertinente y bocuda,
exegética y patética,
campa en los campos sin fin
del poema gachupín.

Insultos y palabrotas,
improperios que, a destajo,
chorrean en cuentagotas
junto a cualquier latinajo,
del que poeta esté afín
para añadirle estopín.

Consejos indeseados
pareceres aburridos
opiniones y recados
resuenan como chirridos.

Poemas insoportables
que nos hieren los oídos,
discursos indeseables,
reflexiones,
pedantes definiciones,
basuras indefensables.

Así es la nueva poesía
que nos ha impuesto la joda.

Como cualquier otra moda,
ya que tanto me incomoda,
espero que pase un día.

Isabel Salas






miércoles, 3 de junio de 2020

TU TOCAR


Todavía me cuesta entender, después de tantos años, el poder que tu piel tenía sobre la mía. Otras manos me han tocado, por encima o por debajo de la ropa, pero ninguna ha sabido tocarme como tú lo hacías. 

Aquel tocar que era palpar y tomar, acariciar y prender, atizar, despertar y explotar.

Aquel tocar que era mucho más que hacer contacto. 
Tu tocar.
Tu tocarme.

Aún puedo sentirlo en momentos como éste, cuando de pronto, yo misma me toco al arreglarme el pelo o acomodarme la ropa y algo me eriza la piel.

Mi corazón susurra tu nombre secreto y recuerdo cuando me decías que después de tanto tiempo tiempo tocándome, tocarme era tocarte a ti mismo. Me explicabas que ya no sentías aquella electricidad del inicio y, sin embargo, al no sentir diferencia entre tocar tu pierna o la mía eso me hacía más tuya.

Más tú.

Nunca lo entendí.

Hasta ahora, lejos en el tiempo, cuando me toco como  tú lo hacías, sin intención, sin pretender nada, como quien toca lo suyo, y cada célula te siente cerquita pues era así que me tocabas.

Como  tocamos nuestro propio cuerpo.

Pongo aquellas canciones que cantábamos en el coche y pienso en lo mucho que te quise sin saber muy bien, si aún te quiero.

Si aún me quieres.

Si has vuelto a tocar a alguien así.


Isabel Salas

jueves, 28 de mayo de 2020

AMOR-DAZADOS


En esta nueva realidad precaria,
en la que amordazados convivimos,
amamos, estudiamos y reñimos
perfumados con agua sanitaria.

Nuestra nueva consigna doctrinaria
es respetar las normas que cumplimos,
ciega obediencia con que repetimos
consignas de eficiencia lapidaria.

Los niños y las niñas son vectores
difusores de un virus con corona
que mata sin piedad a los mayores.

Mientras la gente (en casa) reflexiona
las máscaras se visten de colores
y el número de muertos conmociona.

Isabel Salas

miércoles, 13 de mayo de 2020

UN HOMBRE COMO TÚ


Un hombre caminaba despacito. Sin edad, sin prisa, sin destino ni objetivo. Iba pensando en sus cosas, sus cuentas, su auto, su corazón. Era un hombre deseoso, lleno de deseos sencillos. Deseaba dormir abrazado, deseaba una sonrisa al llegar a casa, un abrazo, un cómo estás. Un domingo feliz. 

Era un hombre cuidadoso. Cuidaba de su familia, de su casa, de su auto, de su perro. Cuidaba de sus cuentas, de sus deseos, cuidadosamente amarrados. Era un hombre con tiempo, tiempo para su trabajo, tiempo para su familia, tiempo para todos. Mucho tiempo. Tiempo para anhelar.


Era un hombre triste, triste con sus cosas, triste con su llegada a casa. Con sus domingos vacíos. Con una cama triste sin abrazos, un triste auto y su perro triste. Su triste edad, sus cuentas tristes y su triste corazón.


Era un hombre como tantos. Un hombre como mi vecino, como mi padre.Como tú, como tantos hombres tristes, que pasean despacio sus deseos sencillos, sin edad y sin prisa.


