lunes, 24 de junio de 2019

VIOLACIONES PUNITIVAS


Puedo entender la alegría por la reciente condena de la manada. La comparto y creo que es una pequeña prueba de que el sistema judicial está dejando, (muy poquito a poco), de ser tan parcial y patriarcal como casi siempre me parece cuando acompaño sentencias que tienen que ver con violencia o violaciones de mujetes y niños.

Está comprobado que los violadores, los pederastas y los maltratadores no tienen rehabilitación y creo que habría que sentenciarlos a cadena perpetua y dejar de perder el tiempo reinsertando a unos canallas que cuando salen de prisión vuelven a violar y a golpear.

Sin embargo, dicho esto, no comparto ese sadismo que observo en algunos comentarios cuando celebran las violaciones que esos cinco imbéciles, posiblemente, sufrirán en prisión. 

Si esas violaciones suceden, será por culpa del mismo sistema que permite el porno que deforma la mente de nuestros niños, incentiva y ampara la prostitución como un trabajo más, se burla de las chicas que son violadas tras ser drogadas con cualquier mierda, ridiculiza las denuncias de una mujer tras años de violencia a manos de su marido o ignora los pedidos de socorro de los niños (hijos de maltratadores y pederastas), alegando que son mentiras que la madre les inculcó.

Y es contra ese sistema que yo estoy luchando.

¿De verdad queremos que los violadores sean violados? Entonces legislemos para eso. Con valentía. Salgamos a las calles a pedir una reforma del código penal que contemple esa solución y hagamos de la violación punitiva una acción legal practicada por verdugos sindicalizados.

Hasta que ese día llegue (si llega) me repugna la idea de incentivar y aplaudir que unos reclusos violen a otros como muchos y muchas piden hoy a los presos de Sevilla. Se leen comentarios en las redes que, con pocas variaciones y resumiendo, quieren que les revienten el culo a los de la manada.

¿Dentro de unos meses les pediremos a ellos que hagan lo mismo con el próximo violador? ¿Dejarán entonces de ser villanos para convertirse en héroes? ¿Deberemos aplaudirles entonces?

Yo he sufrido violencia y por desgracia también sé lo que es vivir en un ambiente de terror doméstico. No deseo que nadie, bajo ninguna circunstancia, se vea obligado a vivir con miedo o se vea sometido con golpes y amenazas a hacer lo que otro desea.

Para mí la pérdida de la libertad es castigo suficiente, aunque repito, sí preferiría perpetua que unos cuantos años, ya que todos sabemos que quedarán en libertad en mucho menos tiempo con las rebajas y los beneficios.

No soy feminazi como dicen los estúpidos cuando insultan a las mujeres que defienden sus derechos. Soy feminista. Ni siquiera creo en la justicia pero soy valiente y cuando crea que hay que golpear a alguien no pediré a los presos que lo hagan por mí. Buscaré la manera de hacerlo yo misma.

Que esta sociedad está enferma es evidente y yo ni siquiera sé si tiene cura. Sí creo, sin sombra de duda, que necesitamos una visión feminista del mundo y nuevas soluciones que promuevan una revolución social, económica y legal que nos proporcione un mundo mucho más justo para todos y todas.

En ese mundo nadie pedirá a los presos que se violen entre sí para atender las ansias de venganza de una sociedad cobarde e hipócrita.

En ese mundo los hijos de maltradores no serán obligados a convivir con alcohólicos y violentos, las víctimas serán escuchadas con respeto sin importar su edad y los pocos curas que queden irán presos por violar niños, como su dios debería mandar.

Por ese mundo lucho.

Isabel Salas

martes, 18 de junio de 2019

FLORIDA RIMA



Niña,
siéntate bien.
Junta las piernas.

Las señoritas que se comportan,
usan sostén,
saben callarse,
nunca contestan, 
jamás replican.

Las niñas buenas
saben  guisar.

Aprenden a servir
grandes almuerzos
y hacen centros de mesa
con coles y mastuerzos.

Nunca denuncian jueces,
jamás follan por gusto.
Comentan sus preñeces,
y eliminan el susto
aguantando el aliento 
y contando memeces.

Yo no salí tan buena.
Yo no me quedo quieta.

No guardo cuarentenas 
ni ofrezco otra mejilla.
Te mando a hacer puñetas,
levanto mi barbilla 
y me cago en tus muertos.

Inicio una guerrilla,
y me junto con tuertos.

Y a quien me subestima
y a quien me da por lerda,
los envío a la mierda,
con mi cuidada prosa 
o mi florida rima.

Isabel Salas

miércoles, 12 de junio de 2019

CARTA DE AMOR



Me gusta saber que aún vivo en tu memoria, hace que me sienta bonita de nuevo, sonriente, juguetona, suave y feliz. Me reconcilia con el mundo, me ilumina por dentro y vuelvo a sentir esa gratitud cantarina  que me habitaba cuando eras parte de mi vida.

Dicen que los grandes amores son eternos, y debe ser verdad, porque yo también siento que aún vive dentro de mí el mismo sentimiento que me inspirabas. No está menos resplandeciente ni más ajado, está intacto, igual de precioso, idéntico a como era y a como sé que será cuando pasen más meses y más años.

Las circunstancias nunca estuvieron de nuestro lado y sin embargo tuvimos la suficiente sabiduría para amarnos de aquella manera inesperada, improvisada y sin promesas que nos permitió ser parte uno del otro durante el tiempo aquel que duró lo que tal vez nunca debería haber empezado.

