jueves, 18 de abril de 2019

MUY, (JODIDAMENTE), LEJANA



…Y a lo mejor no es que estoy jodida porque estoy lejos,  y va a resultar que estoy lejos porque soy muy jodida.

Será porque nunca me gustaron las cosas que se suponía que me tenían que gustar ni creí en el Dios que me intentaron meter entre pecho y espalda, como cualquier bocadillo de mortadela barata. No me sale del alma aceptar las cosas que otros dan por hechas y raramente estoy de acuerdo con la mayoría.

A mis más de cincuenta, sigo queriendo hacer (pacíficamente) lo que me dé la gana, como cuando tenía catorce. No lo que se espera de mí, o lo que pretenden que acate por decisión popular o divina, sino simplemente lo que quiero yo, por mis razones (que tengo pereza de explicar) y no por mis cojones (que ni tengo ni quiero tener).

Y eso, amigo mío, tiene un gran costo.

Cuando digo costo, quiero decir que hay que abonar un precio muy alto, que se paga con dinero (por supuesto) y con otras muchas cosas que te desangran: tiempo de discusiones, paciencia para aguantar gilipollas sin fronteras, noches de no dormir o de dormir a saltos, lágrimas de rabia, de  desconsuelo, de soledades o de impotencia, temporadas de colapso mental involuntario y épocas de sangre fría donde escoges vacaciones cerebrales y te dedicas a ver todas las temporadas de la serie que le gusta a tus hijas, (en tres días), para poder saber qué es black mirror o cómo coño se come eso de que el naranja sea el nuevo negro y las cárceles femeninas se hayan convertido, por obra y gracia del octavo arte, en lugares interesantísimos llenos de pasión y aventuras mil.

Es como una multa que el mundo te pone por no quedarte en tu país, ni permanecer casada, ni con el peso ideal, ni perfectamente depilada,  ni en pareja, ni obedeciendo leyes, ni creyendo en alguno de los dioses que el mundo te ofrece para que puedas decir Amén (con fe) cuando te obligan a poner el culo y sabes que  no será sólo la puntita, sino el padre de todos los obeliscos.

Tienes que prepararte para irte muy lejos si quieres vivir así, pero no lejos geográficamente, que puede ayudar (o no, como diría el hombre de los labios suaves) sino lejos lejos, de forma que aún estando en medio de todo y de todos, mantengas siempre una distancia prudencial con lo que te rodea. Así conseguirás que pocas cosas te lleguen a tocar y pocas personas te puedan joder de verdad.

Simplificas.

Digamos que seleccionas con gran sabiduría qué o quienes te importan y el resto ya no te resulta tan dañino. Has pagado el precio y cuando terminas de pagarlo tienes sólo una maleta con las pocas cosas que te interesan y unos cuantos amigos por los que darías con gusto lo poco que te sobró.

Ese lejos, donde estamos las personas jodidas que no comulgamos con ruedas de molino ni con hostias sagradas, se puede llamar de muchas maneras, algunos lo llaman paz, otros, libertad, otros, nirvana, algunos, Brasil.

Yo aún no sé cómo llamarlo pero sé que cada día me gusta más.

Sé que en ese lugar lejano no reina la felicidad como estado permanente y soberano, porque la felicidad no se rige por las leyes de la ubicación, es, (como decía Carlos Arniches en "La señorita de Trevelez")), un pájaro azul que se posa en un minuto de nuestras vidas y cuando levanta el vuelo, nadie sabe en que otro minuto se volverá a posar.

El mío anda siempre revoloteando por sabrá Dios dónde, pero sé que hasta que vuelva el puñetero y caprichoso pajarito, al menos, aquí lejos,  hay poca gente tocando los huevos.

Hay una relativa, y científica, tranquilidad.

Y eso, es lo más parecido a una felicidad comprada en los chinos que conozco.

Isabel Salas



martes, 16 de abril de 2019

ABRAZO AÑEJO


Para las penas viejas,
poemas nuevos,
y renovadas 
flamantes buenas caras
para los malos 
tiempos longevos.

Nuevas ovejas
cantando el mismo salmo,
gritando el mismo amén,
para que nada obstruya
el chorro de aleluya
que bebe el palafrén.

Y en cada nueva muerte,
el mismo rostro triste
de cadáver inerte.

Inocencias frustradas
esperanzas podridas,
convicciones perdidas.

Y el mismo canto,
sumiso canturreo
que agradece el espanto
a esos crueles dioses
que imponen las llegadas
y los adioses.

Lo nuevo nace 
para hacerse viejo.

Por un instante
se abrazan ambos
en un abrazo añejo.

