jueves, 7 de julio de 2016

IMPERFECTA


Nada en mí es perfecto, nada. 


Nunca tendré esclavos a mis pies y nadie me jurará amor eterno. Sé conducir y masturbarme, así que puedo ir sola al mercado y no me faltarán jamás ni un orgasmito ni un kilo de patatas.

Mis imperfecciones rozan el virtuosismo, con gracia tal, que la desgracia suelta la carcajada.

Será, tal vez, gracias a ellas, que mi sonrisa cada día es más ancha y las camas sin hacer se parecen cada vez más a las canas sin pintar cuando mis ojos las miran o mis dedos las tocan.

Ser imperfecta y llena de defectos, me salvó de ser una princesa rodeada de nubes en un reino encantado lleno de falsos sapos. Aquí, en el mundo que habito, las calabazas  no tienen ruedas, el corazón es un músculo desprovisto de sueños y cuando lloro, que también lloro, ni las lágrimas brillan, ni los mocos tampoco.


Isabel Salas



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