domingo, 12 de octubre de 2014

PARÉNTESIS




Él estuvo todo el día dudando entre llamarla y no llamarla. Esa duda eterna del día después, de horas después, cuando hemos compartido la intimidad con alguien pero no sabemos si podemos invadir el resto de su vida con una llamada sin que eso se interprete mal.


Pensó mucho. No quería que ella creyese que habían comenzado un romance, ni una relación, ni nada. Las mujeres ya se sabe que si las llamas al día siguiente comienzan a pensar en boda. Pensó en ella durante el desayuno, mientras se bebía un café. En su piel, en su manera de acariciarle el rostro y como había sonreído cuando él le hizo una broma. Pensó en ella durante el almuerzo, en su olor, en su pelo. 


Su ternura.

Por la tarde se puso a leer y entre las letras se le aparecían sus ojos mirándolo, así que cerró el libro y decidió pasar el resto de la tarde del domingo entrenando un poco. En la calle poca gente y él corriendo. Dominando su cuerpo, pidiéndole ese esfuerzo extra al que tanto estaba acostumbrado para mantenerse en forma. Pasó por un escaparate donde de refilón vió unas ropas de mujer.

La blusa se parecía a la que ella llevaba.

Volvió a casa, cenó y durante la cena estuvo acariciando el teléfono una vez más. Tal vez decir buenas noches y preguntar como había pasado el domingo no fuese tan grave. Parecería una mera cortesía que no complicaría las cosas. Decidió que la llamaría después... en la cama, así podría hablar con ella antes de cerrar los ojos. Quien sabe soñar un poquito con ella.

Nada grave, sólo para apimentar esos sueños cada vez más sosos. recordar las jugadas más interesantes...comentar los orgasmos. Llamó. Colocó su voz maś sexy, esa que tanto les gusta a las mujeres y que los hombres saben cuando y como usar. Cuando ella contestó, de fondo se oían ruidos. Ruido de niños.

¿Ella tenía niños?

Era posible...

Las mujeres de los sábados por la noche algunas veces tienen niños los domingos por la mañana. Un mundo, una vida. Un pasado, un vacío. Un presente complicado.

Son las peores.
Las mejores.

Las que te miran a la hora de hacer el amor aunque tengan los ojos cerrados, las que te miran aunque ya no estén. Las que se entregan con más firmeza y se repliegan con más eficacia. Las que se van antes de amanecer y no llaman más. Las que cuando las llamas ni se acuerdan quien eres porque eres un paréntesis.

Así que cuando ella dijo hola. él no dijo nada.

Ella repitió varias veces el saludo mientras con un ojo miraba los niños, y con el otro el brazo que volvía la tortilla. En vista de que nadie contestaba apretó el botón rojo. ¿Quién podría ser? El número no le era familiar. Algún error seguramente. 

A ella nunca la llamaba nadie un domingo. Pensó que al terminar la cena y acostar a los niños tendría un ratito para ella. Planeaba dormirse pensando en la noche del sábado. Había conocido a un hombre, había aceptado su invitación y había dormido con él. Habían hecho el amor con muchas ganas los dos. Le había gustado mucho. 

Todo. Su pelo, su manera de agarrarla, sus ojos, sus bromas, su olor... sus manos calentitas. Su sonrisa cuando ella encontró gracioso algo que él dijo y se rió.

Cuando cerró los ojos se preguntó si él habría pensado en ella ni que fuese un minuto. Deseó que sí, que aunque fuese un momento durante el ajetreo de su domingo, él hubiese pensado en ella un segundo. Desde su corazón le deseó buenas noches y buena suerte. Imaginó por un instante como habría sido bueno que él la llamase aunque fuera sólo para decir hola. Le habría gustado mucho.

Apartó ese pensamiento triste de su cabeza. Los hombres de los sábados no llaman los domingos. Seguramente él ni se habría acordado de ella, ya habría olvidado su nombre y dentro de pocos días borraría su teléfono de la agenda. Ella ni había anotado el suyo. ¿Para qué?

Sabía muy bien que para él ella no era nada. Nada importante. Nada suyo.

Apenas un paréntesis.

Isabel  Salas

Del libro, EL CANARIO Y LA MÁQUINA DE COSER







10 comentarios:

  1. Realmente bueno Isabel.
    Me gusta esa capacidad que tienes para contar historias, esa forma de plasmar "en papel" pensamientos, ese saber decir las cosas con naturalidad y palabras sencillas.
    Gracias por compartir tus historias... ;)

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    1. Tu opinión me importa mucho. Me gusta que te guste y te agradezco tu cariño siempre.

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  2. Y la segunda parte? Lo prometiste

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  3. Nunca cierro mi ordenador sin antes haber disfrutado de tus bellos relatos, de tus historias y de tus poesías. A menudo siento reflejadas mis sentimientos, mis pensamientos y mis maravillosos amores vividos. En ese sentido he tenido mucha suerte en mi vida. Sin embargo, me siento mas feliz todavía, cuando tú, con ese don de expresión, consigues hacerme revivir lo bello vivido. Gracias Isabel.

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    1. Anita, que bien me han venido esas palabras tan cariñosas.Eran las que me hacían falta para seguir unos pasos más.Hoy era uno de esos días que me hubiera quedado sentada a esperar pasar.
      Un abrazo.

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  4. precioso, como todos. Yo tambien esperare sentada la segunda parte...

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    1. Muchas gracias, está claro que este final ha dejado inconformadas a muchas criaturas.
      Que daño ha hecho Disney

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  5. Tú sabes que me gustan hasta tus comas......y si por ventura un dia encuentro un punto que no me agrade...lo como.

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