Y se despiden
desconsolados,
sin entender
porque nacen y mueren,
abandonados.

Isabel Salas





lunes, 8 de abril de 2019

HOMBRES CONTRA EL ABORTO



¿Eres un hombre y estás contra el aborto?

Te felicito, me gusta mucho la gente que (en este mundo tan neutro y cobarde) tiene el valor de ponerse a favor o en contra de lo que sea. Y más si lo hace con pasión y sin medias tintas, convencida y orgullosa.

No soy de esas mujeres que piensa que los hombres no deben opinar sobre aborto porque no son ellos que abortan. Nada más lejos, creo que todos y todas podemos y debemos manifestarnos respecto al mundo que nos rodea. Yo, por ejemplo, no eyaculo y sin embargo emito opiniones y preferencias sobre las velocidades de la eyaculación masculina y otros asuntos que podrían parecer, en principio, ajenos a mi interés.

Supongo que además de valiente y comprometido con el derecho a la vida, también eres coherente y nunca follas sin condón para prevenir embarazos no deseados en tu compañera sexual. Sea tu esposa o alguna de tus amantes, sé que ninguna correrá jamás riesgos contigo.

Estoy segura de que jamás te acuestas con mujeres casadas, tus amantes (si las tienes) doy por hecho que son siempre solteras, ya que si fallasen la píldora o el condón, ellas tendrían problemas para explicarles a sus maridos cómo y de quién  se quedaron embarazadas y alguna, asustada (o cobarde), incluso, podría querer abortar para no perjudicar su estabilidad matrimonial. Sé que tú jamás colocarías a ninguna mujer en esa disyuntiva pues tu defensa de la vida está por encima de todo.

Por supuesto imagino que eres un gran activista en pro de un mundo lleno de oportunidades educativas y laborales para las mujeres.  La lucha por la equidad, la  igualdad de salarios y una crítica constante hacia las actitudes machistas de otros hombres, son tu seña de identidad. Enseñas a tus hijas y a tus hijos a usar preservativos, y apoyas que en las escuelas se impartan nociones básicas de control de natalidad. Siempre insistes con tus hijos varones para que no presionen a sus amigas a hacerlo a pelo. El coitus interruptus ya sabemos lo peligroso que es y tú no quieres ser abuelo todavía, ni mucho menos que un nieto tuyo sea abortado.

Ni que decir tiene que debes ser un hombre íntegro que condena a los pederastas que dejan embarazadas a niñas de diez, once o doce años en adelante. Tú, no sólo no harías nunca algo así, sino que denunciarías inmediatamente a cualquiera que estuviera abusando de menores u ofreciéndolas como prostitutas. Ya sabes que esas cosas pasan, aunque no sea en tu barrio ni entre tus amigos, todos tan cabales como tú. Estoy segura de ello y te admiro por ser tan consecuente y escoger tus amistades con tanto celo.

También apuesto a que no debes aprobar el incesto, jamás te has excitado viendo un vídeo porno donde los actores fingen ser padre e hija y entre tus amigos y parientes no hay ninguno (que te conste) capaz de una cochinada de ese calibre.

Tengo absoluta certeza de que condenas las violaciones, sean de uno en uno o de siete en siete. Ya sabes, las tan de moda “manadas” donde un grupo de degenerados violan a una mujer de cualquier edad. No suelen usar condón y el riesgo de embarazo es altísimo. Aunque algunas chicas no parecen resistirse mucho en los videos que esos cavernícolas publican en internet (tal vez sea por el pánico que las paraliza o porque son super putas), ¿Qué más da? lo importante aquí no es si esa gente se divierte o no. Lo que importa es prevenir embarazos no deseados, algo que a ti, te parece prioritario.

Yo también estoy contra el aborto, y lucho por un mundo donde las mujeres sólo se queden embarazadas cuándo y cómo lo deseen. 

Así  sabremos que las mujeres, (todas) con acceso a la educación, a la información, al dinero para los anticonceptivos de su preferencia, ciudadanas de un mundo libre donde no corren riesgo de ser violadas ni por uno ni por diez hombres, ni por su padre ni por un extraño… solamente decidirán ser madre (caso lo hagan, porque a lo mejor no quieren serlo) cuando ellas estén preparadas emocional y económicamente para ello.

En ese momento no tendremos que preocuparnos de si el aborto es algo reprobable o si la adopción es buena o no. No será un problema si las parejas gay podrán o no adoptar, pues los niños estarán con sus madres que es con quien deben estar. Ellas, simplemente, se quedarán embarazadas libremente y por decisión propia cuando deseen tener hijos. Así de sencillo.

