miércoles, 31 de mayo de 2017

ERIC



Soñar contigo es despertarme con la misma sonrisa de los veinte años y sentir de nuevo tu mano en la mía, es recordar quién soy y recargar las pilas de mis conejitos tamborileros y es, sobre todo, sentir el inmenso placer de comprobar que el tiempo no consigue que mengüe ni un poquito aquel cariño nacido entre mangos y barcos pirata.

Me gusta que funcione el truco de pensar en ti cuando voy a dormir y escuchar como empujas la puerta de mi noche para sentarnos a mirar la luna mientras conversamos. Trato de sonsacarte detalles de cómo es la vida que nos aguarda después de ésta y siempre cambias de tema como cuando hace años te preguntaba sobre las cosas que preferías callar, con bromas, cosquillas, cajitas con regalos y promesas imposibles.

Soñar así, contigo, me llena de alegría, de nostalgia, de amor, de ganas de hacer pan, de higos robados, de arrullo de olas, de aroma de vainilla y de canciones. Son buenas noches las que sueño contigo y me dejan siempre el sabor bonito de las buenas horas, que vivimos juntos.

Y como siempre, al despedirnos, tienes la frase exacta, la palabra perfecta para hacer que mis lágrimas no quemen tanto y el temblor de mis labios se transforme en sonrisa.

Esa sonrisa hermosa de los veinte años cuando ninguno de los dos guardaba, en secreto, informaciones confidenciales sobre el más allá.

Isabel Salas



martes, 30 de mayo de 2017

CÁNCER, VIOLENCIA Y GÉNERO


Cada vez encuentro más comentarios en las redes sociales reclamando del diferente trato que se le da a la violencia cuando es ejercida contra la mujer.

Algunos hombres, y muchas mujeres también, alzan su indignada voz, cuestionando la idoneidad o no de las definiciones que catalogan a la violencia tradicionalmente ejercida contra la mujer como "violencia de género", "violencia doméstica" o "violencia machista", entre otras posibilidades.

El argumento que más se repite contra estas nomenclaturas, es que la violencia en sí misma no tiene género y  tanto puede ser ejercida contra hombres o contra mujeres. Enseguida se esgrimen otras razones, aparentemente muy  científicas, que parecen especialmente diseñadas para ridiculizar el feminismo y a las feministas y otras, igualmente perversas, para utilizar las falsas denuncias que muchas mujeres emplean contra sus maridos, para demostrar el alto grado de violencia que esas calumnias suponen y como es enorme el número de hombres que sufren debido a ello.

Hablemos de esto entonces, empezando por el final y terminando con eso de que la violencia es ejercida igualmente contra mujeres y hombres.

Por un lado, la injuria o la falsa denuncia debería ser uno de los crímenes más castigados, lo cometa quién lo cometa, pues no sólo perjudica, como en este caso al hombre, víctima de una esposa sin escrúpulos, sino que perjudica a millones de mujeres maltratadas. Ellas, temiendo la opinión pública que pone en duda la veracidad de las alegaciones de tantas víctimas genuinas, por culpa de esas falsas denuncias, se callan y no se atreven a denunciar.

Es un tema muy grave, pero no debería traerse a colación cuando se habla específicamente de violencia ejercida contra la mujer, porque es un crimen diferente. Es como si ante la queja de un colectivo que reclama de la falta de recursos en el sistema público de salud para realizar tomografías, alguien trajese a colación el tema de que algunas personas abusan de los rayosX fingiendo lesiones o accidentes que no han acontecido para tener un comprobante que les permita faltar una tarde el trabajo. 

Son dos cosas diferentes y como tal deben ser tratadas. Sin quitarle importancia al fraude que los mentirosos o las calumniadoras provocan, tanto al ministerio de sanidad, como a los maridos injuriados, son crímenes diferentes a golpear o matar a una mujer.

En segundo lugar, el tema de atacar a las mujeres feministas, aprovechando que el asunto es violencia contra la mujer, tildándolas a todas de feminazis o asesinas de hombres es dañino y patético. Es cierto que hay colectivos extremistas dentro de cualquier grupo, y es verdad que algunas mujeres, dan tanto miedo como los machistas cuando se ponen a hablar de exterminar a los hombres o promover un mundo libre de machos donde las mujeres se reproduzcan usando técnicas de clonación. Aún así, querer minimizar una realidad tan triste como la violencia contra la mujer usando argumentos como esos, es como querer impedir que los musulmanes viajen a países de mayoría de cristiana porque posiblemente sean terroristas, absurdo e injusto.

