lunes, 11 de febrero de 2019

DESEOS



Se llenó de pronto
 el saco azul de mis deseos 
como se llenan los estadios 
para una final, 
o los patios para los recreos. 

Un lleno muy lleno, 
completo y total.

Deseos 
de cosas que nunca he tenido, 
y otros más caseros. 

Deseos 
que tuve hace tiempo 
y que con el tiempo perdí.

Algunos 
sonaban igual que un latido 
que late en los ecos de un sueño 
que nunca dormí,
y otros eran cascabeles 
con ruido de plata 
que olían a fiesta, 
a luna, 
a prohibido,
al vino sagrado que un día bebí.

De nuevo, 
por fin, 
los deseos llenaban los huecos 
del saco vacío.

Lo adornaban de nuevo 
con flecos de ropa de baile,
perfumados con clavo, 
clavel y canela.

Y todo iba bien.
Todo.

Hasta que fui 
a enseñarte mi saco.

Feliz, 
impaciente te busqué 
y te vi.

Te encontré llorando en la playa, 
 anhelando el pasado.
Añorando
 el amor de tu álbum de fotos,
la mejor, la primera.

La que supo robar tu verano 
y te dejó
 para siempre 
anclado y dañado
en la primavera.

Isabel Salas








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