Isabel Salas










viernes, 8 de mayo de 2020

RAZONES DE SOBRA



Él, le explicó quinientas veces las mil razones por las que no podía amarla y Marta, lo comprendió. Cuando ella se alejó de él sin dar ninguna razón, Diego no lo entendió.

Parece que ninguna de sus mil razones lo convenció.

Isabel Salas

martes, 28 de abril de 2020

AMOR NUEVO


...Y Juana, que pensaba que ya no sabría  repetir las mismas palabras de amor, comprendió que no hacía falta. Aprendió que un nuevo amor hace brotar palabras nuevas nunca antes emitidas. Otros modos de mirar nacieron en sus  ojos, sus manos inventaron nuevas caricias y el corazón  latió  con un ritmo desconocido que hizo bailar a la sangre con otros pasos.

Todo era nuevo y cuando ella abrió la boca para expresar su amor, fue la primera sorprendida con el torrente de palabras recién nacidas que iluminaron los ojos de él. Fue lo único viejo de aquel amor novato:  El fuego ancestral que ilumina la mirada del hombre que se siente amado.

El fuego de siempre, encendido por ella, por primera vez, con su amor de siempre, renovado para él.

Isabel Salas

martes, 21 de abril de 2020

DESPERTAR


Durante años, todos mis amigos y amigas que meditan, intentaron convencerme de lo bueno que es. Tardé en hacerles caso porque sinceramente divagaba, me dormía y la verdad, no me interesaba ni creía que pudiera llegar a gustarme. 

Por suerte, "el club de los meditadores" es persistente y lograron que poco a poco me animase a intentarlo con más concentración. Hoy en día no soy una gran especialista en el tema pero me gusta y reconozco que hacerlo me deja en un estado de felicidad y paz que me sorprende. A veces me gusta concentrarme simplemente en esa centellita que vemos al meditar. Parece una estrella solitaria en medio de una noche inmensa y me gusta imaginar que soy yo misma, un punto de luz único e irrepetible que flota en la inmensidad. Sin embargo últimamente  intento visualizar nuestro querido planeta, y todo lo que contiene, siendo mimado y mejor cuidado que nunca.

No sé si las manos que imagino amparándolo son las de Dios o las nuestras. Las manos de ese Dios que imaginamos a nuestra imagen y semejanza o las humanas, que inspiradas por el verdadero amor universal, tratan de proteger nuestro bello hogar. De cualquier manera, es una imagen que me agrada y al encontrar esa foto que tanto se parece a la que inventé para ayudarme a meditar, quise compartirla con todos. Úsala, si te gusta, para tratar de concentrar tus deseos por la sanación de todo y de todos. 

Piensa en esa Tierra segura y saludable que todos sus habitantes necesitamos. Los seres humanos y el resto de los animales y plantas que nos rodean, necesitamos encontrar una grado de salud y equilibrio que evidentemente, aún no hemos alcanzado. Quién sabe si no es ésta la gran oportunidad que tenemos todos, de impulsar esos cambios que tanta falta nos hacen. Desde la intimidad de nuestros ojos cerrados y el confinamiento impuesto por las autoridades sanitarias al resto de nuestro cuerpo, tenemos la posibilidad de abrir esa ventana al infinito a la que sólo nuestros párpados cerrados pueden acercarnos.

El despertar no es abrir los ojos, es abrir la mente y mirar hacia adentro. Es vernos como lo que realmente somos, unos granitos de luz casi insignificantes que, al mismo tiempo, son las poderosas manos que pueden realizar los mayores milagros.

Eso somos.

Un abrazo a todos.


Isabel Salas

viernes, 3 de abril de 2020

AMORES DESCARRILADOS


Rescato esta publicación de 2015 con sus correspondientes comentarios. Muchas cosas han pasado desde entonces, en la vida de esa mujer y en la mía, pero igual sigue valiendo porque me siguen gustando más los valientes que los cobardes.




Los amores no son trenes perfectos que nunca se salen de la vía.