Y para terminar volvemos casi al inicio: realmente la violencia no tiene género. En principio es la acción o el efecto de emplear la fuerza física o la intimidación moral contra otros, y esto realmente puede suceder en todos los ámbitos. 

Podemos encontrar violencia policial, violencia del estado contra sus ciudadanos, tortura en cárceles políticas, violencia social ejercida por los ricos y poderosos contra los pobres, violencia en las escuelas, entre alumnos o entre profesores y alumnos en ambos sentidos, violencia contra ancianos tanto en sus casas como en residencias, contra los emigrantes, contra los refugiados o contra los homosexuales. Puede ser una violencia racista o producto de la xenofobia, puede ser ejercida contra  los vagabundos, contra los indios, puede partir de ciertos grupos religiosos contra los ateos, o de los sádicos contra los animales por poner ejemplos variados.

Cada una de las personas que sufre o ha sufrido violencia en cualquiera de sus formas es una víctima con sus características especiales así como como cuando hablamos de cáncer, cada enfermo de cáncer tiene un tipo específico, y no es lo mismo ni se trata igual un cáncer de pulmón  que otro de corazón.

No es lo mismo si el paciente es anciano, es un niño, o una mujer embarazada, si  tiene dinero para tratarse en los mejores hospitales o carece de esos medios, y es completamente diferente si lo detecta avanzado o en sus inicios. Existen además casos como el cáncer de próstata o de mama, que me sirven de ejemplo para lo que quiero argumentar a continuación.

El cáncer de mama por lo que sé, y debido a que todos tenemos mamas, puede afectar del mismo modo a hombres y mujeres, aunque estas últimas lo sufran en mayor porcentaje. El de próstata, sin embargo, sólo afectaría a los hombres ya que nosotras no tenemos próstata y aunque he leído por ahí algo referente a una glandulita que algunos  médicos llaman de "próstata femenina" y que al existir también es susceptible de enfermar de cáncer en un momento determinado, en general se admite popularmente que el cáncer de próstata es algo eminentemente masculino y a ese punto es al que voy.

Por cuestiones médicas y culturales existen campañas dirigidas específicamente a hombres y mujeres cuando se habla de esos dos cánceres específicos en las diferentes campañas con que se abordan ambos casos.

Por una parte, cuando se dirigen a los hombres, al hablar de los exámenes de próstata se intenta quitarle importancia al examen de toque rectal  al que el paciente será sometido en el hospital, pues para muchos hombres ese acto médico es casi un acto homosexual que los avergüenza y al que se resisten debido al tabú que rodea la penetración anal y por otra, cuando se hacen campañas dirigidas a las mujeres para hablarles de una posible mastectomía se les intenta subir la autoestima y recordarles de muchas maneras que su condición femenina no debe verse afectada por esa amputación que para muchas es casi peor que la muerte cuando se enfrentan con la situación en una primera toma de contacto con la posibilidad de que esto suceda.

Por eso, a pesar de que el cáncer de mama y el de próstata (suponiendo que esa glándula femenina pueda ser considerada oficialmente como próstata femenina en un futuro) puedan afectar a hombres y a mujeres, entendemos y aceptamos que se realicen diferentes campañas que aborden el tema con sus implicaciones especiales y a nadie se le ocurre comentar debajo de un post que recomienda que los varones mayores de cincuenta acudan regularmente a examinar su próstata, alguna cosa diciendo, sí pero la oncología infantil también existe, o sí pero el cancer es de todos, dejemos de hablar de la postata, y hablemos del cáncer en general.

Sería una grosería, algo inapropiado, una impertinencia innecesaria y sin disculpa que perjudicaría el objetivo de la campaña y desviaría la atención de su objetivo. Sin embargo, es cada día más común encontrar entre los comentarios que piden atención a las señales de violencia contra la mujer, comentarios como los mencionados al inicio de este texto.

Me molesta mucho que eso suceda, y aunque sé que la violencia así como el cáncer, no tiene género, entiendo que tanto el cáncer de próstata o la violencia contra la mujer son temas concretos dentro de un asunto más amplio y que sean tratados por separado de los otros cánceres y violencias me parece necesario y eficaz.

