jueves, 11 de diciembre de 2014

SIEMPRE EL PRIMERO


Lola miró hacia la puerta con una cierta preocupación. Ya eran  casi las seis de la tarde y el viejo no había aparecido. Todos los viernes, desde que ella trabajaba en la cafetería ese hombre aparecía y se sentaba a tomarse un cola-cao cuando hacía frío y una horchata cuando hacía calor. Un viejo simpático, educado, que bebía despacio, intercambiaba un par de frases con ella o con el otro camarero y después decía buenas tardes y se iba. 

Así había sido desde hacía once años y hoy por primera vez estaba atrasado. Él no sabía que había sido su primer cliente cuando  aquel viernes se incorporó a su puesto de camarera sin haber sido nunca camarera. Tomás nunca supo la vergüenza con que ella le preguntó que deseaba tomar, sólo notó los temblores internos que a duras penas conseguía controlar mientras le servía el chocolate caliente. A Lola tan acostumbrada a servir a los hijos en casa, se le escapó un  "no quema" y al decirlo, una risa nerviosa que casi se le escapó, se terminó transformando en sonrisa de Monalisa.

Él no encontró nada raro en aquella sonrisa y también sonrió, pensando que la chica era un encanto, le dio las gracias y ella se sintió muy profesional a pesar del desliz maternal. Nunca comentaron como había sido un bálsamo para sus nervios de principiante aquel gracias y jamás, en todos los años que siguieron, hablaron de nada personal.

En esos once años muchas cosas habían cambiado. Ella misma era otra mujer. Once años sin palizas en casa, sin peleas. Sus hijos habían crecido y especialmente el menor parecía no tener muchos recuerdos de aquella fase de malos tratos y gritos. El mayor no, el mayor lo recordaba casi todo, pero haciendo un gran esfuerzo habían logrado convencerlo para que aceptase la ayuda de una psicóloga y por lo visto se había perdonado a sí mismo no haber sido tan buen chico  como para merecer que su padre tratase bien a su madre sólo por verlo feliz.

Felipe aprendió que la mente humana es un mundo lleno de miedos y culpas sin sentido y que para algunos hombres, herir a su mujer vale mucho más que no herir al hijo, independientemente de como sea el hijo, pues el problema no está en los niños y sí en esos cabrones llenos de odio que necesitan alguien a quien maltratar. Cuando lo asimiló dejó las drogas, buscó un trabajo y le dio a su madre la mayor alegría de su vida por verlo en el buen camino.

Todo lo que su hijo había aprendido en la terapia, ella lo aprendió en la barra del bar,  escuchando a los borrachos contar sus penas, a los novios pelearse o a las madres con las hijas comiendo churros como locas por las mañanas mientras elaboraban  planes de fuga. 

Lola había comprendido con tanto drama alrededor, que el suyo era uno más y poco a poco se fue curando lo mejor que pudo.

El viejo Tomás ni sospechaba que para ella durante mucho tiempo el desafío era contar semanas sin llorar ni derrumbarse,  semanas de conquistas personales  que empezaban cada viernes con su llegada al bar. Imposible que él imaginase que para Lola, él era la encarnación del principio de las mudanzas. El símbolo del tiempo transcurrido desde que comenzó su vida nueva. El primer gracias. La primera sonrisa.

El primer cola-cao, en muchos años, que ella no tendría que soplar ni cambiar de vaso repetidas veces para que no quemase. 

Él se admiraría si supiese como su demora en el médico podría angustiar a nadie. El pobre médico no sabía como explicarle que su estado de salud deplorable tenía ya muy poco arreglo y por no querer ser  insensible y contárselo a la bulla, lo había dejado para el final.

Un chico simpático, educado, el doctor Rafael, que con las palabras más profesionales lo había informado cuidadosamente del fatal resultado  que arrojaban sus últimos exámenes. Profesional y amable,  intentó ser correcto y al mismo tiempo humano, pero se le notaba tanto el mal rato que estaba pasando que al final fue Tomás quien tuvo que consolarlo a él.

El viejo sonreía por la calle recordando la cara del doctor. Por lo visto, él era el primer paciente que se le moría y los dos terminaron riéndose cuando Tomás le dijo que no se preocupase, que le había comunicado con mucha habilidad su simpática sentencia de muerte, que no era culpa suya y que todos teníamos hora marcada con la muerte.

En la hora precisamente iba pensando mientras se alejaba de la clínica. Se había hecho tarde pero no quería dejar de ir al bar donde siempre entraba a tomarse algo desde aquel viernes hacía once años, cuando al volver del cementerio de enterrar a su mujer, pensó que sería muy difícil pasar su primera noche solo en casa.