Los amores algunas veces se descarrilan. Se desbordan, se estrellan y nos destrozan la vida. Los motivos en realidad no importan mucho, puede ser la rutina, la muerte de un familiar, la pérdida del  empleo o una crisis personal insostenible que hace que uno de los dos se desoriente y  haga que el tren se salga de la curva. Cuando esto pasa es tremendo. No hay muertos de verdad como en los accidentes reales y en las metáforas los muertos no tienen sangre. 

Son otras cosas las que se mueren al descarrilar los amores. Los planes,  las risas juntos, los despertares, los comentarios del cotidiano, los cruces de miradas viendo  los hijos florecer y tantas cosas se mueren que al final aunque nos recuperemos y la vida siga, el olor de muerte nunca se va del todo.

Aprendemos a seguir y hasta puede pasar que  encontremos otro amor que sea incluso superior al anterior. Es como subirnos a otro tren después de perder el miedo a los accidentes. Son buenos viajes. O no, pues son otros viajes con todas sus posibilidades abiertas


Pero a veces. Pocas veces, muy raras veces, la vida, que tiene ese sentido del humor tan raro, nos escoge entre todos los accidentados del mundo y decide hacernos una pregunta. Una pregunta sencilla  que tiene una respuesta sencilla. Te pregunta si todo lo que pasó antes, durante y después de la ruptura es imperdonable o no.

Si la respuesta es sí, te deja ir, porque las cosas imperdonables producen daños irreparables y no hay manera de arreglarlas, ya que lo podrido no tiene salvación. Pero si la respuesta es no y le dices que nada es irreparable porque es perdonable y que el daño aunque fue grande no pudrió la esencia...si reconoces que siguen vivo en tu hondo los  rescoldos de aquellos planes y  las ganas de aquellos despertares... Entonces la vida te regala una segunda oportunidad y te ves de nuevo delante del mismo tren.  

Inesperadamente. 
Inexplicablemente.
Y depende de ti montarte o no.


Me han contado que estás allí, parada en la estación. Sentada en un banco. Con la cara feliz por la sorpresa y el brillo de la ilusión brillando en tus ojitos. Me han dicho que te has paseado por el andén y  le has pasado la mano al tren haciéndole un cariño  a sus latas recién pintadas. Me contaron que  te vieron poner un pié en el escalón y mientras te agarrabas a la barra jugabas a subir. Traviesa, provocando.


Te volviste a sentar.
Dicen que tu pelito rubio se  movía con los nuevos vientos amables que llegan a tu vida y estás muy guapa. Me ensañaron la foto.Tal vez otros te vengan con refranes sobre segundas partes. Tal vez te quieran quitar las ganas de subirte o se burlen de ti.Yo no.Yo no me burlo.Yo admiro a los valientes, respeto su coraje y me alegro por ti.


Por ti, por él, por todos los que tienen esa oportunidad.Porque hay muchas maneras de que te toque la lotería de Navidad. Pensé escribirte para contarte que vi tu foto. Que me gustó tu pelo.


Y desearte lo mejor, subiendo al tren o no.

Isabel Salas


miércoles, 1 de abril de 2020

NECIO



Sebastián nunca había aprendido a tocar el piano, a preciar la sabiduría de los refranes ni a pedir perdón.  Una verdadera lástima, pues el perdón habría hecho su vejez menos solitaria y el piano, sin duda, habría llenado su soledad de música.

Los refranes, tal vez, habrían podido evitar el desastre. Era sólo prestar un poquito de atención.

Isabel Salas

viernes, 20 de marzo de 2020

ERIC



Soñar contigo es despertarme con la misma sonrisa de los veinte años y sentir de nuevo tu mano en la mía, es recordar quién soy, es recargar las pilas de mis conejitos tamborileros y es, sobre todo, sentir el inmenso placer de comprobar que el tiempo no consigue que mengüe ni un poquito aquel cariño nacido entre mangos y barcos pirata.

Me gusta que funcione el truco de pensar en ti cuando voy a dormir y escuchar como empujas la puerta de mi noche para sentarnos a mirar la luna mientras conversamos. Trato de sonsacarte detalles de cómo es la vida que nos aguarda después de ésta y siempre cambias de tema como cuando hace años te preguntaba sobre las cosas que preferías callar, con bromas, cosquillas, cajitas con regalos y promesas imposibles.

