lunes, 20 de febrero de 2023

DIEGO



Diego lloraba detrás del muro que él mismo había levantado.

Sus lamentos rompían el corazón de los que desde fuera escuchaban aquellos gritos tan tristes. Sus sollozos exhalaban soledad y suplicaban por amor.

Una mujer, conmovida por su dolor y enamorada de su aparente sinceridad, le pidió un día que la dejase entrar. Él escuchó atento la propuesta y analizó detenidamente las consecuencias de dejarla entrar. Por una lado ella atendia

después levantó más alto el muro, mucho más alto, con mucho esfuerzo. Descansó unas horas y tras recuperarse recomenzó su rutina de gritos y lamentos.

El muro funcionó.

Nadie más volvió a interrumpir su agonía.

Isabel Salas