Me molestaría igual si debajo de un post que alerta contra la violencia racista,  alguien desviase el asunto para hablar de la violencia contra los homosexuales, o bajo un texto que defiende el derecho de los animales a no ser usados en test de laboratorio para productos cosméticos, alguien hablase de las corridas de toros. Son temas diferentes dentro de un contexto mayor y todos igualmente importantes.

Realmente es verdad, ni las víctimas de violencia, ni las del cáncer, ni las crías de foca matadas a palos para convertirse en abrigos son escogidas por su género, pero cuando hablamos específicamente de violencia contra la mujer, o contra los niños o contra los ancianos es de eso que hablamos y tratar de contaminar el asunto hablando de falsas denuncias, accidentes de tráfico o cualquier otro tipo de asunto es una grandísima falta de respeto, que no suelo ver cuando se tocan esos temas.

Solamente cuando el tema es VIOLENCIA CONTRA LA MUJER, se llame así o se llame como se llamé, violencia doméstica, de género o machista, es que veo el gallinero alborotado mezclando canales con canelones y tratando de arrimar el ascua a las sardinas equivocadas.

Isabel Salas




lunes, 29 de mayo de 2017

TE CONOZCO


Conozco cada uno de tus gritos.
Contigo, uno a uno,
los grité.

Conozco sus olores,
y la sangre que mana
de sus colores.

Entiendo dónde nacen
y qué dicen, 
lo que te hacen
al brotar
y porqué lloran
cuando maldicen
al gritar.

Sé más que tú 
de ellos,
y de dónde vinieron.

Sé 
hacia dónde caminan
al deslizarse
por la pista de hielo
donde patinan,
y sé, 
porque los conozco,
que no tienen blancura.

Son la negrura,
de tu locura.


Isabel Salas




martes, 23 de mayo de 2017

LALO CURA


Laos curidad bienenten dida
em piezaysi guepor unomis mo,
hastaquenos sepul taenlane grura,
nosempu jasindo lor hastaela abismo
y allíporfin, alfin, 
nosma ta lalo cura.

Isabel Salas

martes, 2 de mayo de 2017

TÚ SUEÑA, YO COBRO


Los que siempre se forran, ya se han forrado vendiéndole a los gordos cosas para adelgazar o ropa para obesos, les da lo mismo, a los borrachos les venden bebidas o clínicas de desintoxicación, indistintamente, según se presenten las cosas, a los fumadores, tabaco, pipas, papel de liar o libros para dejar de fumar.

A los que se aman, les ofrecen vestidos de boda, viajes de miel y divorcios, abogados, terapias de pareja y todo lo que se te ocurra, a las putas, bolsitos dorados, cepillos de dientes y tinte para el pelo primero, después, dientes postizos, pelucas y batitas de guata.

Todos somos un negocio y siempre hay un cabrón vendiéndonos algo.

Y ahora, además, las hadas madrinas del siglo XXI abren agencias de viajes o editoras, y te ayudan a cumplir tus sueños, que para eso nacieron. Nunca el mundo conoció tantos empresarios solidarios. Me imagino a sus dueños en el cole hace veinticinco años cuando la maestra preguntaba que iban a ser de mayores y la cara de gilipollas que se le debía quedar a la pobre mujer cuando ellos contestaran: hada madrina, agente de viajes o editor.

En el caso de las editoras que nacen como setas cada semana y que son lo que más conozco, porque no tengo dinero para soñar con viajes, escogen un equipo de altruistas comerciales que trabajan siguiendo todos el mismo patrón, primero te localizan en los grupos donde los aspirantes a escritor publican sus creaciones y te dejan mareado llenándote de elogios, después te cobran un huevo por una maquetación mediocre y una tirada de pocos o muchos ejemplares según tengas de lana, más tarde le venden cuarenta libros a tus cuarenta parientes y se van a buscar otro soñador dispuesto a pagar por ver su libro editado.

Tú te quedas con los libros que sobraron, te compras un muñeco vudú de Paulo Coelho y haces un trato con el diablo para que te ponga en contacto con un buen vendedor. 

Un vendedor de libros, no uno de sueños.

No el que "mereces", sino el que necesitas.

Isabel Salas