Soñar así, contigo, me llena de alegría, de nostalgia, de amor, de ganas de hacer pan, de higos robados, de arrullo de olas, de aroma de vainilla y de canciones. Son buenas noches las que sueño contigo. Me dejan siempre el sabor bonito de las buenas horas, que vivimos juntos.

Y como siempre, al despedirnos, tienes la frase exacta, la palabra perfecta para hacer que mis lágrimas no quemen tanto y el temblor de mis labios se transforme en sonrisa.

Esa sonrisa hermosa de los veinte años cuando ninguno de los dos guardaba, en secreto, informaciones confidenciales sobre el más allá.

Isabel Salas



miércoles, 11 de marzo de 2020

LOS PLANES DE ELLA


Ella te tiene.

Eso cree la pobre,
que te tiene a sus pies
y en el gran futuro
de su plan burgués.

Lo cree y lo pregona
lo asume, lo engalana
y se ríe de mí 
con su risa burlona.

Cree que eres 
la guinda de su tarta,
el amor luzdeluna
que los males aparta.

Ella te tiene en fotos
en fiestas familiares,
en su presente rosa
y en los blancos veleros
que navegan sus mares.

A los ojos de todos
ella ganó,
y de todos los modos
la que se quedó fuera,
la perdedora,
soy yo.

Pero yo sé muy bien
quién es el sacapuntas de tu lápiz.
Sé donde miras
y hacia donde suspiras.

Quien vive en tus mejores versos
y que boca deseas
cuando deseas besos.

Sé cuantas veces
me llamas a escondidas
y cuantas noches
lloras mis despedidas.

Ella cree 
que es ella 
 la que te tiene.

Yo tengo otra opinión,
los planes mudan, 
se cambian, se renuevan,
pero los sueños, 
que es dónde vivo yo...
los sueños
no.

Los sueños
sólo mueren
cuando muere el amor.

Isabel Salas

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sábado, 7 de marzo de 2020

OLVIDAR


 Dices que olvidas
los golpes, los portazos,
los gritos,
los tortazos,
las idas y venidas
que destilan tu odio 
y tus detritos.

Y dices que es mentira,
que yo lo invento todo,
que son mitos, 
leyendas,
maldades con que quiero
sepultarte  en el lodo.

Tu olvidas cuando bebes, 
que eres un hombre.

Te transformas
y eres 
mi peor pesadilla,
golpeando mi alma
como si fuera
piedra o arcilla, 
madera que sin pena,
conviertes en astilla.

  Te olvidas del honor,
del amor,
del cuidado, 
de todas las promesas
que hiciste 
al llegar a mi lado.

Rompes, asustas,
golpeas,
interrumpes, 
hieres, empujas
y después,
juras que olvidas
que no recuerdas nada,
o que todo es mentira,
inventada por mí, 
la bruja que conspira,
la vaca,
la traidora,
la puta despeinada.

Yo,
 que no bebo,
no olvido, ni perdono
ni quiero que regreses.

Quiero que salgas,
te alejes y te pudras,
que llores y revientes,
lejos de aquí,
sin importar que sientes,
fuera de mí.

Isabel Salas

sábado, 29 de febrero de 2020

PRIMER PASO


 
Parada, ante la puerta de entrada, Maribel leyó el letrero veinte veces seguidas y no lograba decidirse a entrar:

"El primer paso para salir de una situación de maltrato es hacer justamente lo que tu maltratador más detesta: habla con tu entorno. El secreto, (que él llama discreción), te aísla y te hace sentir sola. RECUERDA QUE NADIE PUEDE AYUDARTE SI NO SABE QUE NECESITAS AYUDA".

Ella, definitivamente, necesitaba ayuda, pero no sabría por dónde empezar a contar la pesadilla en la que se había convertido su vida, caso consiguiera trasponer aquel umbral. Su mano temblorosa accionó el picaporte y ella empujó suavemente. Quería atisbar un poco antes de avanzar, ver sin ser vista, "sentir" la atmósfera que emanaba de aquella sala donde otras mujeres tenían el valor de entrar y en la cual, posiblemente, ella nunca podría el pie.