Recuerdo el primer beso, y sin embargo no recuerdo el último, recuerdo tu olor y el tacto de tu pelo, tu sonrisa, tu altura y el color de tus ojos, pero olvidé otras cosas menos importantes como lo último que hablamos, que ropa llevabas o que día era.

Cuentan que los grandes amores son para siempre, y pase lo que pase siguen vivos mientras estemos vivos nosotros y debe ser verdad. No recuerdo haberte dicho nunca que te quiero, al menos no con palabras aunque sé que mis ojos te lo gritaron más de una vez y mi piel te lo demostraba cada vez que la tocabas, sin embargo, recuerdo una vez, en mi patio, en que casi te lo dije y antes de que terminara de abrir la boca me pusiste un dedo en los labios para que no lo hiciera. 

Los dos fingimos no notar mis lágrimas cuando me dijiste que no me enamorara, que no eras bueno y yo, que no tuve el valor de decirte que ya era tarde, me he preguntado muchas veces, que habría pasado si ese día te lo hubiera dicho en vez de hacerte caso. Me gustaría saber que habría pasado si en vez de llorar te hubiera dicho que ya te quería.

Escuché que los grandes amores son imborrables y el mío por ti, hubiera merecido pasar a la posteridad con un "te quiero" al menos. Un "te amo" chiquito, de esos que casi no se oyen pero impregnan el alma con su eco para poder oírlos el día de mañana, y que nos calienten cuando la soledad nos haga sentir el frío maldito de la ausencia.

Dicen tantas cosas de los grandes amores... y ninguna se parece a las que digo yo cuando tu nombre se acerca a mis labios y me quedo con ganas de dejarlo salir, para saborearlo una vez más como lo hacía antes de besarte.

No entiendo mucho de grandes amores, pero sé que te quiero como siempre te quise. No sé si mi amor es grande como deben ser los grandes amores esos tan comentados. Dicen que son infinitos, perpetuos, perennes como las hojas imbatibles, el mío, tal vez no llegue a tanto, pero me gusta saber que aún me recuerdas y que me lo digas, me hace sentir de nuevo ganas de agradecer por haber sabido amarte cuando lo pude hacer.

No sé si lo bastante, o si lo necesario, pero te amé y te amo como lo puedo hacer, a mi manera, sin alardes ni gritos, sin cobranzas ni celos, sin decir que te quiero pero sabiendo que sabes que lo hago y sé que tú también.


Isabel Salas






miércoles, 5 de junio de 2019

MUERTE INSTANTÁNEA


Al doblar la esquina de la zapatería, justo al lado de la puerta de la farmacia, hay unas palabras pintadas a ciento diez centímetros del suelo. Están pintadas con bolígrafo rojo y en el punto de la i, la misma mano dibujó unos ojitos y una sonrisa. La niña que las pintó ha pasado miles de veces por esa fachada al ir o al volver del cole... y siempre las ha mirado de reojo.

Sin pararse, para que nadie sospechase que fue ella, pero sin dejar de saludarlas una sola vez. A veces  ha sonreído recordando como sacó la puntita de la lengua para concentrarse mejor en el dibujo...el ruido de su corazón por el miedo de ser sorprendida.

TIC TAC

El reloj de carne.
El susto tan grande.
El orgullo de ser tan radical. Tan grafitera. Fue en pleno verano a la hora de la siesta. Ni un alma en la calle. Buena hora para salirte de la ley. Ha pasado en bici, con patines...de la mano de su padre. Con las amigas, con hambre y con un helado en la mano. Pero hoy por primera vez, ha pasado con zapatos de tacón.

Sus primeros zapatos de mujer. Hipnotizada con el ruidito de sus tacones en la acera ni se ha acordado de mirar hacia la pintada.

TIC TIC 

Cada latir de sus zapatos nuevos la aleja de su infancia. Su mente sueña sueños nuevos, y cada nuevo deseo empuja los recuerdos de niña hacia atrás. Se aleja caminando,  sintiendo como su corazón adapta su ritmo al de los pasos,  estrenando nueva banda sonora mientras en  la pared, el corazón de la carita de la i,  se queda apretado escuchando como se aleja esta mujer desconocida.

La sonrisa que aguantó tantos años con su tinta roja se apaga de pronto. Los ojitos se cierran al no encontrar por vez primera la mirada de su niña... y la muerte llega.

Por la mañana, el barrendero que barre las hojas y las colillas ni se da cuenta, pero entre lo que barre están las letras caídas de aquel  T E  Q U I E R O   J O R G E, asesinado cruelmente de un taconazo directo al corazón.

TOC.


Isabel Salas
Del libro
EL CANARIO Y LA MÁQUINA DE COSER

sábado, 1 de junio de 2019

EDUCADA


Tragar, ingerir, 
devorar, 
engullir.

A veces con ganas 
y otras, 
muchas, 
por no tener las fuerzas,
 necesarias, para huir. 

Y así, trago palabras, 
respuestas, 
semen, 
y otras cosas impuestas.

Aunque me quemen 
las ganas de escupir
 y prefiriera esputar, 
blasfemar, 
maldecir 
o mandar a la mierda. 

Salir por la tangente, 
murmurando, 
y girar a la izquierda, 
renegando. 

Así soy yo, 
cuando soy educada, 
bonita,
urbana, 
necrosada. 

Vistiendo de seda 
a la mona de pana. 

Pero otras veces, 
me olvido de las formas, 
me cago en el acuario 
donde guardas tus peces, 
me río de tus dioses, 
y me burlo del tono 
con que gritas tus preces. 

Así soy yo, 
unas veces muy buena, 
y otras, 
mejor.

Isabel Salas

Del libro
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