Él había tenido muchas novias antes de conocer a Mercedes,  pero para ella él fue el primer novio, el único. Se amaron como se aman las parejas que se aman y el día que la enterró estaba tan triste que pensó que tal vez nunca más sería capaz de volver a sonreír. Le fallaban las piernas al andar y por eso entró en aquel bar al que nunca había entrado.

La chica que lo atendió tenía la mirada triste y temblaba mientras le servía el pedido. Parecía preocupada y tenía ojos de haber llorado. Cuando ella le sonrió después de haberle soltado un inesperado "no quema",  le devolvió la sonrisa tan fácilmente que él mismo se sorprendió.

Mercedes y él no habían tenido hijos y la chica tenía edad de haber podido ser una de sus hijas si hubiesen sido padres. Tomás salió del bar con las piernas más firmes, mucho más gracias a la sonrisa que a la bebida caliente y desde aquel viernes todos los viernes acudió como una cita a ver a la camarera.

Con los años descubrió que se llamaba Lola, que tenía dos hijos y que descansaba los martes. Fue al bar algunos martes sólo para sacarle informaciones al otro camarero y así se enteró de lo del ex, que le pegaba, de lo del  hijo mayor tan complicado, de las dificultades y las conquistas de su querida Lola con quien nunca intercambió mas de ocho frases.

Acompañó año a año sus preocupaciones y aprendió a leer en su carita si las cosas estaban bien o más o menos, le vio las noches sin dormir cuando el hijo se metió con drogas y se las arregló para que el dueño del bar le hablase de una psicóloga estupenda que precisamente estaba especializada en temas de adolescentes con drogas y que no cobraría nada porque estaba haciendo un estudio para un libro que le habían encargado  de una universidad americana.

Lo de la universidad se lo inventó Tomás y Lola se lo creyó porque estaba cansada de leer siempre por aquí y por allí la cantidad de asuntos sobre los que se investiga en esas universidades. Una vez, en el dentista, había visto las fotos de unas mujeres oliendo axilas de hombres para que el estudio demostrase que a las mujeres les gusta como huelen los hombres, así que le pareció normal que otro estudio estuviese interesado en "adolescentes problemáticos de Soria", que fue el nombre improvisado con el que Tomás, que jamás le había puesto título a nada, bautizó al cable que le echó a Lola.

El chico mejoró para alegría de todos, especialmente del viejo, que pagaba el tratamiento discretamente sin que nadie lo sospechase, y él empeoró de todas sus enfermedades sin que nadie lo supiera mientras elaboraba otro plan rocambolesco al que había titulado "Cásate con Lola y déjaselo todo".

Él no tenía familia, pero tenía dos casas, la de Soria y la de la playa, un dinerito guardado y la paga que le quedaría a Lola si aceptaba casarse con él. Aunque el plan tenía cinco años, él había preferido esperar a  estar seguro de que se iba a morir pronto para no enredar a Lola en más problemas de los que ya había enfrentado. La conversación de hoy con el médico le había hecho ver la urgencia de acelerar la boda y quería dejarlo todo resuelto cuanto antes.

Cuando entró en el bar, cansado y con frío estaba un poco preocupado con la manera de abordar el asunto. Lola estaba en ese momento terminando de pasar un paño en una de las mesas del fondo, y cuando lo vio parado en el quicio de la puerta, dejó su frialdad profesional para salir apresurada a su encuentro, quería decirle que había estado preocupada, preguntarle porqué se había atrasado, incluso regañarle.

Cualquiera de esas frases era tan inapropiada que cuando llegó delante de él se le atascaron todas. Parados los dos frente a frente cada uno con tantas cosas que decir y sin saber como hacerlo fue ella la que lo arregló todo con un gesto mucho mas inadecuado que cualquier frase.

Se acercó a él y lo abrazó como se abrazan las personas que se quieren. Él aceptó su abrazo con  naturalidad, hacía años que no era abrazado así y los dos se fundieron uno en el otro con los ojos cerrados y el corazón abierto.
Ajenos a todo lo que no fuera ellos.
Los pocos clientes que  quedaban, el otro camarero y el dueño del bar miraban en silencio y todos escucharon cuando Tomás abrazado a Lola, dijo bajito:

- Cásate conmigo
Y ella respondió
- Nunca me he casado.

Él apretó el abrazo y con dulzura le pasó por primera vez la mano por el pelo mientras susurraba para que sólo ella lo escuchase:

- Déjame ser el primero.

Isabel Salas
 


RELATO DEL LIBRO @EL CANARIO Y LA MÁQUINA DE COSEREDITADO EN 2015

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INFO@ISABELSALASESCRITORA.COM






32 comentarios:

  1. Sabes perfectamente que es de sobresaliente, como cuando has hecho un examen y te dices a ti misma:
    Hoy lo he clavado!!
    Gran historia, muy bien relatada, me encanta.