Ya estaba cerrando la puerta para retirarse, cuando una voz le habló a su espalda.

- Me llamo Irene, y la persona que impidió que me fuera como pretendes irte tú se llama Raquel.

Maribel se volvió lentamente y se encontró frente a frente y muy cerca de una mujer casi de su edad, ojerosa también, pero no tan triste. Ojos castaños, pelo mal pintado, una ropa demasiado grande y unos brazos abiertos con aspecto que querer abrazarla, fueron lo bastante para que Maribel se volcase en Irene.

Fue un abrazo largo, cálido y firme. El tipo de abrazo que ella necesitaba, un abrazo sin perdones ni promesas, sin miedo.

- El primer paso será cruzar esa puerta conmigo- dijo Irene- y no te preocupes, lo de hablar lo dejaremos para otro día si quieres.

Maribel se sintió tan aliviada al escuchar esas palabras que casi sonrió al decir :

- Soy Maribel.

- Si escribimos en el cartel que el primer paso es un abrazo o tratar de abrir la puerta, nadie se lo creería. Lo de hablar suena más eficaz, pero en realidad nadie dice nada hasta haberlo llorado todo. Entra conmigo, preciosa, hay café.

Maribel accedió al recinto dos pasos delante de Irene, y antes de que ésta terminara de cerrar la puerta, ya notó gruesas lágrimas rodando por su rostro.

- No disimules tus lágrimas ni tu miedo Maribel, quien tiene que avergonzase es él, y no tú. Ya habrás notado al entrar que esta es tu casa.

Sí.

Era su casa. Más su casa que la casa de la que acababa de salir hacía menos de una hora, en la que no se podía llorar y donde jamás la llamaban por su nombre, sus hijos la llamaban mamá y su marido usaba cualquier insulto para dirigirse a ella.


Mientras esperaba el café que Irene le estaba sirviendo, se sentó en una silla cerca de la mesa y empezó a llorar.

Isabel Salas

jueves, 27 de febrero de 2020

CORONAVIRUS



A aquella falsa moneda,
de la que hablaba la copla,
que de mano en mano iba,
y a quien todos repelían
de Carpi a Constantinopla,
le salió un competidor
más rechazado que ella,
pues además de infractor
que no respeta fronteras
es causante de estupor,
de miedo, de descontrol
de fiebre, tos y dolor.

Fue coronado en Wuhan,
fiscalizado en Japón, 
confinado en un crucero,
y estornudado por Juan,
escondido en un rincón.

Analizado en Seúl
y llevado por Raúl
de La Scala de Milán
hasta la bella Dezful.

Coronavirus lo llaman. 
Lo comparan al Goliat
abatido por David,
mientras derrotarlo traman.
Aunque en esta situación
para vencer al Covid,
más que honda y puntería,
necesitamos unión.

Consenso, ponderación
y evitar la tontería
de esconder la realidad
alimentar la traición,
maquillando la verdad
o atizar la algarabía
de esta gran tribulación.

Mascarillas, alcoholes,
nuevos datos, pesadillas.
Ansiedad, conspiraciones.

Perfil de los afectados,
temor por los infectados,
llanto por los fallecidos.

Miedo por el porvenir, 
tristeza por lo perdido
y esa esperanza feroz
de que el sentido común
nos haga sobrevivir
y nos ayude a entender
que somos todos hermanos
y la Tierra
es nuestro nido.

Isabel Salas






domingo, 9 de febrero de 2020

SIN TÚ


Tú y yo sin tú, 
es sólo yo.

Un yo solito
que se sienta delante de tu espacio
y no sabe que hacer.

Si decir tu nombre 
envuelto en un grito
y dejar que se arrastre despacio 
hasta donde estés.
O esperar la hora 
en que lo que siento
pare de doler.

Tú y yo sin tú
es un yo sin aire.

Tan uno, tan sin ganas, 
tan sin saber qué hablar
ni qué decir.

