sábado, 29 de febrero de 2020

PRIMER PASO


 
Parada, ante la puerta de entrada, Maribel leyó el letrero veinte veces seguidas y no lograba decidirse a entrar:

"El primer paso para salir de una situación de maltrato es hacer justamente lo que tu maltratador más detesta: habla con tu entorno. El secreto, (que él llama discreción), te aísla y te hace sentir sola. RECUERDA QUE NADIE PUEDE AYUDARTE SI NO SABE QUE NECESITAS AYUDA".

Ella, definitivamente, necesitaba ayuda, pero no sabría por dónde empezar a contar la pesadilla en la que se había convertido su vida, caso consiguiera trasponer aquel umbral. Su mano temblorosa accionó el picaporte y ella empujó suavemente. Quería atisbar un poco antes de avanzar, ver sin ser vista, "sentir" la atmósfera que emanaba de aquella sala donde otras mujeres tenían el valor de entrar y en la cual, posiblemente, ella nunca podría el pie.

Ya estaba cerrando la puerta para retirarse, cuando una voz le habló a su espalda.

- Me llamo Irene, y la persona que impidió que me fuera como pretendes irte tú se llama Raquel.

Maribel se volvió lentamente y se encontró frente a frente y muy cerca de una mujer casi de su edad, ojerosa también, pero no tan triste. Ojos castaños, pelo mal pintado, una ropa demasiado grande y unos brazos abiertos con aspecto que querer abrazarla, fueron lo bastante para que Maribel se volcase en Irene.

Fue un abrazo largo, cálido y firme. El tipo de abrazo que ella necesitaba, un abrazo sin perdones ni promesas, sin miedo.

- El primer paso será cruzar esa puerta conmigo- dijo Irene- y no te preocupes, lo de hablar lo dejaremos para otro día si quieres.

Maribel se sintió tan aliviada al escuchar esas palabras que casi sonrió al decir :

- Soy Maribel.

- Si escribimos en el cartel que el primer paso es un abrazo o tratar de abrir la puerta, nadie se lo creería. Lo de hablar suena más eficaz, pero en realidad nadie dice nada hasta haberlo llorado todo. Entra conmigo, preciosa, hay café.

Maribel accedió al recinto dos pasos delante de Irene, y antes de que ésta terminara de cerrar la puerta, ya notó gruesas lágrimas rodando por su rostro.

- No disimules tus lágrimas ni tu miedo Maribel, quien tiene que avergonzase es él, y no tú. Ya habrás notado al entrar que esta es tu casa.

Sí.

Era su casa. Más su casa que la casa de la que acababa de salir hacía menos de una hora, en la que no se podía llorar y donde jamás la llamaban por su nombre, sus hijos la llamaban mamá y su marido usaba cualquier insulto para dirigirse a ella.


Mientras esperaba el café que Irene le estaba sirviendo, se sentó en una silla cerca de la mesa y empezó a llorar.

Isabel Salas

jueves, 27 de febrero de 2020

CORONAVIRUS



A aquella falsa moneda,
de la que hablaba la copla,
que de mano en mano iba,
y a quien todos repelían
de Carpi a Constantinopla,
le salió un competidor
más rechazado que ella,
pues además de infractor
que no respeta fronteras
es causante de estupor,
de miedo, de descontrol
de fiebre, tos y dolor.

Fue coronado en Wuhan,
fiscalizado en Japón, 
confinado en un crucero,
y estornudado por Juan,
escondido en un rincón.

Analizado en Seúl
y llevado por Raúl
de La Scala de Milán
hasta la bella Dezful.

Coronavirus lo llaman. 
Lo comparan al Goliat
abatido por David,
mientras derrotarlo traman.
Aunque en esta situación
para vencer al Covid,
más que honda y puntería,
necesitamos unión.

Consenso, ponderación
y evitar la tontería
de esconder la realidad
alimentar la traición,
maquillando la verdad
o atizar la algarabía
de esta gran tribulación.

Mascarillas, alcoholes,
nuevos datos, pesadillas.
Ansiedad, conspiraciones.

Perfil de los afectados,
temor por los infectados,
llanto por los fallecidos.

Miedo por el porvenir, 
tristeza por lo perdido
y esa esperanza feroz
de que el sentido común
nos haga sobrevivir
y nos ayude a entender
que somos todos hermanos
y la Tierra
es nuestro nido.

Isabel Salas






domingo, 9 de febrero de 2020

SIN TÚ


Tú y yo sin tú, 
es sólo yo.

Un yo solito
que se sienta delante de tu espacio
y no sabe que hacer.

Si decir tu nombre 
envuelto en un grito
y dejar que se arrastre despacio 
hasta donde estés.
O esperar la hora 
en que lo que siento
pare de doler.

Tú y yo sin tú
es un yo sin aire.

Tan uno, tan sin ganas, 
tan sin saber qué hablar
ni qué decir.

Tan casa sin ventanas,
tan loco por amar
tan sin saber decir adiós 
ni cómo concluir.

Y tan sin tú,
tan yo sin ti.
Tan incapaz,
tan infeliz.

Isabel Salas


lunes, 3 de febrero de 2020

A SALVO





Tenía un nombre, unos padres, un trabajo con el que ganaba su dinero y amigos, muchos amigos. bastantes libros, una casa, un coche, un par de perros y tres cajas con fotos de parientes muertos de los que nadie en la familia recordaba el nombre. No había nada extraordinario en su vida, ni en él, para quien sólo juzga las cosas por las apariencias sin mirar la esencia. 

Exactamente es eso que hacen la mayoría de las personas, quedarse con la primera impresión y pasar de largo cuando se cruzan con personas como él.  Y es gracias a eso que las personas extraordinarias pueden pasar desapercibidas para la gran masa. 

Se mantienen seguros en tanto en cuanto el rebaño ignore que existen.

Isabel Salas