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    1. Me ha gustado también, la verdad.
      Como hacer una tortilla de patatas , probarla y decir mmmmmm

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  2. Muy interesante tu cuento, deja buen sabor de boca y transmite calor. Inmaculada Nogueras Montiel.

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    1. Muchas gracias Inmaculada, me alegra que te haya gustado.
      Una historia amable con un final lo más parecido a feliz, dadas las circunstancias.
      Saludos

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  3. Cómo no va a gustarme, Isabel, lo leí cuando lo publicaste y sólo le di al G+ porque me dejó con ganas de volver a leerlo con más tranquilidad. "Se amaron como se aman las parejas que se aman". Sólo esa frase se merece una novela. El final es maravilloso con ese: Déjame ser el primero. Mi enhorabuena, niña. ¿¡Cómo puedes escribir tanto!? ¿¡Tienes algún pacto con las musas!? Ja ja ja. Un besote.

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    1. Estoy llena de cosas , debe ser eso... me siento a escribir y siempre sale algo.
      Hay tantos temas, tantas formas de contar lo que hemos visto.
      me alegra entonces que te gustara
      un abrazo

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  4. He visualizado todo el escenario sin dificultad , de tu mano los protagonistas han cobrado vidas paralelas que has unido de manera formidable.
    Me ha encantado la historia y deja un sabor tan agradable...

    Puede que seamos más importantes de lo que nos creemos en las vidas de otros, uno de los mensajes más rotundo que me llegó.

    Besos de agradecimiento por tan buen momento

    tRamos

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    1. A ti por venir a leerme. También me gusta esa historia.
      Muchísimas gracias

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  5. Excelente final.

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  6. Maravilloso relato!!! Para mi Lola es una princesa y Tomás su caballero andante!!!! Magnifico como escribes Isabel, yo tb te pongo sobresaliente!! Muackssss

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  7. Una historia cotidiana idónea para calentar el alma.

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  8. De andar por casa.
    Como tantas que pasan desapercibidas.
    Un beso Alex

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  9. Magnifico relato Isabel...felicidades.
    Gracias por tu aportación.
    Un beso

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    1. Muchísimas gracias Carmen, por leerlo y por dejar tu opinión.
      Saludos

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  10. Tremendo relato, Isabel. Emotivo y precioso. Personajes con los que te encariñas de lo bien descritos que están sus sentimientos, sus emociones, sus miedos, y una historia magnífica. Buenísmo. Saludos.

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    1. Muchas gracias Ricardo. muchas veces he escuchado comentarios muy crueles sobre la mujer joven que se casa con un señor mayor, como si todos los viejos fueran idiotas y todas las mujeres que se casan con ellos, putas sin escrúpulos. me indignan esos comentarios porque la gente habla muchas veces sin saber nada de lo que hay por detrás de lo ve, y sin preguntar simplemente saca conclusiones contaminadas por su propia indignidad.

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  11. Enhorabuena Isabel!, la emotividad que desprenden los personajes y también la historia llega a desbordar al lector, te lo aseguro. A pesar del dramatismo contenido de la historia, todo transcurre como un bálsamo reparador. Feliz fin de semana!

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    1. Pues muchas gracias. Encantada de que te haya gustado

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  12. Me ha encantado. Dos almas solitarias que se ayudan a sobrevivir. Un final muy emotivo.
    Un beso.

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    1. Se ayudan sin saberlo, eso es lo que he visto suceder alguna vez y fue la base de la historia. Gracias por tus palabras

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  13. Me ha encantado Isabel. Yo que soy aficionado a escribir relatos me doy cuenta de tu maestría y tu sensibilidad. Creo que puedo aprender muchísimo pero me acobardo ante algo escrito con tanto talento. Enhorabuena. Fernando.

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    1. Me encantan los relatos, muchos sólo me conocen por los poemas y ni saben que los hago, pero ya los hacía mucho antes de empezar con la poesía.
      Gracias por tus palabras

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  14. TODOS TUS LECTORES TE DICEN SOBRESALIENTE ;SABES QUE LO HICISTES BIEN ECT:estoy muy deacuerdo ,pero a mi me dejo un buen rato pensando ,que ideas preciosas salen de esa cabecita de fuego.Bueno sabes que me gusta todo lo que escribes , me lo robo y me lo llevo a mi muro y luego vuelbo y las leo nuevamente.Por eso esta ........chau gracias

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    1. Me alegra saberlo, es bonito saber que lo que escribo sale de aquí y llega a otras personas que lo aprecian y lo disfrutan, muchísimas gracias a ti.

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  15. Hola, me ha encantado, una historia llena de sentimientos. Me enamoré del personaje del Viejo.
    Gracias por compartir. Besos

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    1. Muchas gracias, de verdad fue un personaje muy "mimado" que me llevó tiempo pulir y dejarlo tan entrañable como tantos Viejos que hay por ahí generosos y amables luchando contra esa etiqueta fea de "viejo verde".

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