Tan casa sin ventanas,
tan loco por amar
tan sin saber decir adiós 
ni cómo concluir.

Y tan sin tú,
tan yo sin ti.
Tan incapaz,
tan infeliz.

Isabel Salas


lunes, 3 de febrero de 2020

A SALVO





Tenía un nombre, unos padres, un trabajo con el que ganaba su dinero y amigos, muchos amigos. bastantes libros, una casa, un coche, un par de perros y tres cajas con fotos de parientes muertos de los que nadie en la familia recordaba el nombre. No había nada extraordinario en su vida, ni en él, para quien sólo juzga las cosas por las apariencias sin mirar la esencia. 

Exactamente es eso que hacen la mayoría de las personas, quedarse con la primera impresión y pasar de largo cuando se cruzan con personas como él.  Y es gracias a eso que las personas extraordinarias pueden pasar desapercibidas para la gran masa. 

Se mantienen seguros en tanto en cuanto el rebaño ignore que existen.

Isabel Salas

viernes, 31 de enero de 2020

KIKA


Cada día más sabia y mañosa, (también más cieguita) pero siempre compañera y dispuesta a todo por sus seres queridos, que somos mi hija y yo, ya que el resto de la familia volvió a Europa.

Desde hace meses duerme debajo de mi cama y ya no quiere quedarse fuera de noche. La verdad, me gusta este cambio y me agrada sentirla cerca. A veces suelto la carcajada, en plena madrugada, al escuchar las cosas que dice mientras sueña o al ver lo rápidamente que sale de de su escondite cuando suena el despertador, como si tuviera mucho que hacer y estuviera atrasada.

Apreciar el amor de los animales que viven con nosotros, sean perros, gatos o cualquier otra clase de mascota, es sin duda uno de los placeres de la vida.💙 En casa tenemos suerte de contar con ella, con su lealtad a prueba de bombas y con la paciencia que le echa a nuestros gatos.


lunes, 27 de enero de 2020

ALICIA EN EL PAÍS DE LOS SUEÑOS





Hace mucho tiempo alguien hizo soñar a Alicia, y ella, soñó.


Dócilmente, sin resistencia, como aquella otra niña del mismo nombre que persiguiendo un conejo cayó en el mundo de las maravillas, nuestra Alicia se dejó abrazar mágicamente por una ilusión bonita que, aunque irreal, la hizo feliz, le puso estrellas en los ojitos, le recordó sensaciones vividas en otras vidas y le permitió conjugar el verbo anhelar en cada suspiro de su alma enamorada.


Algo mágico e increíble se le ofrecía como concreto y posible, alguien le dijo ven, ven con total confianza, nada temas, soy de verdad, nunca miento, soy tu cura y tú la mía, contigo la noche oscura, se pierde en la lejanía.

Y ella, que se había olvidado de lo que era amanecer escuchando, alborozado, el latir del corazón del ser amado, se lo creyó. Extendió sus brazos, abrió su sonrisa y se lanzó al abismo con su vestido azul de luna y tul.

Sintió que por fin había llegado su momento, que el amor de los libros de amor que nada en las canciones románticas con sus aletas de luna, ese que desde niña había deseado encontrar frente a frente, por fin, se materializaba delante de ella y decidió vivirlo en plenitud, sin barreras, sin dudar de nada a pesar del miedo inicial que la hizo pensar en desistir de aquella perfección tan exageradamente perfecta que la hacía temer, a ratos, que fuese un espejismo.

Como tantas Alicias, antes y después de ella, dejó que los deseos nublaran su razón, y puso la música bien alta para dejar de escuchar la vocecita que sin cesar le decía que no , que aquello era mentira, que era un juego cruel, un oasis intangible, inmaterial e imposible.

Y como tantas veces pasa en las películas de terror, cuando más confiada estaba, y más segura de que aquel bello amor, era suyo y para siempre, la ilusión se rompió, la cortina de la realidad se hizo densa y él, su adorado compañero, simplemente se fue con otra y la dejó.

El viento tronchó la flor y Alicia, se despertó.

Isabel Salas