Parece que esto puede ser nefasto para los que quieren adoptar hijos ajenos, y lo es. Bien porque son parejas homosexuales y por tanto in-fértiles o bien por ser parejas heterosexuales con problemas para concebir, no tendrán la opción de adoptar. Tanto unos como otros, ese día, tendrán que aprender a lidiar con la frustración de aceptar la realidad.

Ese día, yo estaré no sólo contra el aborto, como lo estoy hoy, sino celebrando esa gran conquista de la mujer, de cualquier edad, heterosexual o lesbiana,  de poder al fin escoger, cómo, cuándo y de qué manera ser madre o no. Sin presiones sociales, religiosas ni económicas.

El legendario “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, llevado a la realidad, sin abortos, sin violencia, sencillamente lo que siempre debió haber sido: nosotras decidimos si deseamos ser madres.

Hasta ese día, yo soy a favor de legalizar el aborto, pues sé muy bien que actualmente, muchas mujeres se quedan embarazadas sin desearlo y aunque algunas deciden tener el hijo a pesar de ser fruto de un adulterio, un incesto, el fallo de un condón o una violación, no todas piensan igual y muchas, prefieren abortar.

Hasta que las condiciones no sean las que expuse más arriba y las mujeres sólo se queden embarazadas cuando lo desean y de la manera que escogieron, sé que seguirá habiendo abortos y lo lamento mucho, pues no me gustan nada.

Sinceramente creo, cómo tú, que la vida es muy importante, tal vez NO lo más importante, pero sí mucho. Por tanto,  porque defiendo la vida, me preocupan muchas vidas, la de las otras mujeres y la de sus hijos, los ya nacidos y los por nacer.

Ni tú ni yo podremos oponernos a que las mujeres y las niñas decidan abortar pues esa decisión es de ellas, y lo harán con o sin nuestro beneplácito si deciden hacerlo. En circunstancias seguras o poniendo en riesgo sus propias vidas.

Lo único que podemos decidir tú y yo, ya que las leyes se hacen supuestamente entre todos, es si el aborto será legal o no.

Defiendo el derecho de todas las mujeres del mundo de hoy (lleno de violencia y de violaciones de todos los tipos) a abortar y respeto la decisión de ellas de hacerlo o no. Yo misma nunca aborté y siempre les garanticé a mis hijas que recibiría con amor a cualquier nieto o nieta que ellas me den, (sea como sea concebido), respetando siempre que, finalmente, será decisión de ellas parirlo o no.

Espero que ellas nunca necesiten considerar la posibilidad de abortar, pero soy consciente de que muchas mujeres y niñas pasan por ese trance.

¿Es una decisión dura y difícil? Sin duda.

¿Es mucho mejor no quedarse embarazada para no tener que abortar? Por supuesto.

¿Puede el mundo garantizarnos a todas que sólo nos quedaremos embarazadas cuando lo deseemos? No

Por tanto, luchemos para que las condiciones cambien y permitan que ninguna mujer se vea en el dilema de abortar. En vez de condenarlas por hacerlo a escondidas o simplemente por hacerlo en las condiciones de hoy, pongamos nuestro esfuerzo en pro de que ninguna mujer considere el aborto una necesidad.

Yo también creo que hay que luchar por la vida.

Una vida mejor para todos y todas, para los que ya estamos aquí y para los que vendrán.

No creo que la condena a las mujeres y niñas que abortan, el perseguirlas, el insultarlas o el acorralarlas, sea una manera constructiva de luchar por ese mundo que deseo y que supongo deseas también.

Y espero que tampoco sea esa tu forma de defender la vida, hombre que estás contra el aborto.

La violencia (verbal y física) con que muchos aseguran defender la vida de los niños no nacidos, olvidándose de la vida de sus madres, no es ni más ni menos que otra forma de violencia contra las mujeres y las niñas.

Ellas ya están bastante machacadas por el sistema.

Ya estamos bastante machacadas por las circunstancias.

No caigas en esa trampa.


Isabel Salas

sábado, 6 de abril de 2019

QUESO RALLADO



Al perro del vecino le falta un pie.

No sé cómo se llama ese hombre, nunca he hablado con él, ni con nadie de su familia. Tampoco sé cómo se llama su perro, pero debo confesar que con él, ese peludo lleno de nervios y de estrellas en los ojos, sí he hablado.

Al principio eran palabras sueltas, un vete, un qué haces.

No es que fuera mi intención hablarle, pero no me quedó más remedio, pues cuando salgo, desde las afueras (donde vivimos) hacia el centro de la ciudad, (donde están el resto de las cosas), ese perro cabezón se viene conmigo.

Al principio nuestras conversaciones se limitaban a un vuelve a casa perro imprudente, un no me sigas o como mucho un no te conozco, un no me mires, e incluso, un agresivo no te voy a cuidar, pero supongo que debe ser sordo además de cojo porque no hace caso,  ni mucho ni poco.

Lo que sí le funciona muy bien es el rabo, lo mueve con tantos matices que es como si hubiera inventado, él solito, el lenguaje de señas para que los humanos pudiéramos comprender lo que dicen los perros.

En general no me gusta andar con perros sueltos por la calle, ni con los míos ni con los ajenos, porque hacerlo me hace temer miles de cosas. Que alguien se asuste, que lo atropelle un coche, que el animal pueda abalanzarse sobre una moto ruidosa y el gilipollas que va montado en el trueno del infierno se caiga y encima quiera daños y perjuicios por sus putos dientes o que quiera entrar conmigo (y entre) en la tienda de la esquina, esa que lo vende todo a granel, y se ponga a comer ración de los sacos de comida de gato.

Que por lo que sea, a los perros, les encanta.

Por cierto, a mí lo que me encanta es comprar queso rallado a granel. En los paquetes de queso que venden en el supermercado nunca viene la cantidad ideal de queso que mi hija pequeña y yo gastamos en nuestros platos de espagueti. Si abrimos dos, sobra del segundo y si abrimos uno, nos falta para sentir que el día fue perfecto. 

Por lo tanto salir a dar un paseo y llegar hasta la tienda a comprar la cantidad exacta de queso rallado, es uno de esos placeres solitarios que, como la masturbación (ya sé que las ideas se asocian sin querer, al menos en mi pervertida mente), prefiero disfrutar sin un perro cojo a mi lado. Mi lado dramático y mi inclinación natural hacia lo romántico-festivo  se desbordan fácilmente, y acabo no entendiendo muy bien como mis pensamientos divagan plácidamente desde el inocente queso al onanismo, pero así es.

El caso es que este perro testarudo nunca hizo caso de mis quejas ni de mis amenazas. Con el tiempo, comprendí que por alguna misteriosa razón le gustaba acompañarme, y se volvería para su casa cuando le diera la gana a él y no cuando me pareciera bien a mí.

Así que poco a poco mis frases se fueron convirtiendo en conversaciones impregnadas de consejos y salpicadas de confidencias. Pasamos del vete, al ten cuidado con ese camión y paulatinamente, hemos llegado al hoy te voy a contar la tarde en que Manuel me desabrochó unos botones de la camisa mientras me explicaba, lleno de razones,  por qué no debíamos querernos ni gustarnos.

Pasamos del pinche perro cojo desobediente, vete a tu casa que no eres mío, a llamarlo disimuladamente cuando voy al pueblo. Reconozco que me alegra el paseo cuando se viene y que los días que está distraído con otras cosas, lo echo de menos.

Aún no sé su nombre porque preguntarle a su dueño como se llama, me parece tan inconveniente como  preguntarle cual es el postre preferido de su hijo menor. Cosas que no se preguntan y ya está. Asuntos particulares.

Yo le digo vente, feo y él, se viene.

Le susurro discretamente perrito voy a por el queso, ven y te cuento lo de Ramón y el boicot a los productos de Tordesillas, o lo de aquel chico que me decía que mis manos eran de princesa y mis ojos de agua del arroyo claro y terminó queriendo convencerme de que el semen es bueno para la caries.

Y él, cuando puede, se viene conmigo a conversar y a caminar. Yo hablando alto con mis dos pies, confesándole todos mis crímenes y mis romances  poco a poco y él, con los tres suyos y sus contagiosas ganas de hacer amigos.

Nunca tenemos una discusión.

Con el tiempo terminé poniéndole un nombre secreto que sólo él y yo sabemos. Nunca fue mi perro, y nunca lo será, siempre será el perro de mi vecino, pero podría decirse,  sin faltar a la verdad, que somos amigos muy próximos.

Ya dimos muchos paseos y con el tiempo aceptó mis caricias además de mi compañía. Ahora hasta me lame y permite que le quite algunas pulgas.

Sin embargo, todavía no sé si le gusta el queso rallado.

Isabel Salas


jueves, 4 de abril de 2019

MUCHO PEOR



Yo necesitaba un techo
y él, un saco de boxeo.

Ambos cumplimos.

Yo regresé al mundo
mucho más abollada
pero seca.

Él destrozó sus manos
y lamió sus heridas.

Podría ser peor.

Mucho peor
sería
caso la sangre,
hubiera sido 
mía.

Isabel Salas